Los del lugar

Charlie

Un árbol estorba el camino y la municipalidad quiere cortarlo. Oiga señor Leñador la voz de su consciencia: quiere dejar a los niños sin la sombra y el fruto. Total mañana otras semillas retoñaran, ¡pobres!. Un chico se sube por última vez antes que a la madrugada el árbol desapareciera. Allá en lo alto los del lugar se pierden de la sombra de un árbol y el aire se torna más espeso, allá ya no tienen donde los amantes tallar sus nombres, allá en lo alto ya no hay un árbol, hay una raíz muerta sin la posibilidad de resurgir, sin la facultad de ser más.

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Un relato y un naufrago

César Vélez

Apelé a mi sentido de que aprender de todo no sirve tampoco para nada, a uno el gobierno no le deja ser artista porque al final termina uno falsificando billetes. Tampoco le deja el gobierno ser feliz porque con ello humilla al prójimo. De felicidad saben las mariposas, las pompas de jabón y los políticos que rasguñan el presupuesto. Uno viene siendo el amañado a su suerte, el que en silencio ve el caos y mientras se distrae viendo colas de señoritas perfumadas que al final se arrepientes de toda su vida de arrugas y cremas. Ya decía yo que es mejor naufragar en en río de su fracaso y de paso aspirar a que algo o alguien lo rescate o lo termine de ahogar de todas maneras.

Eruditos de la ignorancia

 

César Vélez

Una bala desdibuja el paisaje nocturno, la bala asciende dejando un rastro luminoso tratando de darle a algo en medio de la oscuridad, sea un inocente o un culpable. ¡Qué va! todos tenemos una responsabilidad aquí: la de no perpetuar este sufrimiento llamado vida. Por eso es que del otro lado miles de luces se desprenden con la insolencia de acaparar el cielo. Un muerto al otro día aparece como la huella ineludible de que la guerra ha comenzado y que es necesario tener un arma antes de la comida del día, porque la muerte es más inmediata que el hambre, sorbemos por lo pronto del grifo el agua que nos dará un plazo de una semana más sin sed.

Un día de furia 4

El Tapita

Todo final tiene un nuevo comienzo.

Una bandera yace quemada y pisoteada. César es un tipo recio que jamás acepta objeciones a su modo de pensar, pero actúa a la defensiva. Los ánimos se han calmado y la gente vuelve a su quehacer, es miserable esto de tener que ni saber si se gana o se pierde, si hay una mejor manera de hacer las cosas. De reservar tanto sentimiento y librarse del asedio de la vida huyendo a lo desconocido. Los que ganaron fueron los que reparan las llantas de los pinchazos con puntillas afiladas, los que pintan paredes y lavan fachadas, los que a ciencia cierta no estudiaron, porque nosotros los intelectuales servimos para juzgar y seguir pecando.

Un día de furia 3

El Tapita

El amor se ejerce en la misma proporción que la violencia.

A Charlie lo apresan intentando quitar las manchas de la pared de su casa heredada de la que no tiene escrituras ni nada. A César le sale un hongo en el pie que le deja cojo y a mí se me pierde mi libro favorito. Esto de la vida es de irresponsables que pretenden hacer el amor a toda hora y en todo lugar. Estos cañones escupen balas y las vaginas a los hijos que mañana recibirán esas balas. Emilio acude a las estaciones de detención para salvar a todos de ser violados con guantes de látex… Un día todo será silencio y descubriremos que el amor solo les sirvió a los que querían resucitar para comprobar que esto no tiene remedio.

Un día de furia 2

El Tapita

El polvorín se sigue con los estudiantes que o bien entendieron las clases de química o no se atienen a que la gasolina es inflamable. Las botellas llenas de combustible con una mecha de trapo vuelan. César sentado con las piernas al aire en un muro contempla al pueblo enfrentándose y a los del poder económico ser los espectadores. Charlie se ha conseguido un pito y legisla la justicia con la intención de que el empate es lo más meritorio. Un guijarro silva y derriba a uno de la autoridad, que puntería tienen los mocosos. Un disparo luego resuena y una silueta agónica se tambalea. Hay quienes dicen que el chiquillo estaba muerto antes de tocar el piso, así es la muerte de rápida. Se disuelve el tumulto llevándose al muerto prometiendo cobrar venganza. Los de las armas vienen a decirnos que lo mismo va para todos… Es cierto todos alguna vez tenemos que morirnos.

 

Un día de furia 1

El Tapita

Ustedes nunca sabrán la delicia de la libertad.

Charlie quiebra dos botellas de fino Whisky como si nada. César se siente apenado por comerse once huevos hervidos. Emilio llega a mostrarnos una granada de humo. Las sirenas de pronto van y vienen. Yo tengo un hueco en las medias que me tiene incómodo al andar. La Aleja viene también a mostrarnos que aprendió a tejer con agujeta. En la radio los poco profesionales periodistas dicen sus mentiras: “que estalló la guerra, que el presidente debe tomar cartas en el asunto” Alguno que escucho la radio se ofende y se larga a ver si se saca del cuerpo la violencia. La Aleja dice iniciando cualquier litigio lo injusto que es tener que soportar el sexo violento. Emilio va a guardarse su granada de humo cuando César se la arrebata la acciona y corre despavorido. Todos lo hacemos. Los periodistas dicen que una cortina de humo rojo sale de la comuna, quizá la hora se aproxima y Dios quiera sean menos los muertos.