Los viejos del mañana 1

El Tapita

“Un intelectual es una persona que ha encontrado algo que es más interesante que el sexo” Aldous Huxley

Don Primo no cree que lleguemos más allá de los cincuenta años, dice que la vida es inclemente y dura como pinga de negro… Así lo dice sin cuidarse si lo escuchan o no… De todas formas creo ese viejo mañoso adquirió un hábito muy perjudicial que es creer ser inmortal por la virtud de no tener una sola enfermedad… En su homenaje escribí la obra titulada “el abuelo supremo” de la que solo sé archivo en la galería de sus historias clínicas… Mientras hablamos de los dos de un taxi baja una chica despampanante que nos deja con la boca abierta y el deseo de algún piropo sino fuera porque detrás de ella se baja un niño y el marido de ella. Pero la chica por efecto de mirarse la cola en el reflejo de una ventana se le olvida que ya tiene un hijo y que lo mal educa y el niño corre a la calle con el riesgo de ser atropellado; don Primo reacciona presuroso a salvar al infante, ni yo en mis juveniles años puedo reaccionar tan rápido… Don Primo es un héroe que de paso es agradecido con una sonrisa de la chica que al parecer nunca deseo a ese hijo, ni casarse, ni nada, solo deseo verse bien en frente de un espejo… SIGUE

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Un lunático enamorado

César Vélez

Siempre sospeche que al que no desea nada se le da todo.

Asqueado de la intolerancia fui absorbido por el vicio de la deducción y la duda que a cada momento se preguntaba si hay razón para todo o nada más es intención de molestar, por ejemplo besaba a una mujer y luego me contaba los dientes. Fui terco, necio, y siempre me sentí esclavo al ir a donde los demás iban. Así que funde un descontrol, me armé, me hice visible para los rebeldes y fingí mil veces mi muerte para los enemigos. No escatimé en palabras y actos que hicieran creer que me adherí a la ambición de todos de tener y fingir ser. Yo desperté y ví un mundo distinto, los demás se quedaron atrás, pensando en reproducirse para no morirse total y definitivamente, yo hice que mi locura pareciera amor, pero no; no caí en la tentación de la manzana y me dispuse a derribar las doctrinas célibes y de farsa que planteaba la educación masiva y que tenían que ver con tonterías orquestadas por un sistema esclavista y subyugado.

El muerto al hoyo y el vivo al baile

César Vélez

Había una paz en sus ojos y una tormenta en su corazón.

Yo había visto una bala, pero no fui consciente de la proporción del daño que causaba hasta que al muerto le vi la herida por dentro allá en la morgue. Para Dios que uno es un animal con entrañas sucias y cosas pegajosas y de colores surtidos ¿dónde yace la vida? ni idea, uno es un extranjero invisible fundido en un cuerpo. De allí comencé a ver a la gente distinto, a la mujer bella maquillada solo un esqueleto con pintura, al gordo un lechón en proporción, a la chica desnuda que contrataba para el sexo no me excitaba nada, menos cuando su vagina estirada parecía que me iba a escupir un embrión… Uno en cadáver no es nada, solo comida de bacterias, polvo y agua nada de barro. me llama la Enfermera a reconocer al muerto y yo que blanqueo los ojos y me doy por muerto, me reaniman con alcohol de 90… Pero luego de saber en la vida que más miedosos son los vivos que planean su noches de fiestas comerse vivos y engendrar. Y con su astucia tirarse la vida del otro, extorsionar y cuando ya no puedan decir por qué lo hicieron dirán que de eso se trata el amor.

Invocando al altar

César Vélez

Yo fui monaguillo sin confesión ni comunión, estuve a las faldas de Dios y no fui violado.

No se entiende esta relatividad de la vida que unos por aguantar el celibato tengan que desahogar sus penas (y penes) traicionando su fe. Yo que estuve en las fauces de la iglesia donde todo era claro y con olor a incienso y a cloro, el agua bendita me la compraban a precio de huevo de dos yemas, y yo mentía porque era más bien agua pura sin bendición, y sin embargo milagrosa… Que vea que me curo del dolor, que vea se me curo la artritis, que puedo caminar… y yo incrédulo todavía. Desempolvando el altar y rezando más y comiendo menos, en los huesos ¡papito Dios!, y el Padre un viejo pelón con ínfulas de santo que pasando el dedo encontraba polvo por todo lado, y yo en cambio estaba flaco que ya volaba hacia el espíritu santo. El hambre también tortura y el sueldo en monedas de monaguillo no me daba para comer, fui reemplazado por una chica que decía cobraba en especie los favores santos menos esos días cuando por pecadora le sangraba el encanto escondido entre pierna y pierna. Yo mejor me marché porque le cogí temor a eso de ver vivos sangrar.

 

Un brinco para el precipicio

Charlie

Una gota comienza a hacer su periplo por el aire y se resigna a golpear el metal en una rutina que tortura cualquier paciencia.

César es un traidor porque duerme con algodones en las orejas y con una tranquilidad espeluznante. Una explosión aclara la noche tanto que parece de día, evalúo si es un sueño o es la realidad… nadie más advierte nada, así que sigo con mi sueño, creo que si algo debiera pasar no tendría la capacidad de reaccionar… la explosión vuelve a aclarar por la ventana y entiendo solo son juegos artificiales con ocasión de alguna fiesta, sin embargo por esas luces que se elevan puedo apreciar una silueta en el edificio vecino, es una mujer que esta lista para saltar… la ventana no abre, así que voy corriendo a la azotea… la mujer esta dispuesta a dar un paso al vacío, a mi grito ella se detiene, lanza una mirada y me dice adiós… César al día siguiente no me cree, dice que eso lo soñé, baja para constatar con los vecinos mi historia, nadie murió anoche… o mejor si… en otra ciudad y en otros hechos… Esa noche vuelven los mismos fuegos artificiales a sonar y vuelve la aparición a tomar su forma… me dice adiós y se va…  a la tercera noche la espero en la cornisa vecina para tratar de librarla de ese destino, cuando aparece me trata de arrastrar al fondo, pero entre el aire me deja un susurro: “no es tu hora”

 

Merodeando y huyendo

César Vélez

La religión tuvo la culpa de decirnos que había alguien más grande que nosotros y por eso sufrimos una carencia de estima que nos empuja a ser cada vez más miserables…

Charlie no tiene recato en decir lo que piensa, ¿qué culpa tiene una mujer de ser fea?… nos suscribimos a la plana de espías para aprender qué hacen ademas de vivir las personas, Alexis pregona su insatisfacción en la medida de que la gente o está comiendo o durmiendo, pero nada de nada más… el amor es un gran motivo, e incluso es el sexo el que liga y motiva a la gente a quedarse de este lado… Las gemelas del barrio se bañan en el patio de atrás y juegan casi desnudas, mientras nosotros por un agujero en la pared las miramos por turnos y celebramos cualquier visión afortunada, pero siempre habrá el enemigo de la felicidad que no tenga reparo en alertar a toda la comarca. La vida se empecina en ponérsela dura… Alexis juega en la piscina a aguantar debajo del agua, Charlie le sigue la corriente hasta que pasan cinco minutos y nuestro amigo parece pegado al fondo del agua, yo lo salgo a rescatar con el rostro morado y con signos de ahogamiento, a ver si alguna rescatista bella puede darle los primeros auxilios, pero no aparece ninguna belleza, por el contrario una gorda de bigote se ofrece y Alexis resucita de inmediato. Charlie se mata de la risa, cosa que se le pasa después cuando por espiar a las gemelas que se ponen su ropa de dormir, subidos en un árbol de aguacate, de repente la rama cede y nos vamos a pique dispuestos a morir con el último recuerdo e imagen entre oreja y oreja…

La voluntad de lo posible 4

El Tapita

Se hace sus progresos paso a paso hasta que quede cerca el suelo…

En la estratosfera de mi mente yo no existo, esta conjunción de cosas existen gracias a los sentidos…

Una ramita entre los dientes para verme más intelectual… Voy a cortar caña y me corto es un dedo… el azúcar remedia mi dolor… en mi espalda el sudor aparece como el rocío del amanecer… las nenas se afanan con el almuerzo… creo que mi vida pudiera tomar otro sentido si una de esas nenas me dijera que si… pero para morirse no hay que estar casado, eso es cuento de los Curas que no pueden estar ni en paz consigo mismos… Me duelen los dientes tanto masticar caña viche… mi ninfa me hace una agua de anís, nos vamos a la cama y hacemos dibujos, ella sonríe y dice que esa tarde la poseyó un macho joven con mucho semen en sus pelotas, que quizá ahora sí podrá tener el hijo que quiere… Yo escribo su historia e inclusive la comparo con la filosofía de Shopenhauer sobre la voluntad de poder… Es la vida, es la oportunidad para que ella se duerma cansada y yo mientras tanto robarme el botín que guarda bajo su colchón… pero a último momento algo me dice que no he sido educado para eso, me arrepiento y es más incluyó el resto de dinero que he ganado cortando caña y echando uno que otro cuento… me voy sin nada, y me despido de ella con un beso en la frente deseando lo que quiere se le realice.