Cero a la derecha

Emilio Suárez

Uno no puede con uno mismo.

El César acaba rodando por el suelo con un feo corte en la ceja, Charlie acude a su defensa pero el contrincante desdobla una navaja de carnicero, estoy a punto de sacar del cinto mi arma de calibre mayor cuando el César se incorpora y se muere de la risa. ¡Es un estúpido! o sabe lo que hace. El tipo apunta a todos lados su filo, los contrincantes bailan a un ritmo demencial, el Charlie se retira haciendo señas para que la multitud se haga atrás, el César no hallando más arma le arrebata un libro grueso a una chica espectadora y con el libro trata de apagar el filo de la navaja, tira un golpe bajo y falla, luego el filo le pasa cerca, del libro salen volando muchas hojas, a un mal paso el del puñal resbala con una hoja y el César arremete, el libro le sirve para dejar a su enemigo fuera de combate, César golpea su pecho como un gorila, devuelve el libro a la chica y le ayuda inclusive a recoger las hojas y se ofrece a cargar sus libros hasta su universidad, esa batalla el César la salió perdiendo.

La corbata alada

Emilio Suárez

El único jefe es Dios.

Uno a veces quiere encontrar a alguien que le diga que hace lo correcto. Se viste elegante, se toma una copa y allí está una dama que te pide fuego y tu le dices que es prohibido fumar. La desobediencia gusta mucho porque la dama pretende cambiar tal comportamiento, me toma por la corbata y me conduce a mostrarme su elemental filosofía del amor. El beso me sabe a menta y su cuello esta al paladar, es una lástima, la chica promete, pero después de la degustación quiere cobrar, y así no es el amor. Por lo menos el verdadero. Vuelvo a la barra a tomar licor, la dama acecha a otra víctima. Dejo una buena propina antes de abandonar el lugar, paso por entre las parejas que danzan despreocupadas, alguna nena ebria me toma de la corbata y me impulsa a seguir el paso, su novio esta allí celoso y se sale de la rutina rítmica y me quiere asestar un golpe, soy más rápido, el tipo da vueltas como un trompo y la gente piensa esta bailando otra música, luego se desploma y la gente piensa esta ebrio, la nena, me incita a no hacer caso, tiene unas caderas finas, y un perfume barato, tiene tatuajes y masca chicle, habla como una nena de clase y tiene el vicio de meter la “ese” en el final de cada frase “me gustasssss”. El baile me deja extasiado, voy por agua y la chica se me une, “¿cuánto?” le digo mirándole de arriba a abajo y ella me tira una cachetada, pero luego me toma por la corbata y me besa, su beso sabe a Channel No. 5. ¡Maldita corbata! en el reservado descubro en su cuerpo muchos más tatuajes, esta tan ebria que es fácil hacerle cualquier cosa ¡una ganga!. Su sexo esta húmedo y penetrable, lanza un berrido cuando siente que la voy poseyendo y suspira cuando la inyecto totalmente, hierve por dentro, lasciva ella comienza el movimiento, me humedece el sexo y a cada impulso siento burbujas por dentro, descubro sus pechos y son dos masas con unos infantiles pezones, me asusto por pensar es una menor de edad, quizá entre el cabello y el maquillaje disfrazan su apariencia, pero no era virgen, convulsiona ante mi arranque de furia, y cuando quiero cambiar de pose me atrapa, le gusta así, hace algo que me vuelve loco, saca su lengua salivando y se escupe ella misma su gruta y luego se somete a mi erección, trata de sacarle lo máximo posible y luego va hasta el fondo, así esta esto, antes de que sintiera que es imposible resistir más, ella creo pierde el conocimiento y yo saco mi arma erecta vencida, diluida, exenta de su carga. Me visto y solo le dejo de recuerdo la corbata, quizá sea la hora en que andará buscando a su príncipe: aquel tipo al que le quede la corbata. Uno ha disparado tantas balas y no sabe cuántos muertos es que lleva encima, igual cuántos vivos lleva por disparar de otra manera.

 

La perfección es de Dios

Charlie

Para colmo olvido la llave dentro del auto, quiero coger a golpes la ventana, hasta cuando compruebo que la puerta del auto está abierta y de adentro alguien ha sustraído el pasacintas y mi maletín, las llaves están allí, de seguro el ladrón no sabía conducir o advirtió que el auto era una reliquia que no valía gran cosa.

La corbata se me hace un nudo en el cuello, y el sudor se me va a la punta de la nariz, la reunión con los padres de familia comienza tarde, tomo un acento grave destacando los dilemas de educar a unos muchachos que se dejan llevar por los vídeo juegos y la televisión, entrego los boletines de calificaciones y algunos padres de familia alzan la voz al mismo tiempo, me atrinchero en el escritorio para recibir reclamos de todo tipo, hay una madre muy joven que se queja porque ya no sabe qué hacer para que su hijo sea más dedicado. A tiempo aparece la Coordinadora para rescatarme de los inconformistas, supongo no soy el mejor Profesor del Plantel y ellos no son los mejores padres. Terminada la sesión dispuesto a marcharme un padre de familia me alcanza en el parqueadero y me solicita corregir el boletín a juicio de su parte “porque su hijo se traumaría al ver esas calificaciones”, se me ocurre una frase que decía mi mamá cuando las cosas no resultaban como las había dispuesto “la perfección es de Dios” con eso me despido, y aceleró mi auto que en concordancia con lo que he dicho se vara a las dos cuadras y me deja a merced de la burla de los padres de familia que pasan raudos hacia sus casas a seguir teniendo hijos que no podrán educar.

A qué horas sucede la nada

Charlie

– A veces se estar perdido en mis pensamientos, aburrido, lejos de mí, y entonces recuerdo tu sonrisa, y lo linda que eres y todo en tí…

– ¿Y se te pasa?

– Vieras que no me deprimo más y entonces pienso en la nada y se me pasa…

– Tonto!

En mi oficio de Profesor por años cargué un maletín para aparentar que preparaba mis guías y clases, pero la realidad era que no seguía los parámetros de la educación que decían eran ordenados desde la Capital. Solo dicté la cátedra normal cuando la señora Coordinadora se sentó hasta atrás y entonces mi clase inicio con la oración al Todopoderoso y siguió con la retahíla de signos y equis. En efecto semanas después llegaba una carta en que cuestionaban íntegramente mis métodos de aprendizaje y me “invitaban” a corregir mi cátedra de acuerdo a los lineamientos institucionales. Redacté una carta de renuncia formal y partí con un esa carta bajo la manga si las circunstancias ya no se podían contener. Cuando al siguiente mes ya no figuré en la nómina no me sorprendí, estreche las manos de mis colegas y en una caja de cartón recogí mis cosas. alguien me advirtió que olvidaba mi maletín, lo examiné y sin revisarlo se lo obsequié. Partí en medio de una calle de honor que realizaban mis alumnos. Y solo cuando tuve que darle la noticia a mi esposa sentí sobre mis hombros el peso de lo que acababa de vivir. “¿Y tu maletín?” pregunta una de mis hijas, y evito explicarle que me he quedado sin trabajo, le digo simplemente que lo dejé en el colegio. “Es que allí te puse algo para qué te protegiera” dice la niña. El lunes recibo una carta en donde se me explica que puedo reintegrarme a mis labores normales y hasta me ofrecen “mil disculpas”. Más extrañado asisto a mi trabajo con el miedo de que todo eso sea falso y me hayan jugado una broma, cuando la misma señora Coordinadora me ofrece el marcador y me hace la venía y el aplauso de mis estudiantes no se hace esperar, la ovación es única, hay gente de pie. Luego llego a mi puesto de trabajo y hallo mi maletín intacto, lo reviso recordando el comentario de mi hija sobre que había colocado algo que me protegiera, y descubro con asombro una Biblia. En el recreo los demás Profesores dicen que lo de mi despido fue que hubo el rumor de que yo era ateo, pero el hallazgo en mi maletín decía todo lo contrario.

 

1 + 1 = fatalidad

Charlie

Mis ojos dicen mucho de mí, pero uso lentes.

Por el deseo inmenso de no morirme de hambre y para pasar inadvertido ante la sociedad tuve que trabajar, el primer empleo lo obtuve en una recepción de hotel en donde me tocaba pasar en blanco la noche, siguiendo el ejemplo de mi amigo César que había también aceptado el puesto de Vigilante nocturno y no tanto porque necesitara el dinero sino con la excusa de que una bruja le había dicho que si se dormía lo mataban, acepto la tortura de mantenerse despierto lo máximo posible. Yo por mi parte era un soñador nato y tampoco pude mantenerme despierto, así que en el frío de las madrugadas se quedaban con hambre las parejas que querían tener sexo, y mientras el timbre sonaba yo me soñaba en un barco recorriendo el océano sin un rumbo fijo. Luego de ver lo mal pagado que es el empleado puse una oficina con el eslogan “le soluciono todos sus problemas” título que me catapulto a entrenar mi don teatral y entonces con un portafolios iba por allí negociando el pago de deudas, venganza de infidelidades, y hasta llegue a curar enfermedades venéreas, no falta decir que la oficina cerro por exceso de enemigos que gané al no poder con todos los problemas ajenos. Pasé a ser empleado de nuevo como mesero de un restaurante de clase, y entre propina y propina y las sobras de mujeres exuberantes tome barriga y proporción de dueño del lugar y por eso me lanzaron antes que el entablado no soportara mi peso. Luego fui Cobrador, Almacenista, Conductor, Boticario, Administrador, Sacristán, Mensajero y Amante Bandido. Y cuando ya me vi con familia y deseando estabilidad me metí de Profesor de matemáticas sin saber de corrido ni las tablas de multiplicar, ni el teorema de Pitágoras. Ahora la gente no quiere aprender, los niños quieren saber a cuánto se puede acelerar un auto y las niñas a qué edad pueden tener sexo sin embarazarse. A veces alguien me pregunta sobre a qué me dedico y con soberbia tengo que decirle que soy Escritor y cuando me pregunta qué he escrito tengo que decirle que hasta ahora unos graffitis.

Mi noche desnuda volumen III

César Vélez

Después, ni oigo ni veo… Incendiado en sí mismo,

mi ser es una estrella mecida por la mano

de Dios, sobre la sima profunda del abismo… La escala de Jacob

 

Uno es el conformista, el que se postula a la mediocridad, a mirar la lluvia y no entender la vida, ¿Qué clase de decente ser se detiene a contemplar su fin?, bastaría un cigarrillo con su marihuana marchita, un licor con su veneno reposado en el fondo, o una mujer mal vivida con el filo en su seno dispuesta a pegar la estocada.

El sexo, mi sexo yace acobardado, es horrible no poder corresponderle a la dama en seguida, inundar ese criminal trasero, lustrarle su divina gruta para que burbujeé y luego quede un escenario triste: un cañón sin munición y una trinchera vacía. Sexo tramposo, venturoso confín de entrar y salir y volver a entrar. ¿Es acaso la naturaleza la pionera en ese ardid? reproducir todo lo herido, lo más dañado, lo rendido, lo fracasado. Y luego sobrevivir para nada, para completar el cuadro, vivir para ver morir, es una erección momentánea, y luego de cumplida la tarea para abajo ¡cuesta abajo!. A uno se le debería prohibir eso de utilizar así el amor para confundir e irse a acostar y reproducir la angustia.

 

Mi noche desnuda volumen II

César Vélez

Una palabra dicha no tiene retorno, es como escupir al espejo y arrepentirse de dañar la imagen, tu propio reflejo difuso.

– ¿Por qué no lo dijiste a tiempo? – dice ella a son de reclamo

– Yo no estaba seguro, pensaba lo podría superar – digo bajando la mirada

– Ahora tengo dos hijos y un esposo bueno – dice ella a modo de justificación

– Lo sé, yo solo quería saber si eras feliz – vuelvo a bajar la mirada.

– Lo soy – dice mientras cierra la puerta.

Para quitarme la culpa escojo entre el ramillete de mujeres a una parecida a ella, la beso y le digo que la amo y que quisiera se fugara conmigo para tener una casa y un hogar, la chica me mira indiferente y ríe, a de creer que estoy ebrio o loco. nos desnudamos y el amor así sabe a pecado. Me veo en un espejo desnudo y triste y extraigo la pistola de debajo de la almohada, apunto al espejo y lo traspaso de un certero disparo que causa el espanto en todos, más la bala no solo rompe el espejo sino que deja su huella por las paredes de tabla hasta irse a clavar en un poste de concreto. No he matado a nadie. Ha muerto es mi reflejo. La chica con la que estoy o es sorda o está loca, medio se despierta para verme desnudo frente al espejo roto aún con la pistola humeante y para decirme que son siete años de mala suerte por romper un espejo ¡Pardiez!.