Lo más conveniente

Betyna

– Ay! chiquillita no sé qué va a hacer de ti! – grita desde la mañanita.

– Yo salí a la abuelita ¿cierto? – Y no me contesta. Pero lo sé.

Soy rebelde, no un poco, mucho, no me pinto las uñas de los pies, tampoco me gusta usar el sostén… menos obedecer ordenes directas…

– Oye… ¿qué piensas hacer en la vida? – pregunta luego

– No lo sé, yo no tenía presupuestado nacer en esta época, además queda muy poco para ser… hay de todo para todos… ¿qué hará falta? …

– ¿Por qué no estudias para cuidar viejitos? – propone.

– Si quizá, hay muchos viejos inconformes con sus hijos que les van a tirar a un asilo… e hijas que ni siquiera les pueden preparar un caldo de pollo porque no saben cómo…

– Hija, pero necesitamos saber rápido qué quieres para tomar decisiones – dice con afán…

– No tengo prisa… los viejos deberán esperar…

Papá es más condescendiente, desde la sala me pregunta:

– Princesa ¿Qué vas a hacer?… – y yo:

– Nada Pá, lo que todos enfermar y morir –

Y hasta allí.

 

 

 

Tan vulgar

Betyna

– Sabes que le pasé un rollo de papel y se lo acabó

– Ni que se hubiera quitado todo el maquillaje

– Yo creo que no hay ser que contamine tanto como la mujer

– Ayyy! no es para tanto…

– La mujer es la que contamina al mundo con nuevas existencias

– Ah! si lo tomas de ese modo quizá, pero yo digo que el pecado de una mujer es esperanzarse mucho a sus hijos y siempre  salir defraudada…

Un poco loca

Betyna

Mamá dice que una mujer debe saber barrer, tender una cama y algo muy importante ser toda una dama. Marú es una pretenciosa, dice que en su caso tendrá una servidumbre que le haga las tareas de la casa… Papá quiere llevarme a hacer las compras y en el camino me va aconsejando sobre pedir rebaja y pedir más cantidad… Quizá están educando a la ama de casa del mañana.

Ni mamá ni papá coinciden en que eligieron bien en sus vidas. Mamá es muy de la casa, aunque su trabajo le implique tener poco tiempo para las tareas de casa, papá es más confiado, solo le afana el timbre de su celular.

Marú odia los mercados populares, ella va a los mercados de grandes superficies en donde todo es el doble de costoso, te dan bolsas de papel y te ayudan con los paquetes hasta subirlos al baúl del coche.

Toda mujer es un poco loca a veces cuando trata de gobernar y gobernarse, cuando antepone a su felicidad, la felicidad de otros.

La reina de la cuadra

Betyna

Carolín es alta, tiene los parpados caídos y un semblante de agripada que le hace hermosa. Cabello ondulado, y piel de porcelana, ha aprendido con sus tías como contonear sus caderas mientras camina, todo lo tiene medido: un paso, un pestañeo, una palabra… Yo me alisto para ser su contrincante en el reinado de la cuadra, no sé manejar los tacones, me cuesta mantener la espalda derecha y siempre que camino miro al piso. No sé usar maquillaje y menos combinar los colores.

– ¿Sabes que Carolín tiene un punto débil? – me dice Omar para alentarme

– Cuál? – le digo algo entusiasmada

– Pues ni más ni menos que huele a plátano viche – dice sonriendo.

Eso ya lo sabe todo el mundo, y es porque Carolín es alérgica a los perfumes, tiene una exagerada rinitis apenas huele algo más fuerte que el alcohol.

Omar haría lo que sea por mi, incluso se ofrece a sabotear a Carolín, como la tarima es de madera Omar se arma de un galón de ACPM y la curte con el combustible, el olor es insoportable.

Carolín cae redonda, con dificultad respira y contesta a las preguntas, se ahoga.

Al otro día le enseño el cetro y la corona a Omar y le doy parte de crédito en ese triunfo, él esta algo serio, le consulto el por qué de eso y me contesta:

– Yo creo Carolín se llevó el premio de todas maneras, apenas se desvaneció todos los chicos quisieron darle respiración boca a boca –

La disco

Betyna

La Ojona se besa con un chico antes de unirse al grupo.

– Quéeeeee! – dice ante las miradas inquisidoras.

– Eres una indecente – le dice Marú…

– Un beso no es nada – dice en  su defensa…

Yo me muero de envidia, el primer beso que dí fue accidental, el chico pretendía alcanzar mi mejilla y sin querer giré… quién me manda a ser tan flaca y tener la cara chupada… en cambio la Ojona tiene los cachetes colorados y los labios emergen de su rostro. Marú en cambio dice que los besos le dan cierto asco y dice que los hombres son bestias que siempre quieren morder algo…

Tres vasos de leche nos pintan bigotes, ¿cómo es posible que en una discoteca sirvan aún leche?… un chico le manda un beso volado a Marú, ella se seca la boca mirándole seria… la Ojona espía a su chico que baila con una chiquilla que apenas le sigue el paso, así que ella va al rescate de su galán, pero no le fue tan bien el baile acaba y las parejas hacen la montonera, la Ojona pierde una zapatilla entre el tumulto, vuelve cojeando a la barra, toma otro trago y dice:

– Qué les parece chicas, he recibido un beso de un chico y otro chico me ha pisado…

– Pues nada, para la próxima diles que no eres una gallina – dice a carcajadas Marú

 

 

Peripecias

Betyna

Es la primera vez que uso minifalda y botas.

Me siento desnuda.

Me siento observada.

Me hace frío y cuando me encuentro con Beto me molesta cuando me ve las piernas. No subiré escaleras, tampoco me sentaré, menos me subiré en una moto.

– … Y entonces ¿Qué quieres? dice él ya molesto…

– Nada, quedarme parada, con la vergüenza en la cara…

Luego llega Lucía también con una falda corta, a ella le luce todo, además tiene unas bonitas piernas, está bronceada, tiene un tatuaje en el talón y los zapatos son geniales… y no como yo con esas piernas blancas, resecas, con lunares y venas… Lucía le sonríe a Beto, y parece no molestarse con que él le vea las piernas.

No estoy conforme, al llegar a casa pienso quemar la minifalda y regalar las botas, frente al espejo me pregunto ¿habrá alguien más fea que yo?

 

En líos

Betyna

Magdalena cumple quince años, y en secreto me llama a un lado:

– ¿Me acompañas al baño?

– Claro – le digo.

Lo que no sé es a qué o mejor por qué con tanto secreto guardado, como si no fuera costumbre de mujeres ir acompañadas al baño.

Magdalena me tiene un sorpresa superior a cualquier regalo de cumpleaños.

– Y esa vaina ¿para qué? – le digo mientras me indica una prueba de embarazo.

– ¿Sos tonta o qué? dice mientras se encierra y desde adentro comienza a hablar:

– Es que se me ocurrió que el mejor regalo que una mujer puede tener es un bebé, y eso le pedí a mi novio…

Estos tiempos modernos no dejan nada al azar, Magdalena sale saltando de alegría luego de comprobar la cruz en el dispositivo, el regalo esta en camino, me mira algo disgustada y me acribilla con un regaño…

– ¿ y…?

– Yo creía que eras virgen… – y ella…

– Ja,ja, ja, ja, ja….