XervanteX in the house V2

El Tapita

Se lamenta el pasado y se anhela un prospero futuro, pero en las condiciones de uno se tiene un panorama insólito, en donde todo el mundo hace lo que todo el mundo y nadie es original. El amor se hace en forma clandestina igual que se ejerce la violencia. Las mujeres se prestan para sucias doctrinas del porno en que dice que lo estrecho es sabroso, y todo es porque forzaron mucho su entrada natural, y las damas correctas se esmeran en cubrir sus desnudos cuerpos porque es vulgar. Yo digo es vulgar eso de que a la mujer nada le llene ni complazca. Por eso el mundo se lleno de mujeres que mandan mal y coligen y esclavizan con su sexo, y sus hormonas y sus tormentas, y por eso hay gente naciendo ebria y adicta y odiosa y luego los pensadores como yo exigiendo un mundo más justo y en paz.

Anuncios

XervanteX in the house V1

El Tapita

“Esta tierra que hoy te alimenta, mañana te matará”

“El Tapita dio a la insurrección una hálito celestial, era como si un perfume matizara por un momento lo putrefacto”

“No se confíen, ni lo menosprecien, él sabe lo que hace y lo hace mal”

Yo no sé para qué nací, si para escribir o para cometer una injusticia más grave. Estoy a punto de cumplir los cuarenta, edad en la prometimos pegar el salto porque en definitiva la vida nos agotaba y ya era suficiente aire consumido. La esperanza la tengo en esta literatura que es poca cosa. Eso de recordar es enfermizo. No es todo bueno ni malo, no hay lugar en que el pensamiento no escarbe, pero luego se tiene la certeza de que el conocimiento ojalá no se pudra con uno.

Sigue…

 

Una moneda para el vicio

Charlie

Como nadie se muere la víspera, hacemos una parada en un velorio. César le dice a Alexis que la viuda promete más sufrimiento para futuros amantes por lo joven y bella que está. Tampoco la hija del difunto se queda atrás. Un café calma un ardor en mi estómago y para celebrar el acontecimiento con todas las de la Ley el Alexis vierte una botella de aguardiente en el tinto. Quizá entre la multitud esté la amante del difunto, pero nadie lo sabrá. El César en un arranque de sinceridad le dice a la viuda algo sobre la herencia y ella parte rauda a traerle un cuadernillo y hace cuentas y hablan y hasta parece que entraran en desacuerdo por algo, César es un embaucador de primera. Alexis tira su café so pretexto de pedir permiso para ir al baño y de largo le echa una mirada prometedora a la huérfana de padre que se le pega y ya no quiere saber más de cosas de muerte. Para el colmo una señora que tomo mucho café sale descubriendo un romance clandestino con el difunto y el conflicto se enciende, el César me arrastra afuera y a un grito llama a Alexis que sale raudo. Al último el inventario resalta que César ha logrado una moneda de oro, Alexis ha conseguido un beso y yo una botella de aguardiente.

No le puedo solucionar la vida a mamá

Charlie

Alexis pestañeo lento como si preservara cada instante de su vida, al final se aventuró a decidir lo que más le convenía, era esa lógica que dice uno debe seguir su instinto y por lo tanto su camino, nadie le puede organizar la vida a nadie. Todos vamos a morir solos.

Esa noche me dijo que huía sin rumbo fijo, que se sentía un criminal por haber embarazado a una de sus novias y ella optar por abortar considerando que Alexis era un mal prospecto de padre.

Lo que si Alexis se expuso a esa naturaleza de confusión y conformismo de tal forma que luego de su acción de redención y muerte, no llego a saber que esa novia nunca abortó y que en secreto había considerado la posibilidad de ser una madre soltera.

Yo digo a veces un hijo si soluciona la vida, pero otras veces (en mayoría) lo que hace es que enreda la vida y mientras pasa el tiempo y se acaba todo.

Las alas de la amistad

Alexis Mendoza

Me ahogo y una mano me saca, debo aprender a nadar o a volar pero no las dos. Quiero tener la posibilidad de ensayar ir al cielo.

A César le va mal en el amor, será por esa manía de ser sincero con sus novias y decirles al oído que las quiere para meterles la tripa.

César se toma todo con la seriedad del Pastor que invoca sus Santos.

Yo ya no aguanto el incienso, soy como un espanto atormentado y eso atrae mucho a las chicas, porque piensan que me pueden manipular a su antojo, yo les acompaño a medirse las medias veladas y de paso a comer helado con coco.

Pero yo no cambio el amor por la amistad. Ni loco. Si el César me necesita para alguna movida allí estoy así la novia me prometa cien besos.

El amor se puede acabar en medio de una discusión por nada, en cambio la amistad está allí intacta, es más fiel y más entregada.

Yo quiero tener la valentía para decirle a una nena linda que prefiero su amistad antes que su amor, porque en el amor uno se debilita y después de todo se pierde el respeto.

Hay que morirse a veces

Alexis Mendoza

Yo no soy nadie superior a nada, yo soy la osadía del universo que dio forma a una bola de pelos y mocos.

En la obra de teatro yo soy Peter Pan el niño que se niega a crecer, Campanita es la chica más linda, y en un parlamento le tengo que hacer un guiño y amagar un beso, cosa que no es que cause conmoción porque todo es simulado. Faltando una semana para estrenar la obra el César que me ayuda a sostener la cuerda para que yo pueda volar de a mentiras y la soga se vence y yo caigo de bruces sobre el tablado. El César se muere de la risa y yo del golpe me retuerzo en un dolor intenso. Mi cuento con Campanita va más allá, ya me besa en serio y de una ensayamos para la obra, es una nena tan tierna que ya la siento metida en el personaje. Hasta que el César y yo de tanto vagar comenzamos a legar tarde a los ensayos y la Tutora me halla reemplazo. Peter Pan no va, y otro besara a Campanita, a parte le indico a la Tutora las cicatrices por andar intentando volar como Peter Pan, no le conmueven y tampoco la honda herida en mi corazón porque estoy enamorado de Campanita. No se lo toma en serio y en cambio me acusa de llevar la actuación a otra escala de la perversión. El día anterior a estrenarse la obra el César y yo armados cada uno con un galón de gasolina desatamos el fuego quemando el escenario y echando por tierra todo arte teatral. Allí viendo el humo desde lejos entendí que los sueños mueren primero y que a veces es importante comenzar de nuevo.

La última ronda

Charlie

El César levanta la copa y bebe su contenido, hace cara de no gustarle el sabor, adivino no es licor sino agua, la astucia nuestra versa en eso, embriagar a las damas para que hagan el espectáculo. Pero esta vez las damas se desgajan en la trivial disputa feminista sobre el poder que les toca ejercer para no desnudarse y tirarse voraces a nuestros lechos. Nuestra culpa yace en la elemental guerra de pareceres, de amores furtivos y la ruleta de amarguras, las chicas nos inducen con sus pareceres, con sus cremas de pata de ganso, con sus esencias y colonias llenas de feromonas y especias hipnóticas. Y luego ellas no quieren que terminemos en un orgasmo feliz entre sus piernas que tienen la fuerza de un cascanueces. Si hemos disparado en medio de la confusión y el miedo, si aún no sabemos si hemos asesinado con frialdad a alguien menos sabemos si por la magia hemos ocasionado que un óvulo y un espermatozoide se encuentren en los 2/3 del conducto del útero, la desdicha es tampoco saber será nuestra suerte pagar por los muertos y los vivos, y si lograremos asistir a esa última ronda, en donde nos veremos sin balas y sin esperanzas, y no podremos suicidarnos ni pensar en otro destino, tendremos solo que llenarnos de paciencia a esperar el juicio final y luego irnos como si todo fuese una jugarreta de las cosas que pasan porque si.