Mes: diciembre 2015

Pirotecnia y azares

El Persa

El César se va con su antorcha a encender los voladores, uno de ellos sale con dirección a nosotros a tiempo le atrapo en la chaqueta pero la tela no ha soportado el calor y tengo que tirarla para apagar el fuego y pisarla, ha quedado quemada y además rota, no es mi chaqueta es la de Aleja y ahora que vuelva tendremos problemas, le reclamo al César lo cerca que está poniendo la pólvora… pero el se excusa que eso de la pirotecnia es como el amor que pocas veces nos toca… eso sí es cierto… viene la Aleja y le indico su chaqueta pero ella ni se atiene a lo que intento decirle y se la pone así, rota y quemada mientras el César a nuestras espaldas hace Shhhhhh!

 

Anuncios

La esposa del otro

El Persa

Nadie esta contento con lo que tiene pues quiere más.

La Nita vino a mi puerta con el labio partido y una cara de estar indispuesta que ni el putas!, el marido le volvió a pegar y yo que tengo fama de gay me la gané de clienta para la curaciones, como puedo le pego el esparadrapo, le aplico hielo y le lanzo el yodo. La fémina es una fiera pero con los otros hombres, no ha podido con el marido porque le salió más fregado. Pero esta vez me pide permiso para ducharse y arreglarse dispuesta a no dejar las cosas así dice que engañará a su marido con otro y como yo no soy tonto le confieso al oído que eso de que hablan de que soy gay no es cierto y en seguida la tengo encima como  una lasciva perra queriéndome embadurnar su sexo en la cara, sin la posibilidad de ir por un condón la estrecho a mi sexo y la hago gemir y da gritos que enseguida llegan a los oídos de su marido, alguien llama con decencia a la puerta y la mujer más grita y cuando ya el éxtasis sindica su llegada la mujer brinca y se va a la puerta medio desnuda y se encuentra con su esposo y no le deja más palabra le besa y se va con él a terminar la faena a su cama… me pregunto de quedar preñada el hijo de quién será?

El coleccionista

El Persa

Mambrú se fue a la guerra hay que dolor que pena…

El Lázaro fue embrujado por esa enfermedad que les da a los que nada tienen que hacer en esta vida ni en la otra de coleccionar, pero el idiota fue a coleccionar encendedores de colores y él ni fumaba, solo que tanto arrumar los gaseosos elementos fue a un escape y una chispa a dar buena cuenta del resto de sus cosas: la ropa, la cama, el baño, la casa… Yo mejor le dije que coleccionara novias o hijos, duran más!

Son tan ricos que solo tienen plata

El Persa

Con la plata puedes comprar un yate o una mujer, aunque el yate se te pueda hundir y la mujer también.

El viejo prefirió quemar el dinero en el patio a donarlo a la caridad, la guardia dijo que no pudo detener el fuego y se quemó también la casa. Creyó el viejo que eso se lo llevaría para el cielo o mejor el infierno donde seguro fue a parar por avaro. Luego bien luego apareció la viuda que le traiciono con otro señor a reclamar su parte y nada halló salvo los papelitos chamuscados, y los muros calientes, luego llego la hija viciosa ella a ver su parte y nada, ambas madre e hija lloraban la desgracia de haberse topado con un viejo tan tacaño y la gente a las pobres les daba sino pañuelos alguna que otra moneda, yo a la hija le hice un guiño y a parte le dí mi porro de mariguana y le dí mi tarjeta de gígolo por si el hambre sexual apremía.

 

Que se alcen las faldas

El Persa

Con esa mano de géneros ya no se sabe al fin quién es quién.

La fantástica amazona se sienta de lado en el banco alto de madera, su fragancia se filtra por doquier, César dice que va a comprobar que es un hombre vestido de mujer, pero el muy torpe va viendo si debajo de la papado e incluso en las axilas hay algún pelo ¡nada!, y es la ocasión de Charlie quien se asoma a la barra y pide un trago mientra se hace el que se le cae algo y trata de ver por el corte del vestido ¡tampoco!, en esto llega Aleja y entra en el concurso y simplemente va conversa con la bella amazona y luego de un rato vuelve con la razón de que sí que es un hombre. César queda indignado y pregunta sobre cómo le hizo para saber, “Le pedí una cita” dice sin más.

La margen del río

El Persa

Y como no hay a quién disparar nos ponemos a entrenar puntería sobre el río que azota muy haragán pero desde la otra orilla unos agentes del orden nos gritan que nos quedemos en donde estamos, de seguro piensan somos los irregulares de siempre, pero la verdad es que portamos los permisos y documentos que nos acreditan dueños de armas y aprueban nuestra condición psicológica para disparar, los agentes del orden tenían la intención de atravesar el río y en eso viene la creciente y desisten mientras nos gritan que nos quedemos congelados allí, pero seguimos disparando al agua a objetos que van pasando: un plato, una mecedora, un banco, un florero, luego de todo fuimos arrestados no por porte de armas sino por daño en propiedad ajena.

Heridas obtusas

El Persa

A la vida hay que buscarle el modo, porque siempre pega primero y sin avisar, y por eso esas caídas son letales y es difícil levantarse.

El Teacher viene con su bolsa de fichas para jugar a la lotería otra vez, el domino ha quedado ya desbaratado desde que el César lanzó por la ventana las últimas fichas. También el parqués y el ajedrez, el uno porque el tablero está hecho añicos y el otro porque alguien mordió los dados hasta volverlos redondos. Pero la lotería si es más prudente las tablas son de cartón y los números que salen se van señalando con maíces, aunque el César a una tabla le haya pegado un chicle, sin embargo como en todo juego no falta el mal perdedor y el César relincha, hace pucheros y dice que él ganó y tira su tabla y tira sus maíces y se enfrenta al sistema como si todo fuese serio, y como el calor y el odio afloran nos trenzamos en un combate cuerpo a cuerpo con los puños por delante esperando ganar en este nuevo juego llamado violencia. Ya a la tarde tenemos hielo sobre los moretones y labios y cejas partidas y nos reímos considerando que al menos nos sacamos al diablo de las entrañas y lo lamentamos por las mujeres que no pueden pelear así y sacarse tanto resentimiento y amargura.