Mes: diciembre 2016

El poeta y la ciudad

El Tapita

(Basado en un relato de gonzaloarango)

Por unas pocas monedas un bus me deja en la incivilidad.

Te vine a encontrar acá para darte los besos clandestinos que cubrí con mi mentira.

– Perdóname; aprendí a mentir antes que a caminar – miento nuevamente.

Quizá por eso escribo, solo para comprobar si sigo siendo capaz de inventar.

Como sea elogio tu vestido y tus blancos zapatos pero en el fondo te quiero ver desnuda.

– Lo sé – dices como si me hubieras leído la mente  y en medio de un arbusto te quitas todo.

Todo! menos tus lunares que descifran en ti una raza felina.

Hace frío y mi abrigo nos sirve de colchón para el amor furtivo y frugal. Te anudo el sexo con un sexo oral húmedo, dispuesto al sacrificio, tus ojos no se ponen blancos, ni tiemblas, ni convulsionas como las del cine pornográfico. Tu solos llevas el ritmo y acabas como una chica normal.

Luego viene la autoridad ha recoger las pruebas del delito.

Con luz ultravioleta descifran fluidos.

Con linternas ven nuestras pieles curtidas del sarpullido erótico elemental.

¿Cómo sabrán tanto los peritos?

Luego de ser eximidos del delito del amor bajamos corriendo, gritando que el amor no debe ser delito…  La amargura corroe mis entrañas cuando creo que me he aburrido de ti… a lo mejor es cierto lo que dicen: “en la variedad esta el placer”

– ¿Qué tienen esas otras que yo no tenga? – preguntas sin embargo.

Yo no sé qué responder solo doy media vuelta y observo la ciudad, y digo:

– No es por otra que te cambio, es por un poema

Ella se va a buscar a un amor que abandono por mí.

Ella no lee.

No escribe

No decide

Solo es presencia

como esta ciudad.

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Brujas

Charlie

– Confieso Padre que he pecado

– Dime tus pecados hijo

– Primero que todo no soy creyente y solo entre aquí porque me viene siguiendo para matarme…

Al Emperador César una tipa se la sentencio, primero se le apareció en un sueño y luego en la calle cuando iba todo vestido de negro le arrojaron desde un auto sal…

Un día se le atravesó una espina de pescado, otro día el seguro del arma que portaba se enreda y se le dispara el arma, otro día se le cae un espejo y al doblar la esquina se le atraviesa un gato negro.

La Maga Cristal le hace un conjuro de contra pero le dice que eso es progresivo y por lo tanto va a tener que caminar por la sombra mientras surte efecto.

Pasaron meses hasta cuando íbamos por la calle y el César se lanza a correr atrás de una aparición es una señora de flecos y una mascada en la cabeza: ¡la bruja!.

– La ves? – me dice pálido

– La veo – le digo

Le pasa por un lado y la queda mirando mientras le indica un talismán, la señora se sonríe y luego hace una mueca de desilusión y dice:

– El amor es una maldición de la que nada escapa ni para la que hay una contra…

El César se queda estático, comprende que quizá no está embrujado quizá solo está enamorado y para eso no hay contra que valga.

 

 

Un monaguillo ateo

El Emperador César

“Estas viejas desvergonzadas que vienen a mostrar sino pierna, teta”

Así se queja el galeón de San Benito el Padre Antonio Carvajal de sus ovejas femeninas que le provocan esas ganas de dejar a Dios y tomar a Eva.

Y como me le burlo de su comentario me reta a pasar al púlpito en la versión de Sacristán para de verdad sentir el infierno en las gónadas.

– En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… – Y yo con la mano que no es!

Si me vieran mis amigos!. Enfundado en un traje de faldón y gorro bato la campana cuando el Padre me hace la seña. Estoy sudando en la primera fila hay una morena monumental, su vestimenta dice que es una cualquiera que viene a hacer publicidad al negocio. En la segunda fila hay una chiquilla que destila ternura y huele a crema pond’s. Más allá hay otra nena que tiene una boquita que escupe besos cuando dice “amén”.

El padre no me autoriza repartir la comunión, como soy de idiota quizá la hostia en vez de entregarla en la boca se la lanzo entre los pechos a las “pechocidades”.

Termino con la espalda mojada y un dejo de vergüenza que no me lo quita ni San Judas Tadeo, yo que no me sé de corrido el Padre nuestro y apenas si distingo Virgen, le doy la razón al Padre, le devuelvo el traje de monaguillo y le confieso que le admiro. Me estoy tratando de salvar del infierno a punta de limosnas pero mejor intento pecar menos, aunque ni el Padre ni yo parece hemos superar la tentación, él cuelga la sotana y yo me voy a buscar cualquiera de las ovejas de las que vi en la iglesia, para darles a titulo personal su misa y el pretexto perfecto para que puedan volver a la iglesiaa confesar sus penas.

 

Carnaval y confusión

El Emperador César

– Es agua! – dijo con sorpresa, mientras todos reímos – el agua, querido amigo es vida, el alcohol no – le dije. Lo que terminó por dañarnos los días siguientes fue que no recordaba en dónde deje guardado mi auto “todos los sitios parecían iguales”. Pasados siete días de búsqueda y una cuña radial hasta cuando apareció mi auto rojo allí en medio del abandono cubierto de polvo de carnaval y con olor a musgo. ¡Vamos al mar! y fuimos allá a seguir la fiesta pero resulto que el mar estaba lleno de algas y parecía un pantano. Pero se nos apareció la virgen cuando chocamos con unos extranjeros y como al Charlie  se le da el inglés, el torpe entiende que las parejas quieren hacer un trío o una orgía, yo no sé, el todo es que el asunto es que lo que quieren decir es que quieren compartir sus habitaciones con nosotros porque sus otros amigos no alcanzaron a llegar, no es nada sexual ni tal. Lo que si es que a las nenas les embriagamos al tope y a los chicos les sobornamos para que por lo menos saciar la carne con pieza de importación y el latin lover se viera promovido, sin embargo tras saciar la sed sexual convinimos que el sexo es un deporte que a veces llena y otras no y entonces sin amor el mundo es un caso perdido. Lo mismo el sexo.

 

Garabatos

Charlie

Algunos días hay que llorar y ver llover.

Al César no le vuelvo a prestar un libro, lo devuelve lleno de resaltador, pintalabios y semen… a veces ni abrir las páginas ya se puede. Hay que botarlo. Sin embargo él ante el reclamo me da el dinero para comprar o bien un libro o una mujer, un libro suele ser muy servicial, aunque una mujer puede costar lo que una casa. César anda con un chiquillo de arriba para abajo y dice que es un encargo de una vecina que le hizo un favor “anoche”, presiento la tal vecina le dejo albergar a su pájaro escapado en su gruta celestial ¿Qué más puede ser?. Y entonces el chiquillo que llora y arma el berrinche del siglo porque eso si su mamá lo tiene bien adiestrado en el arte de pedir y pedir hasta lograr recibir. El césar angustiado me quita el libro de debajo del brazo y se lo da a la criatura para que haga garabatos y el mocoso lo que hace es romper las hojas y hacerse aviones… ¡pobre libro!… ¡Hay esta juventud! ¿Para qué preguntan en qué va a terminar esto? si lo saben. ¡Pobre mundo!

Motel paradyse versión 1

Charlie

“Te acuerdas, cuando las mariposas se posaban sobre nuestros poemas”

El Emperador César decide casarse y regenerar a una promiscua chica.

– Es que uno se debe casar para toda la vida

– Mentira! uno se muere para toda la vida, casarse es de idio…

– Algunos tienen suerte

– La mayoría no…

La bendición la echa el padre Antonio un hombre de dudosa intención. Y como nadie puede decirle a los amigos que abran los ojos, el César y su esposa se van de luna de miel a un motel, allá les acomodaron la mejor habitación y estrenaron sábanas y champagne.

Mientras los demás rezábamos la parejita hacia planes para que la vida juntos no cayera en la rutina del sexo y el hastío de siempre tener algo que decir.

La primera pelea surtió apenas unas horas de decir “si quiero” y la reconciliación causó alboroto.

– Hombre César la intención vale, ¿uno qué va a saber lo que las mujeres quieren?

– Será que uno sueña, confía o se da demasiado y por eso sale tan lastimado…

– La Ley de la relatividad en todo…

– La carne que es débil y ni salada va a durar tanto…

– Amén…

 

Un viaje al dolor

Charlie

Usted se debe domesticar caso contrario sufrirá.

Yo también subí a un tren: el de la vida. Subí para ir junto a su tumba. A la tumba de Alexis. Recordé que el tan pronto dejaba de hablar sonreía. Pero no era cualquier sonrisa, era una sonrisa de malicia, de importarle poco lo que se pensará, la razón siempre la tuvo. Un Vigilante del lugar me alerto ese día que la tumba de mi amigo no estaba sola, había una chica y un pequeño allá. Ambos decoraban con pétalos el sitio. Por respeto espere. Era medio día y el sol hacía sentir un calor incómodo. Yo apenas portaba un racimo anudado de seis flores pintadas. Me cruce con la mujer y el niño cuando salían y para mi sorpresa el chico volteo a verme como si me reconociera y sonrió. Quede frío. Estático. Acababa de ver en el rostro de ese niño la sonrisa de Alexis. Solo el bochorno hizo que retomara mi andar sin dejar de espiar al niño y a aquella mujer que debía ser su mamá y precisar que quizá ella fue la encargada de hacer resucitar a Alexis. Han pasado algunos años y escribo esto para sanarme, para llenarme un poco de esperanza y creer que uno pudiera resucitar en sus hijos.