Mes: septiembre 2017

El Aviador y las Estrellas

Por Alexis Mendoza

Sabes que es un loco en cuanto le ves con los ojos perdidos y esa idea turba de lo que es la realidad, se interesa por otras cosas tan distintas por ejemplo un ojal o un papel que llega volando. Al Aviador lo encontró César fugado de su Centro Médico Psiquiátrico, llevaba su escarapela con la advertencia de que era un paciente violento. Lo adoptamos como a un hermano y le llevamos a comprar ropas y a ver a las chicas bañarse en el río. Jamás fue más feliz, hacía ruidos, gritaba, a veces parecía tener que decir algo más importante que todos nosotros, le sindicamos de tonto, pero era más listo. Portaba un sombrero de orejeras de aquellos que portan los pilotos alemanes y por eso le bautizamos como el Aviador, le devolvimos a el Instituto con la esperanza de que mejorará y algún día nos diera la sorpresa de ser la persona más cuerda del planeta. Allá nos decían se la pasaba viendo las estrellas con la certeza de que él fuese el reflejo de una de ellas y no al revés.

 

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La putesía

Alexis Mendoza

Yo odio a los Poetas, son seres farsantes que se envisten en sus buenas pronunciaciones para hacerse pasar por intelectuales y dañar el cerebro de seres torpes o enamorados. Yo nunca le dedique poema alguno a ninguna enamorada, pero el César era experto en saberse cosas de Neruda, de Vallejo de Amado Nervo, y yo apenas si me entraba Pombo con toda su carga de personajes locos y degenerados.

César me dijo soñaba con inventar el verso perfecto “¿Cuál?” le increpe, y él me explico que era un verso que no más se lo decías a una mujer y quedaba desarmada, te daba su dinero, sus cosas, su sexo y luego no se acordaría de nada.

Por escribir putesía y no poesía tengo un rojo en la clase de Español de la Señorita Maggy. Ella me dice que soy inteligente y yo le digo que ella es muy linda, ella me dice que tengo oportunidad y yo le digo que conmigo la poesía no tendrá futuro porque de todas formas yo nací para que nada se me arrime ni me rime.

Eso dije hasta que me enamoré y tiré verso borracho.

Un lunar en el espejo

Alexis Mendoza

El César me llama en confidencia desde un burdel, con voz trémula me confiesa que está enfermo y que el diagnostico más probable es que pesco una venérea. Acudo con un amigo Veterinario experto en rarezas. Y pues nada, el César aparte de una diarrea no presenta mayor complicación, después de la confirmación del Especialista que dice que ninguna venérea tiene por síntoma la diarrea. Solo que al César le da pena confesar que le arde el culo y que necesita alguien le consiga una crema de bebe. De esto no sé cuántas veces pude reírme, hasta que me salió el primer barro en la cara sobre el que desate mi furia para luego ir a constatar  que no era un barro sino un lunar. Para salvarme del Servicio Militar obligatorio me puse las gafas de don Cipriano, un viejito que murió ya, justo el día en que lo sacaron de la casa hacia el hospital de su mano se le soltaron las gafas y yo las recogí pero cuando quise devolverlas ya era tarde para ver. Me prometí no llegar a tanta vejez, tengo veintidós años y ya me ha dolido de todo, el prepucio, el hueso sacro, la tibia y el peroné. Por las peleas he quedado mueco, y tengo el tabique desviado. También me ha dolido el culo y otras partes que no tengo idea como llamar, todo eso proyectándolo en regla de tres no me convierten en una buena perspectiva de viejo y ahora los Militares quieren dé mi vida a la Patria, y la sociedad quiere que se la dé a una mujer y yo algún día les dejaré viendo un chispero a todos.

César y el desaire

Alexis Mendoza

A César se le pega una novia que parece un ácaro pegado en una almohada.

Ya el paraíso lo tenemos perdido, y nos falta es conquistar otros templos que a partir de entonces se parecen más y más a un elemento sexual que a un objeto de culto.

Es la era de la promiscuidad en donde los hombre deliberan sobre curvas y las mujeres usan a los hombres como ropa: se lo prueban y si no les gusta lo desechan.

Así las cosas el amor es un adorno más que usan unos y otros para decirse están a la moda.

César cita a su novia para decirle que no se quiere casar, que tampoco quiere tener hijos porque dada la situación vayan y se los maten, y que tampoco es en serio tanto agasajo y tanto aprecio. La novia se rinde y se queda expectante convirtiendo su amor en odio y tratando de entender qué clase de jugada hacer para salir ganando.

Se casa, y le envía la tarjeta a César.

Y César sonríe porque ya sabe qué le va a enviar de regalo.

Fotos y recuerdos de cuando creyeron ser felices.

Ellos deben venir por nosotros

Alexis Mendoza

A César lo arrestaron un jueves, lo sacaron en bata de baño de un burdel y lo metieron a el auto patrulla, dicen los testigos que reía como si todo fuese una broma, y así era pues los cargos  rezaban que “era culpable de existir”. Pero por sobre todo incentivar a la desobediencia, a la vagancia, a la inconformidad. En resumen un revolucionario del siglo XX. Firmó el papel y fue a parar a las mazmorras portando con elegancia su bata. A riesgo de ser violado por negros bien dotados. Pero la justicia es ciega y al César no se lo puede callar con nada. Sentenciado a 4 años, les organiza una panadería en la cárcel y les hace el comercio más elemental de cigarrillos y putas que se haya visto. Les hace el sindicato y el tribunal, en donde se enjuicia desde una partida de dominó, hasta se rifa de quién es el bebé que tuvo la puta por descuidar su método de planificación. César me dice en una visita que la cárcel es la universidad del pobre y que hay que aprovechar el tiempo. Su boleta de libertad está lista a los dos años con el beneficio de irse a pagar la condena a su casa, pero como César no tiene casa, la condena se la dan en el burdel en donde lo apresaron. Allá a las Putas les organiza el negocio de vender el pan con el sudor de su cliente y tiene el tiempo suficiente para llenar cuadernos de escritos. Pero como a la Oligarquía no le conviene que el pobre evolucione a Burgués, envían a sus escuadrones de la muerte para que se atenga a las consecuencias, César lo que hace es invitarlos a dar la cara y a un diálogo honesto, cosa que no se da y hay que elegir la clandestinidad para seguir respirando y comiendo.

 

César escupe la nube

Alexis Mendoza

– Ven con nosotros y te divertirás – dice Argemiro con la picardía de quien oculta algo

– Tengo cosas qué hacer – digo sin ocultar que he de cumplir la tarea de colgar la ropa que mamá ha lavado.

Y estoy como fantasma colgando una sabana blanca cuando una silueta con las manos sucias complica la tarea, es César que llega a invitarme a robar mangos y ropa interior de damiselas con las que soñamos acostarnos.

Con un sostén de quinceañera  César se hace una honda entre dos ramas para aventar piedras al río, después nos lanzamos a nadar y luego vamos por los mangos y cuando nos aburrimos de ser y existir espiamos las nubes y les hallamos formas.

Argemiro viene al rato con cara de confidencialidad y me comenta que Pacho se ha ahogado en el río, se metió y ya no salió, vamos con César a explorar a la rivera por si el cadáver está por allí atrancado, pero Pacho está vivo y teniendo sexo con la Lomita, están desnudos y suspirando, los dejamos así hasta que se nos ocurre tirarles una pepa de mango a cada uno y luego si a correr. César divisa una nube en forma de pene, la escupe y la saliva le vuela a la cara. ¡Mal presagio! dice Algemiro serio. Esa noche cuando César se acuesta con su novia se le rompe el condón y se le pega una venérea.

 

Un pretexto para cada cosa

Alexis Mendoza

Soy un torpe. Bueno. Ni tanto. Al tiempo pensé en que alguna vez la tuve solo para mí. Y si. Me refiero a una mujer. Bella además. ¿Por qué no le provoqué ni siquiera un susto. Cierto. La mujer no es mi prójimo. Es mi enemiga. Yo me revelo contra lo que signifique perder la libertad. Yo no estoy para obedecer caprichos ajenos. Yo soy en esencia la posibilidad. Tengo que involucrarme en la literatura las 24 horas. Yo no tengo tiempo para vicios. Ni para el amor.  ¿Qué si sé manejar? no tengo ni idea. Con eso le bajo los sumos, que no se sorprenda cuando se aproxime más. Yo detesto lo tierno, no tengo espacio en mi corazón para cosas, solo suspiro y finjo hallar un pretexto para que me gusten. Yo soy un pájaro de otoño. Un espectro sin tumba. Es inverosímil que uno salga por un hueco y termine en otro. Es tonto. Es amargo, sin sabor, sin sentido.