Mes: octubre 2017

Los que arriesgan el pan

El Tapita

César va por el pan y yo busco leche y cereal. Aleja esta pálida, algo le ha sentado mal y dice que se regresa al hotel. Voy hasta una droguería de más allá para comprar algo para Aleja. Un hombre de gorra y gafas habla con el Farmaceuta como en secreto; espero mi turno, el hombre se aleja como escondiendo algo, el Farmaceuta viene hasta mí con la cara pálida y me dice “ese hombre me acaba de asaltar”. Me quedo quieto mirando y luego hago un comentario sobre lo mal que está la seguridad. Le pido lo de la medicina, y el hombre no se aguanta lo que acaba de pasar, me da la espalda para llorar, le quiero pagar la medicina e incluso dejarle el regreso, estoy en esas cuando el César aparece junto al hombre de gorra y gafas “mira a quién me acabo de encontrar” dice. El Farmaceuta gira y entra en pánico, mi acción es guardar el billete que he expuesto para pagar y entonces el hombre se quita la gorra y los lentes y le reconozco, es un rufián amigo de César, al que aparto para notificar el asunto. César dice que no hay discusión, habla con el hombre y le convence que devuelva el dinero al Farmacéutico y que le pida disculpas, el hombre hace todo como le manda César. Luego aparte César le recompensa con un fajo de billetes que el hombre agradece. Al despedirnos del hombre el hombre toma rumbo a la Farmacia y quedo perplejo. César se ríe y me tranquiliza con un azote en la espalda “tranquilo, ese ya no hará más el mal” yo le digo que fue una buena acción esa de darle dinero. “No es buena acción eso de dar dinero falso” dice César sonriendo.

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Película y media

El Tapita

Aleja y yo esperamos a César en la entrada del cine. Hay una pareja besándose como si el mundo no existiese, César aparece y viendo a la pareja con la envidia encendida hace una parodia sacándose del cinto el arma y besándola con lengua y todo, la pareja se da cuenta del espectáculo y parece avergonzarse y se va. Pero no es eso, se va por el miedo que provoca un loco besando un arma. César tampoco comparte eso de sentarse a ver una película por dos horas seguidas, y desaprovechar la vida en la oscuridad. Comienza alzando la voz y alterando a los que habían asistido con sus novias a besarse y a tocarse en secreto, pero el César les agria el momento. Los de seguridad vienen con sus linternas a separar a los combatientes, las cosas de comer vuelan por los aires y la violencia está por doquier. Hasta que suena el trueno vengador, que no se sabe si es en la pantalla o en la realidad, pero de ver no más al César con el arma en alto sabemos que la cosa va en serio y hay que lanzarse al piso. Otros corren en medio de los corredores oscuros, y otros más se quedan viendo la realidad con más interés que la película. Afuera llaman a la autoridad pero ellos piensan que solo es artimaña de locos que toman la película por real, nos evadimos entre la multitud, tomo de la mano a Aleja y salimos solo deteniendo nuestra marcha cuando volvemos a ver a la pareja de antes en una acaramelado beso, César vuelve a ser su parodia y esta vez se quema la lengua con el arma aún humeante. No puede ser que la gente queme dos horas de sus vidas viendo cómo otros se besan en la pantalla y ellos solos acá se saborean.

Uno que se sabe las tablas

El Tapita

El Profesor enarbola su soberbia, lo que el dice, eso es. El César no comparte eso. La educación debería contemplar a los locos. Por eso nosotros creemos que las alumnas son la perversión, por ignorantes. Saben más de sexo que de religión. ¿Qué quién fue Pío V? “No lo sé”. ¿Qué es prepucio? “ah! eso es la cabecita del miembro masculino. Al Profesor cada vez le tientan más con sus faldas altas, escotes profundos y manías de perfumarse hasta el alma. El César me dice que tiene ganas de darle un balazo al tablero. El Profesor sigue explicando su letra y alza la barbilla y las alumnas no pueden dejar de mirarle. Es un estúpido engreído no ha debido leer mucho, y su puesto puede que esté atado a la política, trabaja la mañana y descansa la tarde, le pagan vacaciones, primas y salarios, todo por soportar a las criaturas que ni los padres soportan, quizá estemos ante una deidad, y mientras los “niños y niñas” estudian los papás pueden trabajar, hacer sus vueltas y hasta tener sexo para traer más candidatos a embrutecerse en las aulas. César no soporta más, se abre paso entre los estudiantes y toma al Profesor por el brazo, le habla al oído y le dice que está aquí por lo del vicio. El Profesor paga y sigue como si nada con su teoría mientras el César se retira jurando algún día cobrara a la educación su precio por no enseñar nada sobre la vida real y hacer de los humanos máquinas obedientes.

Sin dolor no hay amor

El Tapita

Al Aviador una mujer le pinto el mundo con flores y pétalos tal cual rosada como una vagina, si no es por eso el Aviador emprende el vuelo allí no más. Él estaba cansado de no tener qué ver ni qué saber “Lo he visto todo” y el César le replicaba que le faltaba ver a un transexual tirándose a una mujer. “Eso es antinatural” decía. Nosotros pensábamos que los locos éramos nosotros y el Aviador rondaba la lucidez. De tal forma que cuando se enamoro a la chica le canto la tabla y ella solo puso ojos de ternura y con eso bastó. Duramos mil horas consiguiendo algo novedoso que escapara de la saciedad del Aviador para saber que nada lleno su saciedad y en últimas ni una mujer rendida a sus pies suplicándole le detuvo para saltar desde lo más alto. Me hacía recordar un diálogo de Platón en que Sócrates dice que de este lado ha conocido ya lo suficiente y ahora quiere irse a ver que hay más allá. Buena suerte en tu vuelo Maestro.

Tragedias Paisas 5

El Tapita

Un relámpago aclara nuestras caras pálidas, no hemos dormido y la gente nos ve y piensa estamos borrachos, para dormir ya habrá tiempo luego de la muerte. Charlie tiene la brillante idea de ir a visitar a una Clarividente que se llama Odesa, además rumores cuentan que es Puta. El César se atora en el camino con un pedazo de pan. El edificio huele a orines y a sexo, en cada piso César escupe, llegamos a una puerta en madera a la que llamamos antes de darnos cuenta de que hay timbre.  Unos gemidos desde adentro nos señalan que debemos esperar, luego una hembra descomunal todo sudada y tapada con una bata nos atiende pero apenas nos mira dice que atiende de “a uno”.  Sale mientras tanto un joven como escapando, la mujer le insinúa que se verán en la semana siguiente. César toma ventaja y entra, nosotros jugamos a lanzarnos una bala a ver si se pierde. Adentro el César se vuelve a atorar y esta vez la tos y la falta de aire le tienen sometido. La mujer sale alarmada, insistiendo por si alguno de los dos es Médico. Sale el César pálido y va bajando las gradas rápido y partimos detrás a ver si el asunto amerita gravedad. Pero ya afuera el César se muere de la risa y nos enseña unos billetes que de seguro arrebato a la Clarividente quien en uso de sus poderes ya estará haciendo cálculos para dañarnos el futuro por embusteros y ladrones. ¡Uy que miedo!

Tragedias Paisas 4

El Tapita

A las 2 de la tarde se oscurece el cielo, las luces se ven por doquier. El Charlie presagia que va a pasar algo malo, en la sierra se oye una especie de ronquido, es como si Dios fuese hablar en voz alta pero la garganta no le dejase, y entonces el ronquido se transforma en sonido audible: tas, tas, tas, y finos insectos de fuego parten con un destino incierto. “La tartamuda” dice César refiriéndose a una ametralladora que dispara desde la sierra. El César se ríe de que hasta los ancianos bajan la cabeza, como si no tuviesen la muerte marcada en el retrovisor de sus vidas. César camina erguido y no le teme a las balas, y en lo que parece fuesen fuegos artificiales de abajo también contestan el fuego pero a diferencia de arriba, acá abajo solo sale humo. “Un millón al que acabe con ese nido” dice el líder de la banda de abajo. El César nos invita a subir y tramitar un cese de hostilidades, subimos con la pipa de la paz y nos peinan miles de lucecitas cada una con su dosis de mortalidad, el Charlie resbala y se cae, nos asustamos pensando ya pesco una bala, el líder de la Sierra dice que el inconveniente no es el dinero, sino que los de abajo se atreven a subir a enamorar a las peladas de arriba. Y como en lío de faldas no somos tampoco expertos el conflicto parece razonable, el César de todas maneras dice que los muertos que haya esa tarde, en la noche las peladas los repararán abriendo las piernas.

Tragedias Paisas 3

El Tapita

Frente a la falta de amor, dinero y salud nos atenemos a lo que hacen los demás, hay un loquito que invita ron y rumba en una finca del eje. Para allá pegamos. Las chicas que llegaron prometieron espectáculo en cuanto el licor les llego a sus cabecitas. El César se fue sin embargo a bajar mandarinas y limones y a desde un árbol bombardear a la concurrencia con las pepas. El Charlie y yo en cambio le entramos a un juego de copas y haciendo trampa arrojábamos el licor a la piscina. Los bailadores se aburrieron de mover sus cuerpos y nada más, así que se retiraron con sus parejas a los reservados para bailar con sus cuerpos desnudos. El lugar fue quedando vacío, hasta los más alcohólicos se fueron a dormir. El César se lanza desde una rama a la piscina, la rama cede y el hombre apenas alcanza el agua con el riesgo de golpearse en un filo. Del fondo de la piscina trae una cartera con los papeles y billetes mojados, es la suya. Una pareja ríe y sale a hurtadillas, aprovechamos y los seguimos, esa pareja nos ha robado la idea, se ha alzado con el botín de billeteras, joyas y dinero de los comensales. Los alcanzamos en el pueblo y les rodeamos para recuperar lo hurtado, pero ellos imponen el trato, un 50% que aceptamos gustosos al ver que los pobres se interesaban más en las ropas de marca que hurtaron dejando a las parejitas allá en la finca sin sus atuendos más íntimos marca Kalvin Klein, pobre gente.