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César y el desaire

Alexis Mendoza

A César se le pega una novia que parece un ácaro pegado en una almohada.

Ya el paraíso lo tenemos perdido, y nos falta es conquistar otros templos que a partir de entonces se parecen más y más a un elemento sexual que a un objeto de culto.

Es la era de la promiscuidad en donde los hombre deliberan sobre curvas y las mujeres usan a los hombres como ropa: se lo prueban y si no les gusta lo desechan.

Así las cosas el amor es un adorno más que usan unos y otros para decirse están a la moda.

César cita a su novia para decirle que no se quiere casar, que tampoco quiere tener hijos porque dada la situación vayan y se los maten, y que tampoco es en serio tanto agasajo y tanto aprecio. La novia se rinde y se queda expectante convirtiendo su amor en odio y tratando de entender qué clase de jugada hacer para salir ganando.

Se casa, y le envía la tarjeta a César.

Y César sonríe porque ya sabe qué le va a enviar de regalo.

Fotos y recuerdos de cuando creyeron ser felices.

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Ellos deben venir por nosotros

Alexis Mendoza

A César lo arrestaron un jueves, lo sacaron en bata de baño de un burdel y lo metieron a el auto patrulla, dicen los testigos que reía como si todo fuese una broma, y así era pues los cargos  rezaban que “era culpable de existir”. Pero por sobre todo incentivar a la desobediencia, a la vagancia, a la inconformidad. En resumen un revolucionario del siglo XX. Firmó el papel y fue a parar a las mazmorras portando con elegancia su bata. A riesgo de ser violado por negros bien dotados. Pero la justicia es ciega y al César no se lo puede callar con nada. Sentenciado a 4 años, les organiza una panadería en la cárcel y les hace el comercio más elemental de cigarrillos y putas que se haya visto. Les hace el sindicato y el tribunal, en donde se enjuicia desde una partida de dominó, hasta se rifa de quién es el bebé que tuvo la puta por descuidar su método de planificación. César me dice en una visita que la cárcel es la universidad del pobre y que hay que aprovechar el tiempo. Su boleta de libertad está lista a los dos años con el beneficio de irse a pagar la condena a su casa, pero como César no tiene casa, la condena se la dan en el burdel en donde lo apresaron. Allá a las Putas les organiza el negocio de vender el pan con el sudor de su cliente y tiene el tiempo suficiente para llenar cuadernos de escritos. Pero como a la Oligarquía no le conviene que el pobre evolucione a Burgués, envían a sus escuadrones de la muerte para que se atenga a las consecuencias, César lo que hace es invitarlos a dar la cara y a un diálogo honesto, cosa que no se da y hay que elegir la clandestinidad para seguir respirando y comiendo.

 

César escupe la nube

Alexis Mendoza

– Ven con nosotros y te divertirás – dice Argemiro con la picardía de quien oculta algo

– Tengo cosas qué hacer – digo sin ocultar que he de cumplir la tarea de colgar la ropa que mamá ha lavado.

Y estoy como fantasma colgando una sabana blanca cuando una silueta con las manos sucias complica la tarea, es César que llega a invitarme a robar mangos y ropa interior de damiselas con las que soñamos acostarnos.

Con un sostén de quinceañera  César se hace una honda entre dos ramas para aventar piedras al río, después nos lanzamos a nadar y luego vamos por los mangos y cuando nos aburrimos de ser y existir espiamos las nubes y les hallamos formas.

Argemiro viene al rato con cara de confidencialidad y me comenta que Pacho se ha ahogado en el río, se metió y ya no salió, vamos con César a explorar a la rivera por si el cadáver está por allí atrancado, pero Pacho está vivo y teniendo sexo con la Lomita, están desnudos y suspirando, los dejamos así hasta que se nos ocurre tirarles una pepa de mango a cada uno y luego si a correr. César divisa una nube en forma de pene, la escupe y la saliva le vuela a la cara. ¡Mal presagio! dice Algemiro serio. Esa noche cuando César se acuesta con su novia se le rompe el condón y se le pega una venérea.

 

Un pretexto para cada cosa

Alexis Mendoza

Soy un torpe. Bueno. Ni tanto. Al tiempo pensé en que alguna vez la tuve solo para mí. Y si. Me refiero a una mujer. Bella además. ¿Por qué no le provoqué ni siquiera un susto. Cierto. La mujer no es mi prójimo. Es mi enemiga. Yo me revelo contra lo que signifique perder la libertad. Yo no estoy para obedecer caprichos ajenos. Yo soy en esencia la posibilidad. Tengo que involucrarme en la literatura las 24 horas. Yo no tengo tiempo para vicios. Ni para el amor.  ¿Qué si sé manejar? no tengo ni idea. Con eso le bajo los sumos, que no se sorprenda cuando se aproxime más. Yo detesto lo tierno, no tengo espacio en mi corazón para cosas, solo suspiro y finjo hallar un pretexto para que me gusten. Yo soy un pájaro de otoño. Un espectro sin tumba. Es inverosímil que uno salga por un hueco y termine en otro. Es tonto. Es amargo, sin sabor, sin sentido.

 

La delgada línea en que tú no estás

Alexis Mendoza

Voy a mear y una araña baja desde lo alto y se me pega en el prepucio recogido, en el glande, ojalá me picará para que mi pene se haga más grande, así como te gusta a tí. Pero la araña sabe mi desespero, tira su red y se balancea mientras yo altero el chorro para no bañarla, le respeto, tanto que su cosquilleo con su hilo me ha acariciado de tal forma que en lugar de orina tiro es mi líquido seminal y hasta uno que otros espermatozoide. Soy muy de buenas, no puedo embarazar así a una araña. Y ¿Por qué sé que se trata de una araña?. Es mejor pensarlo así. Delicadamente tomo el hilo que la mece y la llevo a la pared, allí se queda expectante a lo que haré en seguida. – Pues arañita iré a la otra habitación a tomar por su araña a la hembra más linda de la localidad – Y allí si el esputo orgásmico se hace realidad. De tanto expeler líquido me he quedado deshidratado. La araña se ha posado en la toalla y esta feliz, puso sus huevecillos y ahora se eternizará en el tiempo y el espacio, sufre sin embargo por sus crías. La hembra se cansa de tanto sexo y quiere quitarse el pegajoso semen del cuerpo (de afuera y de adentro), se va a bañar y se seca con la toalla en donde estaba la arañita, no sé de ella hasta que me despido de la hembra de dos patas que me estrecha e un beso de mejilla como si nos conociéramos de hace poco, al besarle veo que la arañita esta feliz en el hoyo de su oreja, allí tendrá a sus crías y quizá sobreviva a toda esta loca vida. Adiós linda de ocho patitas.

Yo y la piedra

Alexis Mendoza

Yo viviré cien años. La piedra tal vez.

Al contrario la piedra me dará de nuevo, en medio de la sien.

Le dí una patada a la piedra y le dí a un auto que me quisieron cobrar como nuevo.

Vi la luna con un telescopio y solo vi a una piedra blanca.

Tomé  la piedra y por llamarte morena mía rompí tu ventana. El pretexto valió porque para repara el cristal tuve que subir y allí repare el cristal y te di mil besos y luego te hice el amor y luego más amor y después de todo eso ya no supe que hacer. Nos dejamos. Y cuando me hiciste falta tuve que romper más ventanas (y cuando digo ventanas me refiero a hímenes intactos).

“Lo mataron con una piedra” dice el Perito judicial. Luego en otra escena una mujer mató a su novio por la piedra que le causo (la rabia).

Coloqué pólvora en una piedra y la choque con otra, se me quemaron los zapatos.

Puse una piedra en un resorte y la avance lejos. No sé a quien le atiné.

Mordí una piedra y se me rompió un diente, la piedra estaba en el plato de lentejas que me sirvieron.

Mi tío tenía piedras en el riñón de tanto comer pescado seco.

La vida es una piedra en el zapato.

 

Periscopio a la realidad

Alexis Mendoza

Yo no le creo al Profesor cuando dice que uno y uno son dos.

¡Qué barbaridad es esa!

A mi se me hace que son tres.

O pongan a un macho viril con una hembra y verán en nueve meses.

Los Profesores se creen razonables, y se embriagan con la razón y creen jamás equivocarse, pero sus vida son como un rosario de trivialidades un atrio de traiciones a sus convicciones.

El sistema les paga a los Profesores para que difundan la falsedad. El Teorema de Pitágoras y cosas por el estilo que uno jamás de los jamases usará. ¿O acaso en el ejercicio del sexo le importará uno que su dama de turno tenga su vagina como un triangulo? A uno lo que le importa es que su cateto entre bien en la hipotenusa.

Yo por eso renuncié a la academia antes que me lanzarán. Estaba con matrícula condicional y me faltaba un pelo de gato para irme. Así que me fugué. Y la queja se la fueron a poner a mi mamá, y ella para mi sorpresa me defendió con la razón de que fuera de el colegio pareciera que yo estudiara más. Y era cierto, comencé a traer y llevar libros que absorbía con una curiosidad enfermiza, a tal punto de que tenía los ojos rojos de diablo por tanto leer.

Y las nenas del Colegio ni en la teoría podían descubrir el himen. Y los otros tampoco sabían en donde es que está el Himalaya, menos el monte Vesubio.

Yo tomé las riendas de la vida y presenté el examen de suficiencia otorgándome el titulo de Bachiller término que me sonó a “chilletas” y los del ejército no pudieron llevarme porque me miraron ciego para los combates.

Yo prefería la paz y el amor fortuito, sabía que algún día me aburriría y comenzaría a odiar todo.