Mes: abril 2018

Gimiendo y sudando parte 3

César Vélez

“¿Sabes a qué sabe una vagina?” me pregunta un niño de once años al que contesto que saber demasiado nunca es bueno. Pero la duda me ha puesto más pendiente de lo que hago… veo un himen y me asusto por la responsabilidad que le otorgaré a la fémina luego del acto, ella se curtirá de decencia y lo feriara al mejor postor. Suena raro pero es así, el amor solo es la escusa de los que no quieren pagar por el sexo… creo que es el lema de un calendario. El Cabuya, un ñerito de la comuna jungla amaneció tieso por dejar la pistola debajo de la almohada y accidentalmente se disparo, el cadáver quedo con una cara de susto y desfigurada al punto de que hubo que rellenar los cachetes con papel calco y engrudo y aún así quedo feo el tipo, nadie se pregunto cómo es que uno que guarda un arma bajo la almohada puede dispararse en la cara… esa duda me acompaño hasta los veintidós años cuando una trigueña con cuerpo para el pecado me confeso en pleno rito del amor y con la promesa de no contarlo a nadie que ella fue la que lo mató, que esa noche le estaba haciendo el amor bien sabroso, ella encima de él y en el éxtasis a punto de el hombre dar la estocada final va y dice el nombre de otra mujer y llevo su castigo… Mientras la mujer me contaba eso del frío que me invadió se me desinfló el sexo y las ganas de seguir prefiriendo las mujeres bellas… Las feas tenían su encanto en que por lo menos no eran asesinas… SIGUE…

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Gimiendo y sudando Parte 2

César Vélez

A mi mamá y papá los asesinaron los godos… y yo salí godo tal y como mi abuelo… uno tiene que se muy de malas para nacer pobre y sin aspiraciones, y lo feo es de añadidura, y tan de mala suerte que lo primero que lee le causa una hecatombe entre hemisferio y hemisferio cerebral… Sócrates es acusado de pervertir la juventud y de dudar de la existencia de los dioses… Ave María pero esto ¿Qué fue?… lo bueno de estar en la calle es que tienes un panorama global de la injusticia social, de la ignorancia convertida en analfabetismo y miseria. Una señora que vende la virginidad de su hija por 13 monedas de plata y una hija luego que vende los huesos de su mamá a la facultad de medicina de una universidad a ver si descubren algo para que las mujeres no se envejezcan tanta cada que traen un vástago al mundo… SIGUE

Gimiendo y sudando Parte 1

César Vélez

Las mujeres nos parecieron más bien un problema por eso de querer contaminar el mundo con sus hijos… Sin embargo tenía en medio de las piernas algo apetecible… Siempre que habían disparos tenía que una mujer salir gritando como si la muerte se asustara a los gritos… desconfío de las formas que tienen agujeros: las mujeres, las armas, yo mismo… el mismo día que el Charlie viene con la noticia de que ha dejado el licor, el Tapita me asoma un libro sobre las damas y las armas, espero con la intención de desarmar a las unas y tratar bien a las otras… Ya no puedo más con eso de la vida social esperada, la gente en montón es estúpida pero se convence a sí misma que hace lo correcto… por ejemplo esta señora de la esquina que se las da de jodida, si yo mismo la ví con un cuchillo de carnicero perseguir a un hombre, se las da de jodida pero ni siquiera pudo cuidar de la cuca de su hija porque por allí anda preñada y torciendo la cara, como si los demás no supiésemos que hay que hacer para tener el estómago inflado, y el señor de la tienda avispado le acaricia la pancita y le pregunta “¿Qué comió señorita?”… todos sabemos que algo bueno noooo…. SIGUE….

El género resistencia

César Vélez

El sueño se me iba a veces y la ciudad comenzaba su ruido, estuve a punto de hacerme ermitaño,  lo único que me frenó fue el no querer perderme el final de todo en un pestañeo, cuando el Cuásar devorará la galaxia… me quedé esperando el apocalípsis en vano, para luego despertar en la realidad, de que uno debe contribuir a ese fin… Pero el mundo giro otra vez y legisló que esto se trataba de una competencia sin tregua: a atrapar el dinero, la mujer, el auto, el oficio, la vida. Pero sobre todo una utopía llamada felicidad. Me armé para el riesgo, anduve por las calles mientras otros dormían, amé con desespero y apagué mi deseo en cuanto vi que el mundo se presentaba en otra versión y quería tejer su tela para atraparme sino en la obligación de madurar, si la de pagar impuestos, ir a reuniones sociales, bailar, nadar, hablar, orar, pagar diezmo, deprimirse, enfermarse y morirse… tuve la suerte de encontrarme con los notables intelectuales que sobornaron sus raíces para invocar nuevas realidades, unos seres para quienes el amor no estaba hecho, para quienes la paz tenía sonido de metralla, para los que un libro era un tesoro y su ambición no consistía en gobernar sobre nadie…

Destino y casualidad

César Vélez

Nota Aclaratoria: Las groserías no son literatura… a veces.

El idiota del Charlie se casó, ayer fue su primera noche feliz ¿ó triste?… Yo no alcancé a llegar y me hospedé en un hotel de poco nombre y muchas pulgas, la chiquilla que atendía el hotel no se dejó sobornar para quitarme las ansias del cuerpo y a su favor argumentó que tenía que estar despierta toda la noche “si yo no te quiero para dormir” le dije. Al otro día la hallé con los ojos rojos y se dejó invitar al desayuno donde confesó que lo mejor era haber aceptado mi oferta ya que ningún cliente llegó ¡era tarde!, el amor es algo así, al menos se dejó besar en la despedida y prometí pasar de regreso. La esposa del Charlie me recibe con un frío saludo de mano que no soporto y casi a la fuerza la aproximo a mí y le estrecho un beso en el cuello, es una mujer como las demás insegura, preocupada por el aseo y valiente para decir que es fiel… a mí no me gustan las fiestas por la clase de gente hipócrita que va siempre a lucirse o bien en el baile, en las risa o en los trajes costosos, un pedazo de pastel y una copa de vino es una adulación falsa a mi presencia, le estiro un rollo de billetes a Charlie como premio a su sacrificio y en burla le digo que se compre una tonelada de condones, a lo que él me aplica la broma inversa y dice que es muy tarde. No he dejado de pensar en la chica del hotel y es por el picor del cuerpo. Voy pasando entre parejas danzantes con un cigarrillo entre los dedos y el humo falso que ni trago y de repente una aparición está en frente de mi, es ella, la doncella del hotel y entonces alguna pulga me picó en el sol del culo porque se me paro hasta el falo no más de verla y querer preguntar: “¿qué rayos haces aquí?” ella se anticipa y me dice que es amiga de la novia… en lugar de alegrarme causó en mi una confusión sobre si la esposa de mi amigo era de aquellas mujeres fáciles… uno no puede juzgar y tampoco irse a poner en los zapatos del otro… Y allí está ante mi una princesa que quiere bailar, embriagarse, atrapar el ramo, y casarse como las demás e imitar esa línea de vida que particularmente a mí me parece despreciable porque esto ya no parece humanidad sino una horda de animales desbocados a tomar lo que hay y sino contaminarlo, violarlo y dejarlo tirado… fingí felicidad mientras pude.

 

Los años color rosa

Charlie

Se camina por las nubes pensando todo será diferente de aquí en adelante.

Me había casado por amor, pero más porque ella estaba en embarazo. El miedo a que Dios nos castigase por traer sin su bendición a una criatura al mundo. Me ví un domingo en chanclas y con una cara de pastel, en una luna de miel de buenas palabras y costumbres, en la plena fantasía de tener lo que otros no, y critique lo que me estaba perdiendo por andar como un vago y alcohólico poeta. Lo que no calculé era que después de cuatro años estaría ansiando volver a ser el poeta y el vago alcohólico. El peso de la responsabilidad me vencía. Un día desperté y ví el rostro de mi esposa al frente y la desconocí… fuí buscar mis libros y a mis amigos y floreció en mí un sentido revolucionario, el mundo no podía esperar a que yo despierte… y como Mahoma abandoné el lecho, con la premisa de que uno no le pertenece a nadie y que un anillo en un dedo no quiere decir cosa diferente que una corbata en el cuello: esclavitud.

Los que apenas saben escribir

César Vélez

“Oigan a esté” el César levanta la voz e indica su plexo solar y sexual… Pobres feministas con sus criterios enredados…. Un Ginecólogo nos da la mano y nos limpiamos con las medias… pronto tendremos mas de 40 y tendremos igual reacción con el Urólogo… Charlie dice que se está masturbando todos los días para no tener problemas con la próstata “¿Por qué mejor no te casas?” le digo, pero él dice que sale más costoso. Una potra nos trata de convencer de tomar café, de hacer el amor sin condón, de preferir el sexo a la televisión; gracias a eso inventé un cuento que se llama: la noche de las barriguitas infladas y trata sobre unas colegialas que tratan de quedar embarazadas sentándose en las tazas de baño donde saben eyaculan sus compañeros haciendo sus primeros tiros… Las mujeres no parecen una amenaza, pero basta con ver lo torcido que tienen al mundo, como a un pene al darle sexo oral… Charlie dice que no nos pega ningún libro, ni cuento, eso debe ser a su criterio porque no hemos escrito en serio ninguno, le protesto y él a la vez insiste en que el cuento de las colegialas no se lo cree ni Mandrake, en primer lugar porque el semen debe es inyectarse intra – muscular (o vaginal o lo que sea) y en segundo lugar porque hoy en día las colegialas violan a los maestros. Amén.