Estos días

El Tapita

Yo alunizo en mi esquizofrenia heredada.

A César no le gustan esos edificios porque dice que de repente sobre su cabeza alguien estará haciendo sus necesidades fisiológicas. O haciendo el amor o sufriendo cualquier dolor de esos que se sienten en el alma.

Alguien inclina la botella y algún otro insemina un óvulo por una eyaculación precoz.

Todos nos debemos ir algún día, pero por estos días debemos hacer algo distinto con nuestras vidas, inclusive pensar que sobre nuestras cabezas e incluso bajo nuestros pies ocurren cosas dignas también de la vida.

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Los incomprendidos

El Tapita

La genialidad no calza en ninguna realidad.

La cotidiana manera de la gente crear la realidad, la de levantarse muy temprano y trabajar para otros que son los ricos… La manera de quejarse del gobierno que se alza cobrando lo más… Lo que nadie quiere ser: un incomprendido. Uno que se atiene a lo que dice la física continua, que no conoce de extremos, ni de Leyes correctas, uno que no desea sino el éxito de sus ideas, aquel al que la gente detesta porque no calza dentro del rompecabezas “de lo correcto”.

Un loco que va dimitiendo de cuanta idea se acomoda, uno que gesta el caos en solitario y se convence de que son los demás que actúan con la estupidez. Un tipo o una mujer en la naturalidad del flujo que da el destino y que nos convoca a todos en la cascada final en la que la naturaleza ha decidido será nuestro fin.

La noche y el placer 3

Alexis Mendoza

A César se le aparece una chica con semitransparente telar blanco y desnuda en el fondo y el tipo bota la baba de su órgano más primitivo… Qué fácil es eyacular cuando no se tiene otro oficio… César dice que es igual de criminal aportar un vivo al mundo que un muerto, el primero parece viene a resucitar ya cumplir el rito de recorrer el camino para al fin entender que era importante ese camino y no el destino, quizá esté vivo se suicide, o quizá maté a alguien más. Del muerto si no se puede hablar mal porque está en paz con el mundo y consigo mismo.

La noche y el placer 2

Alexis Mendoza

En función a que el escozor a uno le carcome los testículos nos vamos a la cascada nudista. Es un lugar sin pudor y sin la consabida y elemental vergüenza por la naturalidad de las formas. Allá las chicas se cercioran de continuar vírgenes y otras en cambio compiten a ver cuál es la que más ha recibido el impacto de meteoros. Una que otra exhibe la cesárea reglamentaria. A nosotros nos toma la noche por sorpresa y entre matorrales escuchamos los quejidos orgásmicos de las parejas que quieren cambiar el rumbo de las cosas. Las aguas por lo tanto lavan todo y nosotros nos vamos antes de que nos corrompan las formas fálicas y profundas del oscuro sitio de donde resucitan los muertos… SIGUE…

La noche y el placer 1

Alexis Mendoza

Un ciego siente su primera erección. Yo postergo el placer para otro día. El reloj marca el comienzo de la noche y la marea sube, igual mi presión sanguínea en cuanto van pasando las jovencitas con fachas descabelladas y perfumes comunes. Unas huelen a maní otras a pescado. César es un catador experto y me recomienda una chica con la piel flácida y la vergüenza en los ojos. La doncella me dice que acaba de atender a dos tipos que la azotaron los dos al tiempo ¡Por Dios! César ya no disfruta tanto del sexo sino de escuchar como las demás chicas simulan el orgasmo para cobrar y acabar. Mi chica me agradece el tiempo de desvelo y sueño, acomoda sus ropas y se prepara para el siguiente cliente. Con una mirada lastimera antes de irse me dice “entre más mujeres en este oficio, el pago es peor” SIGUE…

Todos desaparecen

César Vélez

La mierda desaparece como todo.

Una encrucijada en el papel, enredos por doquier: el amor, el papel moneda, la necesidad de afecto y reconocimiento.

Los días en blanco aunque sigo sonriendo.

Un elixir de felicidad es el tiempo que se va acabando y sentencia a las personas que uno odia con más fuerza.

El agua se evapora. El sentimiento se entierra.

Yo y mi sueño nos vamos adaptando a no ser.

La nada gobierna el quehacer.

 

Invitación para un caos

César Vélez

Los pantalones no dejan de ser cosa de machos.

Las violentas insinuaciones de parte de las mujeres me tienen confundido. Quitarse el vello de entre las fauces y entre las nalgas no debería ser obligatorio. Uno es el animal especifico de la creación y debería subsistir en ese caos; pero la realidad es que todo se consuma en el hálito crepuscular del sexo y la sensación. En la indomable forma de responder a una invitación hipócrita, en la sentencia de que la urbanidad solo sirve para bajarles el calzón a las doncellas y pedirles el favor de que planifiquen lo que uno no puede: el futuro.