La mechas de la Jimena

Charlie

No era la mujer de otro tiempo, de su cabellera no quedaba ni la sombra, ¡si parecía una palmera! y ahora si apenas un coco… Cuántos de sus amantes no la sometieron por el cabello para empujarla y soltarla, cuántos no durmieron en sus cabellos de almohada, si ella podía ahorrarse vestidos ya que sus cabellos le tapaban toda desnudez. Cuánto no extraño acicalar su cabello que olía a frutas… Y ahora si apenas su cabello oculta su cráneo, ¡pobrecita! tendrá frío, no hace mayor caso, solo se lamenta haber perdido su linaje y ahora los amantes tendrán que contentarse con el resto… Solo es cuestión de estética se dirá, pero es que basta una idea contraria para perder el impulso.

Un papel para el idiota

Charlie

El tipo se queda expectante frente a la ventana mirando la página en blanco y luego le dice al señor que esta afuera asomado en la puerta:

– ¿Se podría hacer algo por ese papel que yace pagado en la ventana y está en blanco?

– No está en blanco – dice el señor – decía algo y el sol y el tiempo terminó por borrar lo que había escrito allí –  pensó esa explicación daría fin al misterio. Pero el tipo volvió a examinar atento el papel pegado en la ventana. Vuelve hacia el señor y le insinúa:

– Y si el mensaje fuese importante ¿de qué nos estaríamos perdiendo todos?

El señor toma aire, y luego le explica al tipo que el mensaje no es nada importante y que no ha quitado el papel únicamente porque quizá alguien crea que decía algo como “casa vigilada” o “cuidado perro bravo” de todas maneras el papel cumple su función: obstaculiza un poco la entrada de la luz y adorna la ventana vacía.

– Por qué no mejor despega el papel de allí y me lo entrega, yo escribiría un poema o haría un dibujo o un plano o un dibujo – insiste el tipo…

El señor esta harto, finge estar afanado por algo y se mete en la casa, cierra la puerta y espía por entre las cortinas, el tipo sigue viendo el papel en blanco pegado a la ventana, trata de descifrar si lo que estaba escrito importaba.

El señor se aburre y trata de olvidar el asunto. No es hasta altas horas de la noche cuando escucha un golpe y luego cristales volando cuando se acuerda del tipo y adivina que ha roto la ventana para robar el papel, corre abre la puerta pero el tipo se ha fugado llevándose el papel. Al otro día vienen a reponer el vidrio y le dan la noticia de que el tipo debió cortarse al golpear el cristal – hay sangre en los pedazos – dice un trabajador.

Esa noche sucede de nuevo, el golpe, la rotura del vidrio y el afán del señor por dar con el tipo, solo que esta vez halla el papel pegado con esta historia escrita en él.

Yo comienzo a creer en los viajes en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un rayo de sol para mi cabeza

Charlie

Sale el César con un bostezo inmenso…

– Hey! ¿cuál es el afán? – dice la lolita de turno despertándose en seguida…

– No hay ningún afán, solo es la costumbre de madrugar y captar el primer rayo de sol – dice César…

El desayuno lo sirven frío, son las once… la mañana se va del todo…

Luego César da por perdido el día, la vida y la partida… por una mujer que no quiso despertar a tiempo.

 

No todas las respuestas están allí

Charlie

Yo traté de ocultar el sol para todos.

Mi dimensión, mi mundo, mi universo… yo me reproduje porque odié estar solo y jodido en esto, me casé por librarme del delito de andar por allí figurando como un rebelde, y en esencia el gobierno tiene razón, y la sociedad tienen razón un hombre solo es peligroso y además no le conviene al sistema. Y por sistema entiéndase aquel que nos mantiene pensando y no diciendo lo injusta que es la vida así.

Para no aburrirles, levante el veto del dossier sobre nuestras acciones antes de dar el sí frente al altar unos y otros volar por los aires hacia el más allá y otros hallar la bala perdida que tanto persiguieron.

Comienzo con la idea de que la vida en perspectiva es solo energía condensada por accionar de fuerzas desconocidas y que a la postre será del todo liberada, me resisto a creer que todas las respuestas estén de este lado.

 

Hay un suicida en mi techo

Betyna

– No te asomes tanto que te vas a caer

– Y si me caigo ¿muero?

– Quizá, hay gente que tiene siete vidas

– Como los gatos!

A veces la realidad me abruma tanto que tambaleo en medio del filo. En el colegio nos dijeron que Alelí había sufrido un accidente, mientras tras bambalinas se sabía que se había suicidado, rompió con su novio y se encerró en su habitación con una ración de pastillas que le detuvieron el corazón. ¿Dónde estará Alelí? en el infierno acaso. No. Ella está a lado de los que la quisieron siempre: sus abuelitos.

El proceso de la muerte debe ser como lo decía Alexis: una gota de agua dulce cayendo al mar, te diluyes en el todo, eres parte del todo. Y ya está.

A veces me gusta pensar en que nada tiene un fin, incluso aquella cornisa en donde me asomo para conocer la altura a la que si me someto quizá esté muerta el día de hoy o mañana.

Un lugar para cada cual

Betyna

Liz dice primero que a las siete, luego llama que a las ocho y llega ¡a las diez!

Eso si llega como si se hubiese vaciado la loción.

– ¿Qué hiciste? – le increpo… y ella:

– Nada… – pero luego pestañea rápido y dice en forma de confesión:

– Le besé… pero juro que al principio no sentí nada… pero luego quise más… – se avergüenza…

¡Pobres hombres! tratando de descifrarnos…

Yo envidio a Liz y para mis adentros me prometo besar a alguien también… ¡Pero una es una estúpida al querer imitar a alguien más! Que no es posible una misma ser más original y encontrar su lugar.

 

Los malditos malvaviscos

Betyna

Hemos salido de excursión, y para mi desgracia he olvidado la toalla de baño y también las chanclas… en la noche la ronda de siempre y la canción y la fogata y los palitos con malvaviscos en la punta para derretirlos al calor… Pero mi suerte tampoco cambia, el maldito malvavisco mío se achicharra y explota y se me enreda en todo el cabello, queda impregnado allí como una masa fusiforme que me causa asco retirar en público. Nos retiramos a las carpas pero yo huyo al río para lavarme el cabello… el agua esta fría y siento en la corriente miles de ojos mirándome, no me arriesgo a dormirme con el cabello húmedo, así que me acerco a la fogata. El Profesor que encabeza la vigilancia a sucumbido al sueño, la bolsa de malvaviscos esta por allí y me alisto a la revancha, asomo a la llama y de pronto estalla de nuevo como si fuese un gusano relleno… de nuevo sufre mi cabello y para colmo el Profesor despierta y me sentencia de arreglar mi desacato el martes siguiente.