Algo de mí está parado

Alexis Mendoza

Alguien tiene que ser uno para dejarse influenciar así de mal por estos Profesores. La Maestra rebuzna, los alumnos dicen que sí con la cabeza. Yo dibujo a la más linda del salón desnuda y me salen torcidos sus pezones, mi compañero me la oculta y me toca soñar. Todos ríen, un bulto sobresale en mi pantalón, no es mi pene estúpidos es el lapicero de un bolsillo que se quiere escapar, ya quisieran las nenas lo tuviera así de firma, se me lanzarían hambrientas para que les quite ese telar entre pierna y pierna. Unos tontos en el recreo me enseñan en una revista a una mujer desnuda, yo les enseño el dibujo de la chica con los pezones torcidos “deberías ser dibujante” dice uno, y otro me compra el dibujo por cinco pesos para ir a masturbarse con el a los baños. Alguien me reta a tocar la campana y acabar con el recreo, a la campana le tiro el libro y suena destemplada, se cae con todo libro y minutos después ante mi está una hoja que tengo que firmar para acceder honoris causa a la matricula condicional. Las chicas me miran y susurran entre ellas, me vuelvo a poner el lapicero en el bolsillo y aparento se me ha parado algo, la Profesora me pilla y me saca del salón, salgo con el lapicero parado entre las piernas y la risa de todos. El Señor Rector busca en su escritorio mi expediente, ya no está, lo hice pedazos y lo fui a tirar a los basureros de las chicas, mañana estaré de vuelta para ver si han decidido ser mis novias, llevaré el lapicero parado entre las piernas para anotarlas una a una.

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Parálisis y sueño

Alexis Mendoza

Oscuro. No puedo dormir. Cuento los hilos de una telaraña. Pienso en la entrepierna peluda de Susan la más vieja del salón. No tengo ganas de masturbarme. Mi boca está seca. La ventana nada que se ilumina. Es muy de noche todavía. Mi pierna se cansa y me envía un calambre, con saliva me hago una cruz. No funciona. Oigo la ducha de la casa de alado, se estará bañando la morena Guadalupe, con sus senos danzando, no se le puede ver más. En la otra casa suena una licuadora, debe aclarar en cualquier momento. Alzo los brazos, muevo la cobija y miro el reloj, faltan cuatro horas para el amanecer, y lo que he oído lo he imaginado.

Tengo la sensación de que hay alguien en la habitación ¿Susan eres tú? pregunto y luego me río.

Escarbo en la pared y el yeso se desprende fácil hay una agujero y puedo ver al otro lado el oscuro baño, por allí puedo escapar. Se enciende de repente la luz y entra la morena y ahora le veo un roto monumental, le acaban de hacer el amor y su sexo queda dilatado y mojado, huele a tomate maduro, ella se ducha y yo me humedezco.

Me quito el sueño con un baño reparador y voy al colegio, los estudiantes tienen cara de no haber dormido – Es por el examen – dice alguien, yo no tengo miedo a saber más que los demás. El escritorio de Susan está vacío, el Profesor llama la lista, Susan falta a la clase. Respondo el examen en lo posible inventando lo menos posible. Susan a esa misma hora duerme su sueño eterno, el corazón se le detuvo cuando pensó que es su habitación había alguien más. No lo sé. Quizá yo.

 

Yo rezaré por tí

Alexis Mendoza

Un chorro de agua cae en mi cara, me esperaba me caiga el mundo encima, no me inmuto. La vida se me ahoga en la garganta pero un escupitajo por poco me deja sin alma. La vida sirve para contagiar vida. Lo entendí cuando sentí aquel cosquilleo en la punta del pene. El Profesor de Educación Física me dijo que solo había una manera para quitarse la picazón, frotar el pene contra una vagina. Pero yo descubrí luego que el fuego surge de frotar dos cosas cualesquiera. Al Profesor lo denuncio una alumna porque según ella no hacerle contar el sexo como deporte y ponerle mala nota; la puso en cuatro a ella y le puso dos en la nota. Al Profesor lo encontré ebrio el otro día frente a una palma, me llamó y me estiro un montón de billetes “te pago y me ayudas a vengar mi honra” y como era yo pobre, acepté. Supuse el Profesor a lo que se refería era a limpiar su honra y tenía que ver con la chica que le denunció, así que la busqué, pero casi ni la reconocí, tenía pechos más firmes y un olor a caña dulce, todo educado le dije que cambiará su versión de lo que con el Profesor había acontecido. Y que nada. Ella andaba a la caza de otro ingenuo Profesor, la vi meterse a la boca cumplida su pastillas para evitar quedar en embarazo e insinuar a las otras chicas que ya hacia y deshacía con sus encantos. Le enfrenté un día para volver a pedirle que reconsiderara su versión sobre el Profesor, me volteo la cara, se me ocurrió luego cambiar su píldoras, pero cuando iba a consumar mi venganza salió la noticia de que el Profesor no había resistido la culpa y se había suicidado. Estuve tentado a ejecutar la venganza pero se la dejé al karma, con el dinero que el Profesor me procuró pague tres misas en su nombre y con el resto del dinero le llevé flores a su tumba hasta que no quedo un peso. La última vez que vi su tumba le prometí que iba a rezar para que todo pueda suceder.

Colgado del lastre rumbo al precipicio

El Tapita

Yo adiviné pero fingí deducir está realidad.

– No necesito tu compasión, solo quiero marcharme y ser yo misma

– Tú sabes que valoro tu libertad por encima del sentimiento que me une a ti

– Eso lo dices pero no lo piensas ¿algún día cambiarás?

– Yo nací para cambiar siempre

– No te entiendo ni tú a mí, mejor es callar y no mirarnos más

Así finalizo ese día, y la historia de dos personas que se dijeron tantas cosas bonitas, pero que por designios del destino ya no pueden estar juntas nunca más.

– ¿Por qué te ríes? – me pregunta la bruja Cristal

– El amor se parece tanto a la poesía, ambos hay que componerles y evitar a toda costa forzarlos…

Cristal me ve solo, enfrascado en una angustia existencial cuyo peso es tan absoluto que provoca toda esa filosofía que dice ella es nociva para mi pero es un tesoro para los demás.

Cristal dice que el amor es como un auto que siempre tiende a vararse y lo puede dejar tirado en medio del tráfico social, los que vienen atrás te acosarán para que sigas adelante, y los que van adelante te compadecerán, hagas lo que hagas estás dispuesto al sacrificio de lo que quieres.

 

 

Incertidumbre bajo las estrellas

El Tapita

-¿Qué sigue después de un beso?

– No lo sé, creo seguir amando y aguantando

Nadie. Repito, nadie le había regalado un billete de tal denominación, por un momento ella creyó estar soñando, pero sabía que esa noche aunque durmiera bajo techo tendría esa prédica “¿En qué gastar ese dinero?” Pensó en ahorrar parte para los días difíciles, y la otra comprarse algo de ropa y también algo de comer, pensó en tratar de ayudar a alguien o dar a la caridad.

– Muestra el billete – le dijo la Komar

Ella lo guardaba en la faja. Casi temblando lo alardeo ante sus ojos que no podían dar crédito a que alguien pagará tanto por acostarse con una mujer de ese aspecto.

Lo examinó un momento a contra luz y dictaminó en seguida:

– Es falso

Ella se afano a arrebatárselo, temiendo la mentira, sospechando la envidia. Pero luego más luego se recrimino así misma el hecho de no haber revisado bien el billete. De todas manera lo iba a llevar a donde don Paulo el Tendero del barrio para que lo revise en una maquina.

La hallé llorando, sus lágrimas desteñían el papel impreso que antes era la esperanza de vivir holgadamente, don Paulo no más de tomar el billete ya dijo que era falso y en lugar de solidarizarse se arremango y le dijo – mi nena, ¿cuánto diste de regreso? – Eso dolió más porque había vendido su dignidad por ese pedazo de papel.

– Vendería todo lo que tengo solo para verte sonreír – le dije y ella apaciguo el llanto y no dijo nada, se separo un poco y miro a lo lejos. Vino luego y me asalto con un abrazo, estaba de nuevo llorando, susurro después a mi oído unas palabras “sácame de aquí”. Me congelé, mi mundo no era tan perfecto, quizá tenía más incertidumbres que las de si un billete es o no bueno, o si un hombre es o no justo. Yo no podría limpiar la imagen de otro, el pecado del otro y no podía apostarle al amor tampoco sabiendo que al final hay víctimas tal y como en una guerra.

 

 

Liberación sexista

El Tapita

El César era un casanova, les indicaba un billete y les decía “pago por tu silencio” y ellas quedaban con la boca abierta situación que aprovechaba él para besarles. Ninguna se quejó.

Era raro.

Las mujeres se quejan por todo.

Qué el clima, qué el tránsito, qué su fisonomía…

El hombre es sosegado, dispuesto a aceptar su suerte, al diluvio o al sol, al desierto o al montón.

La Maleja sostenía que la liberación femenina fue un fracaso frugal, en el sentido de que se le permitió a la mujer usar sostén de una talla menor para resaltar sus atributos y usar los jeans.

El sexo siguió sin variaciones, excepto por las poses, el ejercicio del sexo se parece cada día más a un ejercicio.

El César parecía no temer a el sexo opuesto, les criticaba su mimetismo respecto a el cuerpo, esa maña de tratar temas de sexualidad en la clandestinidad y algo imperdonable: crear mitos respecto a el amor y el sexo.

Por eso los que no tuvimos suerte con las damas preferimos la compañía de un arma, a la que con el equilibrio de nuestras Psiquis acariciamos, les pusimos nombre, les profesamos un cariño mortal, y les invitamos a sorber el tiempo y a solucionar el espacio entre sien y sien, en el corazón, en el paladar, todo para solucionar el enigma de la vida y aterrizar en otro misterio de la muerte y si hay o no otro cuerpo para esa alma en fuga.

César tenía en frente una dama dispuesta, con las piernas abiertas; nosotros teníamos nuestras armas apuntando también ávidas de un nuevo comienzo parecido a un orgasmo.

 

 

Overol para el amor 3

Emilio Suárez

Las mujeres perdieron su paraíso y su reputación, ahora susurran al oído de sus amantes para conseguir autoridad. De lo que se trata al parecer es vivir confundidos, sin saber para dónde ir y qué pensar, la tormenta hormonal confunde. A eso quizá puedo decir se debe que hay tan pocas mujeres inventoras (con el perdón de Madame Curie).

Pero el amor no ha sido patentado, porque nadie confía y solo es certera su disolución, el amor en sí mismo es una fuerza pero su fundamento suele cambiar de dirección.

Hay que vestirse y comportarse, hay que pretender hallar un punto certero en el que basar todo para girar sin obstáculo, porque la vida puede dar vuelta a todo y lo que antes era auténtico ser permeable a la duda.

Por eso es que tengo todo el tiempo para enamorarme, para elegir la pasión de lejos y con el mínimo de inversión, porque para el amor hay que ponerse el overol y estar desnudo a veces y otras estar expuesto al sacrificio a ganar o perder.