Autor: burdeland

Amante de la expresión popular, sencilla y costumbrista

Cuentos cortos para no señoritas 5

César Vélez

A uno le aburren esas insinuaciones de que uno se está tirando la vida y el sueño en banalidades. Y sobre todo la critica la hacen esas mujeres que sacan pecho lactante y dicen son de la extrema sociedad en donde no se aburren por nada del mundo. Pase cinco años en la comuna en donde levantar la frente era sinónimo de ganarse una bala asesina y me causó sorpresa entender a esas mujeres que a pesar de las noches de tormentas e insipientes huidas de la muerte se tomaban el tiempo para que sus hombres les fecundaran con el yogur cósmico, meses después parían con dolor a una nueva víctima de este conflicto. Bajé de esa nube y me instalé en un estrato 6 y las damas se curtían de colágeno, se operaban las tetas y la cola y lucían trajes de baño de diseñador y todo para alargar el vicio del amor disfrazado de interés monetario. Yo seré un vago ejemplar, con la enfermedad psiquiátrica más letal de todas y entonces la vida no me parece la gran cosa menos viendo que es muy artificial.

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Cuentos cortos para no señoritas 4

El Tapita

Charlie es un actor dramático de categoría, solo tiene que pensar en su madre alcohólica para empezar a llorar y hace el berrinche como niño de diez. En el cine  una señorita se ha quedado dormida o muerta, ya ni sabemos, el acomodador no aparece y tenemos la intención de solucionar el misterio en primer lugar porque la película es una tontería predecible y en segundo porque la realidad supera a la ficción. Charlie se encuentra un zapato, luego unas gafas con una sola lente, luego una peluca y con ello se disfraza va hasta donde esta la chica y le besa en una mejilla, a ella no le va ni le viene, total no es de aquellas que acostumbran a darlo todo al primero que se los pide, La chica no muestra compasión tiene un corazón frío, quizá hasta sea una rebelde del amor, Charlie antes de que la película acabe y todo lo demás también descubre que aquella señorita de tan decente calaje está es muerta… pero es porque solo es una muñeca de silicona con perfecta y escultural figura sexual que ha plantado el acomodador que no es ajeno a nuestra sapiencia.

Cuentos cortos para no señoritas 3

El Tapita

El sol me despierta con los pantalones abajo y el alma congelada, ya está de más que el coito ahora se exija como postre en medio de la fiesta. Yo no sé si la vida es una fiesta, lo que sé es que duele mucho. ¿A dónde irían a dar mis hijos?… a lo mejor la que los porta entre pierna y pierna ya ni recuerda con quién fue que se acostó… Y no especulen que a lo mejor empeora el aspecto del cuento, ¿Qué tal si fue un hombre el que me violó?, o una mujer… mejor imaginar lo bueno y olvidar lo malo. Amén.

Cuentos cortos para no señoritas 2

El Tapita

La monja hermana Sor Milagros está muy enferma. El confesor no demora pero ella dice que le reciba la confesión alguno, al César que ha servido a Dios siendo Monaguillo le encargan la misión, pálido acude al lecho de la agónica Madre quien le susurra cada debilidad, cada pecado y pensamiento impuro, César la atiende hasta que la hermana se va de sí. La arropa y en su acto le devela el curtido vientre arrugado con un par de tetas que son lastimeras por lo arrugadas. ¡Pobre César!. Es un milagro que Sor Milagros no haya muerto y a los días llame a César a prometer que no contará el secreto… “Tranquila madrecita que puede ser que antes me muera yo” le consuela el César espantado todavía de lo que las monjas hacen a escondidas.

Cuentos cortos para no señoritas 1

El Tapita

La virginidad es asunto nocturno y clandestino, se disipa la duda y la espada anida segura, la vaina es que dispara a quemarropa y vuelca de nueva la vida heredad de problemas cardíacos y de átomos rebeldes. ¿Usted sabrá decirle a una mujer la clase de mundo que a su hijo espera?. Blanquea los ojos el amante y el muerto queda viendo hacia el horizonte… César carga a la criatura recién nacida y pregunta ¿habrá algo más pequeño y encantador en el mundo? y Charlie responde desde lo alto – Pero claro que sí, una bala…

Entre libros y divas

El Tapita

Yo me eternizo cuando escribo.

Una plaga de animales se come los libros de la biblioteca del viejo Medardo, yo rescato las revistas Play Boy por un deseo de ver a Marilyn pero el viejo me dice que esas hojas las arrancaban para pegarlas en las paredes. “Un Cura se llevo toda la pornografía” dice el viejo, competir contra una deidad es extremo. La filosofía parece intacta en el tiempo, recuerdo al Charlie ebrio leyendo sobre Sócrates y llorando al final y deseando ese licor fuese de la misma cicuta. La chica de Charlie más se preocupa por el polvo y el desorden que por el contenido literario de esa biblioteca. Al último el viejo Medardo cansado de la inspección irrumpe a las patadas y hace del desorden un caos, le falto prender fuego a todo incluso a nosotros. Hasta que Charlie deja de llorar y se pone a leer las cartas clandestinas de don Medardo declarando su muerte temprana y bien que llego a los ochenta, Charlie se ríe de los amores que se revelan y de los diagnósticos que los Doctores no atinaron, las quejas a las empresas de servicios y también las tonterías escritas. Todo se derrumba como en las fichas del dominó, y la misión revelada es dejar algo para la posteridad así sea un mal cuento, un mal chiste o una historia que nunca sucedió.

Una migaja de pan para la gloria

El Tapita

César va serpenteando el camino por si un tirador apunta, yo voy más seguro con un libro que me cubre la cara. Una novia del César nos intercepta y se sobra con el saludo brindando una exquisita presencia entre perfume y besos, habla como lora la chica y no avanza un paso más se planta a poner al día a su novio sobre lo que ha acontecido, como toda mujer deja para lo último lo más importante. Después de dos horas subiendo la colina volteamos para divisar el panorama, a pesar del ejercicio estamos pálidos como fantasmas, la mala noticia es que Gloria una amiga de César sufrió una caída mientras lavaba ropa en el río se golpeó la cabeza y agoniza en su casa, lo más triste es que deja a dos niños uno de doce años y el otro aún de brazos, la tragedia es enorme para la familia porque Gloria era la única que trabajaba. César hace alarde de fuerza y accede a ir a despedirse de su amiga pero tal sufrimiento no es soportable para un mortal ver a un ser humano fallecer provoca un trauma, César no lo soporta ni yo y entonces me consulta la eventual manera de poner fin a una vida de forma inmediata e indolora, me indica su pistola y frunce el ceño por si yo puedo cometer el delito. Estamos en eso cuando adentro sollozos nos informan que todo ha terminado Gloria cierra sus ojos para siempre y nosotros hombres de tenaces sentimientos caemos de rodillas llorando como ninfas. Hay doce balas en la recamara César y yo solo deseamos dos para calmar esta pena que nos duele en el alma.