Es uno y su astucia

César Vélez

Se es el rival siempre, los otros son solo especulaciones.

El gobierno pretende hacerte ver para otro lado mientras roba.

Pero comienzas a dejarte gobernar por las hormonas y el qué dirán.

Uno tiene la certeza de que va para el lado correcto los que le desvían son los demás.

Uno se siente enamorado de lo que tiene pero los envidiosos no dejan que uno siga besando lo que quiere.

Planteo para el día de mañana la separación de la sociedad ¿qué cómo?, pues fácil inventaré el odio placentero que de tanto entrar y salir surtirá un orgasmo. Yo mismo les pregunté a los asesinos si matar daba placer “no lo sabemos” dijeron “pero lo que si nos dio fue plata para que las mujeres nos quisieran aunque sea por un rato”.

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Un tango y una fría

César Vélez

Que hermética es la mujer, hay que procurarse una buena llave para abrirle.

Toda la magia esta en poner cuidado, por ejemplo en el bus hay alguien que habla sobre un bar que ha quedado solo sin resguardo de Celador, pongo más cuidado y doy con la dirección, allí llego después, a merced esta todo, la rockola, la barra y la bebida por supuesto. a esa hora podría hablar por teléfono e invitar a mil amigos, pero recuerdo que unos están demasiado lejos, también podría beber cerveza o cualquier botella de licor fino, pero no, odio ese orden, esas puertas, esa sociedad, se me viene a la mente más de un nombre de una chica para emboscarla a traición… renuncio también a esa idea, quiebro los tacos de billar, y las bolas las estrelló en la pared, suena un tango de Gardel “Cuesta Abajo” y bebo mucha agua fría, y me embriago de la noche, los dueños del lugar estarán en un picnic o más allá Pobres!

Hago mil llamadas y cuando me piden la dirección cuelgo, no sé nada.

Vendería ese lugar y del producido lo daría a los pobres.

Cuento los minutos y luego renuncio a todo, es la forma más simple de ser feliz.

 

 

Para no morir

César Vélez

Uno es frente al mundo una idea que se borra.

Dormía con el arma bajo el almohada pensando en el día, imaginaba una mala noticia, un mal diagnóstico, una redada, una emboscada.

A mi lado una dama, a veces más peligrosa que la misma arma.

Yo respirando, el arma esperando su turno.

Mil veces la quise distante, ajena, muy diferente a mi.

El día que la autoridad la encontró en mi cintura enredada, tuve que decirles que no era para dañar a nadie, solo era para que no me maten – Y a usted quién lo va a matar? – dicen, yo les respondo que cualquiera y para adorno señalo a una mujer sospechosa. La autoridad me esposa y me dice que está para protegerme, y a ellos quién los protege?… El Señor Juez me tira al calabozo y me sentencia a cuatro años, en la cárcel aprendo a cocinar y a pensar como cualquier mortal.

 

Perdóname Padre porque he pecado

César Vélez

Uno es un estorbo, un grano de arena en el desierto. Una nada.

El padre bendice nuestras armas. Al Alexis se le ocurrió llevar hasta la cauchera.

¿Quién osa andar haciendo lo que lee en el Quijote?

Esas armas no apuntarán a otros sino a nosotros mismos, en el peor desespero, en la peor adversidad, y por método de selección natural no dispararán sino a su tiempo.

El Alexis en el Confesionario se porta como en cualquier tienda de barrio pidiendo le cambien una cosa por otra, que si no sus mamá lo matará.

“Hombre yo tuve que inventarme unos pecados: qué he mentido, qué he tenido malos pensamiento, qué he deseado a la mujer del prójimo… etc…”

Y uno lo que se viene ganando es una hostia, y bueno una acción de perdón que no llena, que le provoca seguir pecando para tener la próxima vez algo para contarle al Padre, que debe estar aburrido de su celibato: por ejemplo la vez que le hice cosquillas a la vecina y no en el ombligo, sino más abajo.

todos estamos en las manos del Señor.

 

Más oscura que la noche

César Vélez

Yo usé a las mujeres a conveniencia y las sindiqué de peligrosas, todo eso por miedo a que ellas supieran conquistar más mundos que los hombres.

Un oficial de la Ley aparece en la esquina, Charlie esta perdido en su ebriedad, no podemos correr, ni hay lugar para ocultarnos, en una cajilla de agua oculto el arma. De seguro la esposa de Charlie fue la que llamó a la Ley. Me dan ganas de fingir estar ebrio y sentarme a lado de Charlie, pero no soy actor, el actor esta noqueado por el alcohol. ¡Como odio ese líquido que solo te hace aceptar las cosas como son! FEAS. Bien dicen que cuando Dios cierra una puerta abre una ventana, y un psssss! me asusta primero, un rostro se asoma, es una hada, este trasnocho me tiene imaginando cosas, si no es más que la vecina en su pijama que parece una bruja de las buenas, su plan es rescatarnos ¿de qué? me pregunto, si van a venir unos oficiales de la Ley y nos meterán en una patrulla y nos patearán los bajos ¡me resisto! quizá me dejen estéril. El oficial nos pierde de vista mientras dirige a la patrulla que viene ululando su sirena y de repente somos fantasmas: yo, Charlie y la vecina ¡plop!. Las mujeres quieren respuestas y yo le pregunto a ella el ¿por qué? “él no es tan malo, un día no tenía para la comida de mi hijo y me tendió la mano”. Acostamos a Charlie en un mueble y yo me tiro en el suelo, pero la vecina me ofrece su lecho, a su lado pues quiere que descuente el favor. Y yo muy torpe divago si he de temer que el señor de la casa llegué de un momento a otro y tenga que huir. “El único Señor aquí es ese” me dice indicando un Cristo. La noche de ese dí fue la más larga. No pude dormir.

 

De uno en uno

César Vélez

La tarea esta hecha pero la lección no está aprendida.

La gente piensa que estamos ebrios, pero es el sueño que nos ahorramos la noche anterior para vivir más, pero no mejor. Un trueno ensordece el panorama, la gente corre porque al parecer va a llover, a nosotros nos sienta bien la lluvia, ya nuestros cuerpos huelen a madera. Uno es el Pinocho del cuento. Esta realidad es fundada en los sentidos, o sea es falsa. La autoridad nos persigue porque no hacemos lo “normal”, que lindo fuese que siguiéramos los protocolos sociales como encontrar pareja y repetir la faena. En cambio regamos el licor, escupimos los cigarros y respetamos a las señoritas cuya virginidad las hace inmaculadas. Eso no le conviene al Estado. No tenemos identificación porque salimos tristes en la foto. Y al más simple signo de peligro saldremos tiernos e inmunes hacia el otro lado.

Días Difíciles 4

El Tapita

Hay una pelea de una pareja, la gente viene a aglomerarse más por curiosidad, esperan ver la violencia que a la televisión se le escapa.

– Hombre, si eso del matrimonio es para machos – dice el Partisano, pero le alzamos aver y sonreímos porque a todas estas él no se ha casado, el único que le dio por eso fue al Charlie y ahora tiene su trinchera.

La pelea de la pareja termina en una reconciliación vergonzosa, más por apartar la mirada de la gente, la multitud se dispersa, unos se van a besar a sus esposas, otros a cuidar a sus hijos… nosotros a conciliar el sueño a ver si se nos quitan las ganas de seguir solteros… pero no.