Los rebeldes de la machine gun # 4

El César

Me miro al espejo y me asusto. Una cana!.

– Charlie, no se vos pero lo que soy yo no me quiero morir de viejo –

Charlie me mira desde el rincón, se aprieta un barro de la cara. Luego se incorpora y dice divertido:

– ¿Y qué otro remedio queda? –

Al parecer la existencia es buena teniendo ya elegida la partida.

Lo intenté una y otra vez, me rendí, enfurecí a una mujer y no me mató, me entregué a la Ley, salté de un puente, me quise pegar un tiro, me intoxiqué…

No dormí por cuatro días y cuando volví medio ebrio las balas me decían al oído que no era mi turno.

– Charlie, en serio yo estoy pensando que soy inmortal, y solo hay una posibilidad de comprobarlo… –

Charlie se fuma un pucho de cigarrillo que tiene colorete de mujer, y se bebe el concho de diversas botellas:

– ¿Estás loco? no bebas eso no es alcohol, alguna de las chicas ebrias se orino en una de las botellas –

Charlie me explica que es mejor beber orina que alcohol.

 

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Los rebeldes de la machine gun # 3

El César

Unos puntitos atraviesan el cielo. ¡Son ovnis! dice el tartanguito. Parecen imbéciles les digo yo, son las balas de los comandos.

Micaela prende la vela y cuando se despide el Roger le abraza y en la frente le traza una cruz. Micaela y Roger tienen un bebé de meses, ella trabaja en las noches de Mesera del bar de la cuadra. Roger “hace encargos”, eso que escribí entre comillas quiere decir que cobra deudas ajenas que a veces por imposibles de saldar hay que levantarse con la vida del ingrato.

Hombre -Roger – le digo yo con una novia tan bonita y un crío de pañales no le apostara a esta guerra ¡ni loco! pero él dice que hay que rebuscarse el caldo.

Ahora le temen a la nueve milímetros, una escuadra que es automática y carga 16 tiros, no se envaina y es certera. Los demás tienen esos totes oxidados que escupen con chispas. Ya la tartamuda no la cogen porque sale cara la parranda, la tartamuda sepa usted es la metralleta. El changón sale económico y efectivo suena, y dispersa balin.

El Roger esta parado a lado de un poste, espía un negocio, cuando ve la plata segura arranca y cobra. ¡No me jodas! dice el otro queriendo decir ¡No me mates!. Esa noche no hubo bala.

Roger llega a cuidar a su hijito mientras Micaela se enfunda la minifalda, va de nuevo tarde, Roger piensa en que su mujer esta buena “no te demores” le susurra mientras le despide con una palmada en la cola.

Roger se queda mirando televisión. Afuera el silencio es siniestro.

 

Los rebeldes de la machine gun # 2

El César

Para colmo un mugre cae en mi ojo. Han de creer!. Afuera las balas vuelan como avispas.

¡Esto es el colmo! antes nos matábamos con el filo del acero y hoy con pólvora. ¡Vivan los chinos!

Ya no hay combate cuerpo a cuerpo ¡que así se maten los pobres y los borrachos!

La metralleta escupe sus últimos tiros y parece atorarse, esta ronca de seguro se recalentó. Por la ventana las sombras comienzan a desfilar aprovechando escampa. Golpea alguien la puerta ¡es que nadie atiende! Si yo. ¿Qué quieren? Armas compa!, ahhh! allí esta el fusil del abuelito que guerreo en el conflicto con el Perú, a ver!. Ese hierro viejo tira una munición como arveja pero suena como un cañón.

Jesucristo! el mundo se está acabando. ¡Perdón Dios por tantas tonterías que hice y dije!. María virgencita mía te amo!.

Vuelve la metralleta a coser el aire con su ráfaga: tra,tra,tra! tra, tra,tra!.

El abuelito se mece en su silla, ya no le tiene miedo a nada, lo que vino al mundo a hacer ya lo hizo… tra, tra,tra!

¡Mataron al partisano!

Hijos de Puta!… y los gritos. Una ambulancia pasa a kilómetros llevando a una mujer que esta de parto… Bien o mal decía el difundo partisano que los muertos de hoy se reparan en una noche porque la gente la tiene gruesa para culear…

Pobre partisano y pobres nosotros!

 

 

Los rebeldes de la machine gun # 1

El César

Un soplo mueve la cortina y la noche se aclara ¡otro incendio!

Los bandoleros hacían de las suyas, armados de antorchas que tiraban en los techos, cabalgaban y huían, guardaban sus rostros tras una franela.

Así perdí a mis padres y yo me salvé por la manía de desobedecer. Ese día me había ido a jugar en un charco. Y cuando volví vi la casa en llamas y la gente con las manos en el rostro viéndome como si fuese un resucitado.

No tuve más familia que mi abuelo materno. Un viejo que si apenas sabía leer y escribir.

Y un día ya no eran los forajidos de siempre sino unos campesinos dotados de armas que la emprendían contra las fachadas pintando mensajes y luego de hacer unas ráfagas se iban.

De rodillas mi abuelo y yo le rezábamos al alma de los nuestros para que no permitieran que una de esas balas nos tocasen.

No tuve rencor con los asesinos de mis padres, la vida me fue prospera y cuando tuve el poder y el dinero a lo que le tenía rabia era al mundo y no tanto por sus tretas como si por sus ironías y contrariedades.

Continúa…

 

 

La emboscada

El César

La voluntad nada tiene que ver cuando se nace ni cuando se muere.

 

Un explosivo se detono al paso de nuestro auto, uno de los escoltas al que le decíamos de cariño el Ratoncito al parecer dormido no tuvo oportunidad y se golpeo la cabeza. El otro escolta sordo contesto un fuego de fusil. Paso el peligro pero quedo la duda, ¿dónde es que se debe morir uno?.

Pero uno no es dueño de ningún destino, los papás de uno se acostaron y en un levante ya uno estaba hecho.

Emilio llega a ponerme suero porque de tanto llorar a mi escolta me he deshidratado, pero a veces lloro por mí mismo.

Ya débil le digo a Emilio que a la próxima emboscada si caeré.

Porque esa vez nos salvo fue un camión que se atravesó y los de la emboscada perdieron visión, les alcance a gritar cuando se iban: “¿para qué dejan a la serpiente con cabeza?”, los pobres ya no sabrán nunca la respuesta.

Un café en las nubes

El César

– Amor ¿Por qué no me prometes algo eterno?

– Nada es eterno ni el amor, ni de la muerte estoy seguro es absoluta…

Comienza la lluvia y hay que irse a proteger a un techo cercano, la gente aplaude el espectáculo majestuoso que se da, uno de los meseros entre murmullos secretos le cuenta a otro que en esa cascada muchos han muerto, los suicidas escogen días como ese lluvioso para que su proyecto tenga éxito, sino mueren a la caída, si morirán ahogados.

En eso un chico se arrodilla extendiendo una sortija a su amada pidiendo matrimonio.

La gente vuelve ha aplaudir.

– Amor ¿Cuándo me pedirás matrimonio?

– Nunca. Ya te dije que no creo en nada…

La gente grita cuando ve como una silueta se asoma entre la niebla y se somete al vacío de la cascada, un chico ha saltado, unos corren a intentar divisar el cuerpo entre el agua que cae, no divisan nada, y como la lluvia arrecia vuelven diciendo ¡es imposible sobrevivir a eso!

Los meseros distribuyen café para calmar los ánimos.

Yo en cambio digo en voz alta:

– No puede ser el mundo más irónico que unos se casan y otros se matan ¡no sé qué será peor!

La muerte donde sea nos espera.

 

El perrito faldero quiere ver el cielo

El César

Has visto una vagina peluda hoy?

– Ya que no

Pardiez! toda esta incertidumbre para nada, para partir del mundo culpable y con un prontuario judicial prominente y estas musas solo quieren irse con el vientre plano y las tetas llenas de silicona…

– no solo se ponen tetas

Este universo es bazofia

Nadie nos dijo que debíamos evolucionar para llegar a ser más idiotas… prohíba y verá

Ya no me gastes más balas apuntándole al sol, mejor apúntate al corazón.

Algún día seré feliz, tendré un trabajo estable, un auto, una esposa fiel, un televisor, un sillón y una granja. Seré el perrito faldero de una mujer que camina embestida en una falda, ella me prohibirá entonces mirar hacia arriba… ¿Por qué?… simple, si mira arriba veré su vagina sin depilar y quizá lo confunda con un solo y le seguiré por siempre.

¡Pero no todo puede ser tan perfecto!

yo prefiero ver al suelo donde entre sombras que van y vienen hay tantas posibilidades, hasta muerto uno no pasa del suelo.