El coleccionista

El Persa

Mambrú se fue a la guerra hay que dolor que pena…

El Lázaro fue embrujado por esa enfermedad que les da a los que nada tienen que hacer en esta vida ni en la otra de coleccionar, pero el idiota fue a coleccionar encendedores de colores y él ni fumaba, solo que tanto arrumar los gaseosos elementos fue a un escape y una chispa a dar buena cuenta del resto de sus cosas: la ropa, la cama, el baño, la casa… Yo mejor le dije que coleccionara novias o hijos, duran más!

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Son tan ricos que solo tienen plata

El Persa

Con la plata puedes comprar un yate o una mujer, aunque el yate se te pueda hundir y la mujer también.

El viejo prefirió quemar el dinero en el patio a donarlo a la caridad, la guardia dijo que no pudo detener el fuego y se quemó también la casa. Creyó el viejo que eso se lo llevaría para el cielo o mejor el infierno donde seguro fue a parar por avaro. Luego bien luego apareció la viuda que le traiciono con otro señor a reclamar su parte y nada halló salvo los papelitos chamuscados, y los muros calientes, luego llego la hija viciosa ella a ver su parte y nada, ambas madre e hija lloraban la desgracia de haberse topado con un viejo tan tacaño y la gente a las pobres les daba sino pañuelos alguna que otra moneda, yo a la hija le hice un guiño y a parte le dí mi porro de mariguana y le dí mi tarjeta de gígolo por si el hambre sexual apremía.

 

Que se alcen las faldas

El Persa

Con esa mano de géneros ya no se sabe al fin quién es quién.

La fantástica amazona se sienta de lado en el banco alto de madera, su fragancia se filtra por doquier, César dice que va a comprobar que es un hombre vestido de mujer, pero el muy torpe va viendo si debajo de la papado e incluso en las axilas hay algún pelo ¡nada!, y es la ocasión de Charlie quien se asoma a la barra y pide un trago mientra se hace el que se le cae algo y trata de ver por el corte del vestido ¡tampoco!, en esto llega Aleja y entra en el concurso y simplemente va conversa con la bella amazona y luego de un rato vuelve con la razón de que sí que es un hombre. César queda indignado y pregunta sobre cómo le hizo para saber, “Le pedí una cita” dice sin más.

La margen del río

El Persa

Y como no hay a quién disparar nos ponemos a entrenar puntería sobre el río que azota muy haragán pero desde la otra orilla unos agentes del orden nos gritan que nos quedemos en donde estamos, de seguro piensan somos los irregulares de siempre, pero la verdad es que portamos los permisos y documentos que nos acreditan dueños de armas y aprueban nuestra condición psicológica para disparar, los agentes del orden tenían la intención de atravesar el río y en eso viene la creciente y desisten mientras nos gritan que nos quedemos congelados allí, pero seguimos disparando al agua a objetos que van pasando: un plato, una mecedora, un banco, un florero, luego de todo fuimos arrestados no por porte de armas sino por daño en propiedad ajena.

Heridas obtusas

El Persa

A la vida hay que buscarle el modo, porque siempre pega primero y sin avisar, y por eso esas caídas son letales y es difícil levantarse.

El Teacher viene con su bolsa de fichas para jugar a la lotería otra vez, el domino ha quedado ya desbaratado desde que el César lanzó por la ventana las últimas fichas. También el parqués y el ajedrez, el uno porque el tablero está hecho añicos y el otro porque alguien mordió los dados hasta volverlos redondos. Pero la lotería si es más prudente las tablas son de cartón y los números que salen se van señalando con maíces, aunque el César a una tabla le haya pegado un chicle, sin embargo como en todo juego no falta el mal perdedor y el César relincha, hace pucheros y dice que él ganó y tira su tabla y tira sus maíces y se enfrenta al sistema como si todo fuese serio, y como el calor y el odio afloran nos trenzamos en un combate cuerpo a cuerpo con los puños por delante esperando ganar en este nuevo juego llamado violencia. Ya a la tarde tenemos hielo sobre los moretones y labios y cejas partidas y nos reímos considerando que al menos nos sacamos al diablo de las entrañas y lo lamentamos por las mujeres que no pueden pelear así y sacarse tanto resentimiento y amargura.

Todo evoluciona

El Persa

Nada está quieto, todo se mueve, solo esta cultura parece quieta, la cultura y la religión que dice que Dios está por allí ocupado espiando pecadores, qué va si yo fuera dios lo que andaría es haciendo fiesta con la creación tan imperfecta, dañándoles los espejos a las bellas y haciendo bellas a las feas, engordando a los flacos y poniendo velitas en las oscuras pailas del infierno. Todo se mueve y vibra, ahorita puede venir un meteoro y acabar con todo o ocurrir un sismo o caer el diluvio universal o mejor que hubieran más árboles que humanos y más animales.

 

La Biblia se hizo pesada

El Persa

Abanicando el bochorno en el púlpito el pecador se confesaba, más yo estaba pendiente de Rosaura, una bella señorita monumental cuerpo expansivo a una guitarra flamenca, Dios quisiera que hiciera frío para tener el gusto siquiera de ver sus pezones lascivos y erectos o el viento arreciara para que elevara ese vestido y siquiera tener idea en qué terminaba las dos largas piernas, tanto pensar de mi imaginación se hizo la realidad y ahora tenía una erección que me impediría caminar, Rosaura, Rosaura, Rosaura, repetía mi mente y quería que se diera vuelta y me mirara para verle el rostro y adivinarla con sed y yo ofrecerle sino agua bendita si mi aliento. Tan elevado estaba que no vi cuando la Biblia iba de mano en mano y quien la tenía leía un verso y al momento de tenerla en mis manos la deje caer y entonces surtió la magia: Rosaura volvió a mirar y nada, nada, tuve que cambiar de religión.