Hienas y piedras

Por Alejandra

– El César esta muerto! – grita al otro lado de la línea sin más preámbulo apenas si siente se ha descolgado el auricular. Me domino lo suficiente para preguntar “Está confirmado” y al otro lado la voz grita – El periódico de hoy!- Para mi es suficiente. Las llaves no aparecen, pero es lo último que me preocupa, tomo mi chaqueta y salgo casi al trote, paso por la portería sin contestar el saludo del Vigilante, busco un puesto de periódicos, ocho cuadras después recuerdo que en la portería siempre dejan un ejemplar del periódico, pero cuando quiero volver un taco de la zapatilla se enreda en una malla y queda estático, evito caerme, y es entonces cuando siento un nudo en la garganta y el deseo de llorar. Un señor de edad me ofrece una mano cuando me ve cojear, sin embargo le eludo para robar de debajo de su brazo el periódico. La noticia no esta en primera plana, tampoco en la página judicial, reviso sin embargo la fecha del día y coincide. Siento alivio, y sin embargo cuando de reojo paso la página de noticias sociales allí está!. Es una invitación a un servicio fúnebre, allí se lee el nombre de mi amigo. Siento que todo da vueltas, las lágrimas son fáciles ahora y el nudo en la garganta baja a colmar mi pecho. Llego descalza al apartamento del que la puerta ha quedado abierta y el teléfono esta descolgado y alguien está al otro lado de la línea “Quién?” – El mismo muerto – contesta. Y me desvanezco, mientras mi amigo al otro lado intenta explicar que tuvo que fingir su muerte para que lo dejarán en paz lo enemigos.

 

Antes de que nos mate el cáncer

Por César V.

Para ser feliz no hay que esperar nada de nadie. Eso fue lo que le dije a la chica que tenia junto a mí y molesta se dispuso a marcharse, ni tomo el dinero que le extendí – no soy una cualquiera – dijo. Pensé en decirle que es peor si “lo hace gratis” pero calcule su furia en la fuerza con que azoto la puerta de la habitación. Ella se debió ir creyendo que su entrega fue por amor. Afuera unos tipos le ajustaban cuentas a un pobre cristiano que no tenía para pagar el polvo que le acababa de echar a una doncella. Pensé en rescatar al tipo pagando su deuda, pero a tiempo hallaron en el pantalón un anillo de bodas de oro. ¡Pobre hombre, además de todo casado!. Afuera me llama desde una cafetería mi amigo Alexis, me invita a degustar un café con medias lunas – para que recuperes fuerzas – dice con malicia. Alexis esta aburrido, me habla de un plan para robar unas ropas de unas hembras que siempre se bañan en una azotea, solo por el beneplácito de verlas en “pelota”y gratis. Le convenzo al final de que las mujeres tienen “todas” lo mismo y que eso que ellas dicen de los hombres que todos somos iguales, lo padecen ellas mismas: todas joden igual. -¿Qué haremos entonces? – me dice. Tampoco tengo idea, el ejercicio del sexo anoche me ha quitado las ganas de hacer algo, mientras, vamos al ensayo de una obra de teatro cuyos actores están en el parque, Alexis está enamorado de la protagonista, una flaca con cabello ondulado y piel blanca como la leche. Ella le saluda desde una improvisada tarima, Alexis juega con una pistola de utilería, la toma prestada y  paso rápido avanza sin darme demasiado tiempo a seguirlo. Trepa como un gato por entre unos ladrillos salientes y gana una azotea, llego casi sin aliento y Alexis ya se ha robado unos trapos de una puerta y me invita a ver una escena a mi gusto cómica: dos chicas desnudas se abrazan y besan con una descomunal pasión mientras se dan una ducha. – Esto es otra cosas -le digo susurrando al oído de Alexis, la escena dura un poco más, luego una de las chicas busca una toalla que yace en nuestro poder, la otra chica se alerta y da un grito, estamos a contra sol y solo ven nuestras siluetas. yo me conformaría con dejar tirando los trapos allí y salir, pero Alexis, enarbola el juguete que tiene entre manos, la pistola de utilería y les ordena a las dos chicas salir con las manos en alto. Pero una de ellas ha tomado un palo de escoba y arremete como si fuese una lanza, la otra grita. Le insisto a Alexis que dejemos las cosas así y huyamos. Me da la razón pero no devuelve las ropas sino que las lanza al vacío, hace como si pensará bajar y yo si gano el piso, pero él se devuelve y mira. Luego se muere de la risa volviendo a bajar. -¡Tenías razón!, hasta las lesbianas tienen lo mismo – dice. Volvemos al parque, Alexis devuelve la pistola de juguete y le dice adiós a la protagonista de la obra teatral. – ¿Por qué no te la cuadras? – le digo y él me explica que en realidad lo que valora más es el estar enamorado. Quizá Alexis tiene razón, importa más el viaje que el propio destino. Esta vida es una obra de teatro pero yo no utilizaré utilería.

 

A qué horas se dedicaron a eso

Por Charlie

La noche nos esclaviza al vicio, la serenata la tiene la lluvia, saltamos entre los charcos, silbamos alguna melodía. Sabemos que tras aquellas cortinas en aquellas casas hay parejas haciendo el amor, gimiendo y enredándose en no se cuantos misterios, eyaculando y substrayendo la esencia, arriesgándose a traer otra vida. Y otros estarán solos con sus ocurrencias en la mente y deseando estar teniendo sexo, ¿en dónde queda el amor?. Antes habían casas de un piso ahora ya son edificios. La gente ha aumentado un poco. Eso sucedió en las noches. Mi amigo César dice que el mundo no soporta tal carga y entonces mira a la violencia como una posibilidad, nadie es indispensable y mientras menos contamine mejor. – Yo no sé como una madre se siente tan orgullosa de su hijo, si puede el día de mañana su hijo ser el asesino de una persona importante para la humanidad – Los hijos no están ya naciendo con el pan debajo del brazo, lo que traen es una incertidumbre creciente, y a futuro bien pueden desquitarse con sus padres o de paso con la sociedad que les cupo en suerte.  – Y hablan de familia como si se tratara de una bendición – Lo cierto es que hoy una familia es un conjunto de retazos dispuesta a separarse en cualquier momento. Yo no sé si ser bueno es que va para algún lado, lo que es mi amigo César se ha armado y anda equilibrando la carga.

 

Todos tienen una cárcel

Por Charlie

Llevaba bastante tiempo sin verme a un espejo, sabrá usted entonces que ni la barba ni el cabello tampoco me había preocupado por cuidar. Parecía un forajido en plena selva. Cuando vea usted a alguien así quizá deba pensar o que tiene un vicio arraigado o es que el vicio lo tiene otra persona cercana. En mi caso era lo segundo. Mi mamá comenzó a frecuentar clubes de alta gama, le gustaba vestir lujosamente y departir con gente de clase que se jactaba de sus millones. Pero mamá presumía de una fortuna que nunca llego siquiera a tener. Supo sin embargo ser una actriz al pretender que su vena era de la estirpe más pura posible. Cuando cayó enferma y la tuve que atenderle vi de dónde era que provenía mi inclinación por el teatro. Ella se resistió hasta el final ha aceptar tener un problema con el alcohol, había comenzado a beber vinos calientes en las tardes de ocio en las canchas de tenis para luego curtirse de bebidas costosas apuntadas a las cuentas de sus amigas o algún amante ocasional. Era cumplida su llamada de fin de semana preocupada no tanto por mí, sino por saber si ya podía contar con su herencia para malgastarla en licor, su vicio había llegado al extremo de desear la muerte de su propia madre, mi abuela.

Pero para mi suerte la abuela dejo todo en manos de un Abogado con la orden de que apenas yo cumpliera la mayoría de edad podría disponer de esa herencia. Con lo que no conté es con que el propio Abogado tomo malas decisiones y en últimas la herencia vino a quedar resumida en unos tristes y devaluados pesos. Sin embargo cuando me llego la invitación de parte de mi madre para su boda pensé en que ahora si ella había hallado un horizonte. Me equivoqué, su boda fue un pretexto para dar rienda a su vicio y en últimas acabar de intoxicarse. Nadie me dijo que mamá nunca iba a salir viva del hospital.

Tenía tarde o temprano que vaciar esa rabia, así fue como le dije a mi amigo César que había que detener a quienes distribuyen licor, él ni corto ni perezoso me siguió tan a la letra la orden que asaltó un camión distribuidor de cerveza, y no contento con ello vacío la cerveza y la remplazo por agua y orines.

 

No hay gente para confiar

Por Charlie

El Tendero pone en la balanza el artículo y de paso deja su dedo empujando hacia abajo.

La Mesera elije su propina de entre la faja de billetes y luego se prostituye con el mejor de sus clientes.

Un ladrón roba una billetera vacía y rota.

Yo estoy pensando en mentir en la casa.

– ¿Qué en dónde anduvo?

– Por allí…

Razón tenía el César de desconfiar. La gente esta dispuesta a clavarte el puñal por la espalda o a mostrarte una sonrisa y luego odiarte apenas te das vuelta.

Esperando en la calle que el César saliera de prisión apenas alcanzo a estrecharle la mano cuando me acribilla con una pregunta. – ¿ Y el resto? –

Podría decir que el resto de amigos tienen excusas perfectas para no estar en ese encuentro: el Tapita en el manicomio, la Aleja en un tribunal feminista, Alexis muerto, Emilio viajando, etc…

Bonita libertad!

Pero en realidad César me enseño a desconfiar, por eso ese día le mentí, lo lleve a un sitio en donde se corre el velo y allí están sus amigos vivos, esperándole con una ración de suculentas razones para celebrar, diciendo que ojalá podamos durar tanto como la fiesta o mejor que la fiesta nos sobrepase.

No sucedió.

A César lo traicionaron.

 

 

 

Los hijos deseados

Por Charlie

Voy por la calle. ¿Vos has visto? – ¿Qué cosa? – a esas muchachitas que estudian en el Monclar, son rubias de ojos claros, de medias blancas y piel de loza, parecen todas modelos. – Claro, son las del colegio privado – Cierto. Y todas son bien parecidas, parecen las hijas siempre deseadas de alguien, sus padres deben ser bellos, y planearon tenerlas, no como a nosotros que fuimos fruto de violaciones consentidas. – ¿Y qué esperabas, nacer lindo o qué? – Noooo!. Razón el César anda de cacería recitando al oído de esas musas el poema # 15 de Neruda… Y se las lleva a la cama a colmarles sus almejas rosadas, y de esa relación les saldrá un engendro feo y curtido de clase antisocial. Yo les he oído ellas gimen durante el sexo con su clase social, son delicadas, tienen estilo hasta para cambiar de pose sexual, tienen ese carisma que si no te controlas te hacen eyacular en forma civilizada y con obediencia a la urbanidad. No gustan del sexo oral, tampoco discuten si entregarán su ano, ellas tienen todo lo prohibido amarrado a su celestial goce, son exactas, tiene orgasmos felices y disfrutan cada gemido y crepitación. No más de verles con sus uniformes a cuadros me hacen excitar y desearles que den con un buen hombre que les acolite la desobediencia y el hecho de costar tanto.

No hay tiempo para ser buenos

Por Charlie

La vida es aburrida a ratos. Bostezo entonces.

Alexis sin más que hacer patea una piedra y le da a un auto. Sale corriendo.

César apenas sale de la peluquería es interceptado por gente del ejercito que le cree menor de edad.

Alejandra repite la prueba de embarazo, pero al final se convence que cualquier resultado esta en su contra.

El Tapita se hace el loco para ser feliz.

El Teacher repite la lección y nadie le vuelve a entender.

Yo no sé qué pueda pasar mañana, lo cierto es que la vida es una oportunidad para cambiar de rumbo a cada rato y encontrarnos en medio de un torrente de desilusiones y dudas. No hay tiempo que esperar a lo mejor la verdad nos espera a la vuelta de la esquita y nos diga que nuestro camino fue hacer el mal y que andamos equivocados.