Maldita bruja!

Y como el César nos convence de que a sus espaldas alguien le hizo alguna maldad tipo magia negra vamos a donde la maga Cristal, una autoridad en ritos y hechizos, ella lanza una erudita verdad y es que nosotros por pasarnos la vida entre pantanos y desiertos nos hemos topado con los seres fantásticos: las hadas. Aunque la verdad preferimos las sirenas, nos figuramos hadas esculpidas en medidas de reinas de bellezas, pero sucede que no. El mal del César es que todo lo que tiene entre manos se le va, si coge plata se le gasta, si coge una novia se le aburre, si coge oro que no es oro es cobre y si coge una enfermedad esta si se le queda. La maga lanza escupitajos de aguardiente y nos limpia con unas ramas de ruda para alejar las malas energías, al César le embadurna el cuerpo con pomada de siete hierbas y a nosotros nos entrega en bolsitas tierra de cementerio para enterrar las amenazas. Al César al parecer le funcionó mientras a todos nosotros al parecer necesitamos otra cita porque si no fue que se nos cayera el cabello, en el momento de la intimidad la erección no afloraba o al clavar un clavo la puntilla se torcía o el cabo del martillo se quebraba o en definitiva todo se iba al infierno.

La muerte que nos convoca

Y como no tenemos más a donde ir asistimos a una de las salas de velación, allí somos testigos de la hipocresía en su máxima expresión cuando las lágrimas de cocodrilo son insignes y el dolor demostrado con el puño en el pecho, y lo que más nos asombra es que a pesar de que acá en este país la muerte se ensaña con todo el mundo no se haya creado una cultura al rededor de la muerte y por tanto estas escenas actuadas no se repitan. A estas instancias el César, nuestro faraón, emperador o dictador toma la palabra y ebrio del sueño como está por no haber dormido 3 días insolente replica a los asistentes sus vestidos todo negros tristes al igual que sus corazones y se burla de los fatuos escotes de las damas que no dejan ver ni los lunares entre sus tetas. Antes que los hombres de la seguridad privada del lugar aparezcan el César se ha echado a la bolsa la sortija nibelunga del muertico y ha manoseado a la hija del difunto y a su viuda. Y como es característico en nosotros somos expulsados con energía como si alguna vez no fuésemos a volver en forma de dolientes o de cadáveres.

 

 

Los irresponsables de ayer, hoy y siempre

El Paisa aparece en su Renault cuatro rojo a una velocidad imposible para un vehículo de esta gama, nos acomodamos seis en el vehículo incluido su conductor que muy pronto nos comunica que hay que empujar el vehículo porque no arranca, nos bajamos cuatro y en cuanto el tipo verifica que estamos afuera arranca el auto y rechinan las llantas, las puertas abiertas se cierran con un frenazo, espera que lo alcancemos para volver ha arrancar, y así entre risas y trotes nos lleva desfilando por toda la cuadra. Y como la venganza es dulce pegamos chicle en el espaldar de su silla y en cuando quiere bajarse se le queda pegado el chicle en la camisa de seda italiana que sin premura se atreve a recortar el pedazo afectado luego de insinuar que somos unos ¡cochinos!. Pero luego de la rumba y el rock and roll todavía nos guarda rencor cuando va a dejarnos y en el descenso de la cumbre grita a todo pulmón ¡esta vaina se quedo sin frenos! y nos aventamos al camino, unos cayendo encima de otros y mirando como el capitán se hunde con su barco en la oscuridad y quizá el carrito haya ido a estrellarse contra alguna casa o del todo ir a parar en el barranco, pero nada de eso, el Paisa entre la niebla se mata de la risa al vernos aporreados y blancos del susto. Pero la vida es más amarga y a todos nos la hace y después tenemos todos que ir al hospital por los resultados de los exámenes para ver si en las sacudidas y encuentros sexuales por el azar hemos cazado alguna venérea. No mirábamos y si la cosa iba bien izábamos una vez más nuestro invicto sexo en contra de las féminas pretenciosas.

Por si me quedará ciego

Allá en la oscuridad te imaginaría mía

como la ola a la arena, como el viento al mar,

sentiría tu presencia y tu silueta dibujada de luz

perpetraría el crimen máximo que es la sorpresa.

Por si me quedo ciego te recordaría siempre

y trataría de que tu aura sea mi guía

y tu silencio el perfecto pretexto

para decir que el milagro fue conocerte.

No es tan sola esta oscuridad,

soledad sería ya no verte

y oscuridad no tenerte cerca.

 

 

 

 

¿A cómo?

Recuerdo la manía del amigo de ver a una chica suculenta y atenerse a lo que pase al lanzar el piropo incendiario:

¿Uuuuuuaaaaauuu mamí a cómo?

¿Sería que tal costumbre le quedo de tanto andar cotizando Prepagos y chicas de fácil vida y dudosa reputación?

Naaá. Lo cierto es que a mí se me viene pegando tal piropo y cuando pasa la fémina esculpida de formas y con más carne descubierta digo el osado rezo:

¿Uuuuuy a cómo?

Y la chica como que sin detenerse se pone a pensar muy bien el comentario y se atiene a la vergüenza que le da, pero se hace lo boba con lo buena que esta para hacer lo que uno en la cabeza ya a hecho hace bastante tiempo.

Pero por si la chica indispuesta reacciona alguna vez y dice con sorna “a cómo qué…” y uno en su mente se enrosca haciendo una pose sexual, y la dama atosiga y le sienta la mano quizá deban ustedes saber que la noticia saldrá en aquellos diarios amarillístas con el titular “Le salió caro el piropo $$$$”

 

 

El conocimiento simultáneo

Hay gente que suele pensar.

Sobre todo al ver la televisión y aún viendo las noticias no se deja engomar de la sarcástica presencia de una mujer presentadora hermosa con buena vestimenta y que cobra millones por decir lo que le dicen sus patrones que diga, la gente ya no traga entero, ya entra a discutir que lo que dicen allí es mera especulación, es mentira o es una verdad a medias. Qué bonito! es saber que hay gente que abre los ojos antes que la boca. Y hay gente inteligente que si bien no es calificada con un diez en las pruebas, si es consciente de que quien califica es un humano que se puede también equivocar. Si pudiésemos heredar el conocimiento de generación en generación esto sería un cielo o un infierno, cualquiera de las dos.

Humedad transgredida

Siempre al salir de la ducha hay que ver que el piso quede seco.

Mamá dice que no moje el piso del baño y de la casa.

Para calmarla le digo que la próxima vez me bañaré descalzo.

Ella dice que así se me pegarán hongos.

En el fondo prefiero a los hongos ¡son tan callados!

Voy a comprar un tapete que tiene triclosán y dejo las chanclas afuera para no mojar más el piso.