Columnas de humo

Emilio Suárez

Un ave estira las alas y vuela, yo inclino la botella y el jarabe de naranja me sabe mal, la pareja que tengo me besa y siente el vodka con naranja a flor de boca, ebrio me dan ganas de azotar baldosa, bailar. Ella no me sigue el paso, odia bailar así. Se pega un baño y yo me pego a ella, el rito del amor me empalaga, ya eso de la penetración y el vicio de la reiterada fricción ¡Oh gloria inmarcesible! ¡oh jubilo inmortal! … Cesó la horrible noche… un incendio acaba con los sueños de un coleccionista egoísta… hasta pornografía hallaron entre los restos… yo me hallé una moneda de oro que vendía para cambiarla por licor o una vieja más buena… A la mañana siguiente otra vez la resaca y otro incendio, otro coleccionista, mi Jefe dice que hay persecución, yo odio a los coleccionistas pero de allí a que sea un incendiario hay mucho campo; mi jefe dice que tiene su colección en la caja fuerte ¿colección de qué? que dizque de medallitas… A mí que la muerte me de la sorpresa me iré desnudo sin nada más tal y como llegué, me gustaría la muerte me venga cuando esté con una mujer y en el último instante pueda disparar por entre sus piernas el último caldo primigenio para que la vida no se extinga, ni la llama que aturde al coleccionista.

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