La orquesta mesurada 1

Charlie

Un esbirro de la autoridad nos dice que no podemos pasar, que no podemos estar, que no podemos exigir nada ¿Qué podemos entonces?… Los que tienen las armas no saben disparar…  las armas son tan peligrosas como  las damas… que filosofía. A las 3 a.m. somos más felices que el resto que duerme o los que han hecho el amor y se han levantado con sus próstatas inflamadas a vaporizar un pedazo de cerámica, que de las mismas doncellas que duermen plácidas soñando con el orgasmo ideal. Los músicos se aprestan a ofrecer serenatas de cumple años, quince años y uno que otro muerto, nos ofrecemos a acompañarles. En una de ellas serenatas sale la quinceañera con una criatura de pecho, el mundo ya no es el mismo. En otro cumpleaños la señora llora cuando le cantamos las mañanitas y seguimos viendo llorar en cuanto llegamos a un velorio. Ya está amaneciendo cuando nos despedimos de los músicos y ellos nos alargan unos centavos en agradecimiento por la compañía, pero nosotros se los devolvemos porque es nuestra la gratitud por ocuparnos y dejar de pensar en el suicidio o la masturbación. Nos vamos ensayando cánticos para la noche siguiente a ver si alguna de quince años nos hace caso o por lo menos una de cuarenta revoluciones, los muertos sin embargo nos colocan mucho cuidado.  SIGUE…

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