Un tranvía llamado violencia

César Vélez

… Dios aparta de mi está tentación rosada en forma de papaya o flor de loto y pose de misionera… que la preñe otro.

Una estúpida hija de Eva me ilusiona con sus formas angelicales y apariencia de justa y buena… me le como el pan y el pescado… pero ella tiene la noción que soy un Profeta que puedo multiplicarlos… Yo poco sé del amor, y se lo advierto; yo más sé de la violencia, de que si otro me llega a quitar la mujer tengo el soberano derecho a la revancha… No me gusta esperar demasiado, ni que un vaso de agua se torne en tormenta… soy de la simplicidad del arbusto que arde a su voluntad.  Alexis aparece llamándome “Camarada” se ve el tonto leyó el manifiesto comunista, ese que comienza con eso de que un fantasma recorre Europa…. yo pienso que no puede ser los Zares tan idiotas de creer en fantasmas… Alexis me salva de enamorarme, de preferir el éxtasis a un sexo frígido y superficial de una mujer que guarda rencor hasta consigo misma frente a un espejo… Alexis anda con su carpeta de folios manuscritos ensayando si la poesía de verdad enamora o es cuento de los poetas… y resulta que a las mujeres lo único que les conquista es pura apariencia… incluso hallamos a una que dice que no añora besos porque los hombres le meten la lengua… pobre y fea… morirá sola y más amargada que un limón… “¿Entonces Alexis ha qué nos suscribimos?” – A la revista Playboy, que mañana sale una rubia que tiene unos pezones tan erectos que si te chuzan un ojo te lo empujan para atrás y te quedas tuerto – “¡Dios te oiga!”

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