La corbata alada

Emilio Suárez

El único jefe es Dios.

Uno a veces quiere encontrar a alguien que le diga que hace lo correcto. Se viste elegante, se toma una copa y allí está una dama que te pide fuego y tu le dices que es prohibido fumar. La desobediencia gusta mucho porque la dama pretende cambiar tal comportamiento, me toma por la corbata y me conduce a mostrarme su elemental filosofía del amor. El beso me sabe a menta y su cuello esta al paladar, es una lástima, la chica promete, pero después de la degustación quiere cobrar, y así no es el amor. Por lo menos el verdadero. Vuelvo a la barra a tomar licor, la dama acecha a otra víctima. Dejo una buena propina antes de abandonar el lugar, paso por entre las parejas que danzan despreocupadas, alguna nena ebria me toma de la corbata y me impulsa a seguir el paso, su novio esta allí celoso y se sale de la rutina rítmica y me quiere asestar un golpe, soy más rápido, el tipo da vueltas como un trompo y la gente piensa esta bailando otra música, luego se desploma y la gente piensa esta ebrio, la nena, me incita a no hacer caso, tiene unas caderas finas, y un perfume barato, tiene tatuajes y masca chicle, habla como una nena de clase y tiene el vicio de meter la “ese” en el final de cada frase “me gustasssss”. El baile me deja extasiado, voy por agua y la chica se me une, “¿cuánto?” le digo mirándole de arriba a abajo y ella me tira una cachetada, pero luego me toma por la corbata y me besa, su beso sabe a Channel No. 5. ¡Maldita corbata! en el reservado descubro en su cuerpo muchos más tatuajes, esta tan ebria que es fácil hacerle cualquier cosa ¡una ganga!. Su sexo esta húmedo y penetrable, lanza un berrido cuando siente que la voy poseyendo y suspira cuando la inyecto totalmente, hierve por dentro, lasciva ella comienza el movimiento, me humedece el sexo y a cada impulso siento burbujas por dentro, descubro sus pechos y son dos masas con unos infantiles pezones, me asusto por pensar es una menor de edad, quizá entre el cabello y el maquillaje disfrazan su apariencia, pero no era virgen, convulsiona ante mi arranque de furia, y cuando quiero cambiar de pose me atrapa, le gusta así, hace algo que me vuelve loco, saca su lengua salivando y se escupe ella misma su gruta y luego se somete a mi erección, trata de sacarle lo máximo posible y luego va hasta el fondo, así esta esto, antes de que sintiera que es imposible resistir más, ella creo pierde el conocimiento y yo saco mi arma erecta vencida, diluida, exenta de su carga. Me visto y solo le dejo de recuerdo la corbata, quizá sea la hora en que andará buscando a su príncipe: aquel tipo al que le quede la corbata. Uno ha disparado tantas balas y no sabe cuántos muertos es que lleva encima, igual cuántos vivos lleva por disparar de otra manera.

 

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