Mi noche desnuda volumen III

César Vélez

Después, ni oigo ni veo… Incendiado en sí mismo,

mi ser es una estrella mecida por la mano

de Dios, sobre la sima profunda del abismo… La escala de Jacob

 

Uno es el conformista, el que se postula a la mediocridad, a mirar la lluvia y no entender la vida, ¿Qué clase de decente ser se detiene a contemplar su fin?, bastaría un cigarrillo con su marihuana marchita, un licor con su veneno reposado en el fondo, o una mujer mal vivida con el filo en su seno dispuesta a pegar la estocada.

El sexo, mi sexo yace acobardado, es horrible no poder corresponderle a la dama en seguida, inundar ese criminal trasero, lustrarle su divina gruta para que burbujeé y luego quede un escenario triste: un cañón sin munición y una trinchera vacía. Sexo tramposo, venturoso confín de entrar y salir y volver a entrar. ¿Es acaso la naturaleza la pionera en ese ardid? reproducir todo lo herido, lo más dañado, lo rendido, lo fracasado. Y luego sobrevivir para nada, para completar el cuadro, vivir para ver morir, es una erección momentánea, y luego de cumplida la tarea para abajo ¡cuesta abajo!. A uno se le debería prohibir eso de utilizar así el amor para confundir e irse a acostar y reproducir la angustia.

 

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