Mi noche desnuda volumen II

César Vélez

Una palabra dicha no tiene retorno, es como escupir al espejo y arrepentirse de dañar la imagen, tu propio reflejo difuso.

– ¿Por qué no lo dijiste a tiempo? – dice ella a son de reclamo

– Yo no estaba seguro, pensaba lo podría superar – digo bajando la mirada

– Ahora tengo dos hijos y un esposo bueno – dice ella a modo de justificación

– Lo sé, yo solo quería saber si eras feliz – vuelvo a bajar la mirada.

– Lo soy – dice mientras cierra la puerta.

Para quitarme la culpa escojo entre el ramillete de mujeres a una parecida a ella, la beso y le digo que la amo y que quisiera se fugara conmigo para tener una casa y un hogar, la chica me mira indiferente y ríe, a de creer que estoy ebrio o loco. nos desnudamos y el amor así sabe a pecado. Me veo en un espejo desnudo y triste y extraigo la pistola de debajo de la almohada, apunto al espejo y lo traspaso de un certero disparo que causa el espanto en todos, más la bala no solo rompe el espejo sino que deja su huella por las paredes de tabla hasta irse a clavar en un poste de concreto. No he matado a nadie. Ha muerto es mi reflejo. La chica con la que estoy o es sorda o está loca, medio se despierta para verme desnudo frente al espejo roto aún con la pistola humeante y para decirme que son siete años de mala suerte por romper un espejo ¡Pardiez!.

 

 

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