El sendero del malo

Charlie

– A mí, señor Juez, me hicieron pecar que es distinto – César Vélez

Uno es un desobediente. Mamá no quería esta vida para mi. Uno a estas alturas ya no sabe cómo contentar a un padre o a una madre. De no saber si morirse o casarse que para la familia de uno viene siendo igual, uno adopta la pose del explorador, sin embargo y como el bien no sienta, ni combina con la pinta, hay que fingirse malo. Y es tema de las borracheras y las recochas: “Que mira que yo le hice la vuelta a esa china”. “Que ve que yo le pedí prestado a ese man y nunca le pagué”. “Qué yo nunca me dejaría meter los dedos a la boca”… Uno ya se cree las propias mentiras y termina creyendo que la vida debe salir de ese escenario solapado, digno y de moral única para pervertirse en cosas que desde temprana edad repiten los infantes: hambre, hambre, hambre. Y eso era lo que intenté hacer intentando decir la verdad pero siempre quedaba mal, porque frente a una chica le declaraba mis reales intenciones y la muy digna manzana fruncía el ceño y me dejaba con el siguiente verso en la boca. Hay que declarar que a punta de mentiras la vida es menos aburrida.

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