Las armas ajenas

Charlie

El dilema no fue tanto ser infiel en el amor, sino equivocarse al disparar.

En un ritual un Cura bendice nuestras armas. Unas latas que disparaban guisantes condimentados por el olor a pólvora negra. Mi arma era un revólver del calibre 32 corto que hacía mucho ruido y pecaba de inexacto después de los tres metros, a penas lo estrene tirando al blanco se le despegaron las cachas y del tambor salían chispas como arma de fogueo. En una de esa tretas por poco pierdo un dedo cuando a un giro del tambor caliente se me viene enredando un dedo y por la explosión mi piel queda quemada y dolida. Cuando el auge de la guerra y la tecnología vinieron con sus armas automáticas lo primero que pensé es que habían inventado la forma de que el arma escoja su víctima sin la intervención humana. ¡De malas! debe haber odio o violencia de por medio e inclusive amor, porque el amor mata también inclusive en mayor cuantía que balas, porque para disparar una bala se necesita un arma, y para el amor una mujer o ya ni sé.

 

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