Un beso para este mendigo

César Vélez

Me gustaba compartir mi cigarrillo con esas ejecutivas que te lo devuelven manchado de pintalabios. Se diría que indirectamente les besabas. El día que salí con la idea del beso compasivo se burlaron de mi idea de hacer del beso en la boca algo elemental, fuera del protocolo y de la amistad. “Para ti, es fácil, todas tus amigas son bonitas” protestaba el Charlie. Hasta las damas de compañía me empezaron a negar sus labios, en primer lugar por eso de que las enfermedades y en segundo lugar por el dicho “la que da el beso da el queso”. ¿Habrá tanta forma de complicarse?. En Europa dan dos besos, y más allá son más abiertos a el honor y el respeto y la admiración. Qué decir de un beso de afán que me dio el otro día una chica que se quedo entre la mejilla y la boca, ella misma sonrió porque el pensamiento es más rápido que un beso y porque a mi se me enfrío el alma, pensando ¿y ahora qué?. Y en efecto eso tiene de malo el amor, luego de un beso, uno ya no sabe qué pasará o qué hacer más para impedir que todo perdure y no muera en el aburrimiento y la rutina.

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