Jesús en la cruz y yo en alpargatas

César Vélez

Me levanto más turbado que ayer.

Una chica albina y de faldita me trata de vender un perfume ¿Por qué las nenas bonitas venden cosas transitorias?, la chica se esquiva de mis tentativas, a lo mejor es lesbiana.

Mis alpargatas han pisado caca de perro o ¿será el olor de las fragancias que vendía la nena?

Sabrá Dios.

“Es domingo joven, me dice una anciana” me asusto en serio, creí que me lo decía porque mi pene seguía erecto y se asomaba por la pijama, la viejecita me lo dice porque me ve elevado y cree que voy a escuchar el sermón a cargo de un Padre más pecador que yo. Pero algo conmueve mi retórica, la chica esta en la capilla en primera fila y logrando que el Padre e incluso el Sacristán se diviertan espiando su faldita y su cara de gripa. Con facha de trasnochado, en pijama y alpargatas me meto en la capilla y calzó a lado de la chica diciéndole a susurros que me venda un perfume porque huelo a diablo, ella hace una mueca como si nada le bastase, Jesús mira crucificado y no sé, diría me tiene lastima por andar de enamorado de espectros femeninos que tarde o temprano no solo me venderán un perfume sino se marcharán con mi hálito y fuerzas como le paso a Sanzón.

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