Un tinto con nada

MaLeja

Se termina amañando a lo que vive a diario, así le digan que lo está haciendo todo mal. El sexo es fácil, te vistes bien y vas a una barra en un bar y le dices que sí a un hombre. Los hombres siempre quieren sexo, así se les sindique de distraídos. Activan su pistón antes que su sentimiento, y todo lo hacen a merced de recibir esa dádiva en las noches, esa aprobación circunstancial, ese vaivén elemental, que les proporciona un orgasmo físico, más no espiritual. Ya en mi última cita con mi ex pareja ambos yacíamos como si hubiésemos cursado una pelea sin descanso, nos vimos en una cafetería, en la misma en que ya nos comíamos a besos tes años antes, y en la que nos devoramos el menú para tomar energías para el resto de la velada. Ese día solo pedimos un tinto tan negro como de luto, y lo sorbimos con la amargura de ya no saber que paso, una espina se me atravesaba en la garganta y no pudimos ponernos de acuerdo ni en el pago del tinto, al final lo pagamos dos veces por decir que el resto fue propina. Éramos dos muertos respirando odio, él ya olía a otro hogar y yo apenas trataba de levantar la cabeza más por el orgullo que por otra cosa. No lloré, ni traté de hacer memoria, ni indagué, me dedique a mirar por la ventana deseando esto que hoy hacia fuera un nuevo comienzo, y no me arrepentía de nada de lo que había hecho. Cada quien al fin tomo su rumbo y solo lamente que el amor nos trajera hasta estas instancias, envidié a los que a pesar de amarse a sí mismos nunca conocen a su pareja ideal.

 

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