Las Doncellas de los cuentos

Betyna

Yo aspiré el hálito de una sociedad hipócrita, vestida de encaje, sumisa pero mendigante, exenta de amor y pasión, ya no media el arte, solo el tire y afloje, el mete y saque, una sociedad en donde las doncellas no solo perdían su zapato de cristal sino su decencia, en donde la vagina como el papel aguanta de todo, y con agua te lavas y queda nueva, pero nada te puede quitar la culpa de haberte acostado y levantado sin aprender nada. Qué estupidez eso de pensar que una es autentica, si hay repeticiones por todos lados, qué inseguridad tan apremiante la de vestirse bien y verse bien para que otra mujer no te anule y en su mente te licue, que vaina que los pobres hombres vengan a atormentarse con esa tormenta tiroidea y de hormonas en general, los pobres que a diario tienen que fabricar su esperma para luego tirarla como un escupitajo en cualquier anden.

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