El Estafeta del cielo drive

César Vélez

Uno se muere de a poquitos.

López murió de una dosis letal de medicamentos para controlar la ansiedad. Misma enfermedad que al parecer teníamos todos, la misma que nos entró cuando recordamos a los nuestros ascendidos al cielo, perdí a dos hermanos a Alexis y a Rocky, a dos guardaespaldas Kito y Marco, y a dos novias Clara y Siré. El mundo se ponía en nuestra contra, con las suficientes razones para irse mejor del otro lado, porque allá estaban los demás, un Padre religioso nos ofreció la Palabra, una mujer el amor e hijos, un tabernero licor, las dudas solo esperanza, la felicidad solo dinero (o es al contrario)… Lo que digo es todo suministrado como tranquilizante mientras llega la hora. Pero no deseamos esperar tanto teníamos los cañones apuntando a nuestra frente, a nuestro paladar a nuestra sien y entonces apareció el Tapita, un ser serio como payaso, un mimo callado, un ciego, sordo y mudo con aptitudes para el circo pero que venía con una buena nueva… Había un Santo colombiano que vestía de negro y proclamaba el amor desmedido (no en gotas como le gusta suministrarlo a las hijas de Eva), un Profeta que había adivinado el número de la lotería y sin embargo no lo había jugado, un Señor todo vestido de negro para parecer más alto y viril, un tipo melancólico que profanaba tumbas y vaginas vírgenes de señoritas de la alta sociedad, un Poeta con el don para evocar el verso más exacto con destino a los ovarios y testículos, un señor de señores que humildemente se hacía llamar gonzaloarango.

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