La vagina de Dios

César Vélez

Yo no quiero tener hijos, decía la nena sin saber lo delicioso que era el acto.

Mi lengua baja y encuentra el caldo cálido, se enreda, explora, y succiona y va lento y comienza a vibrar, Dios no es un verbo, es un orgasmo. “Quiero que me beses para saber a qué sabe mi vagina”, dice perversa, hoy no sabe a más con tanto perfume íntimo y lubricante, ya todo es artificio. Bajo de nuevo y examino esa locación y más adentro una cámara hacedora de realidades, y uno cree que hace algo, disparar y ya, y el resto sucede como magia, razón soy ateo, allí no está Dios, porque es apenas una contracción, un espasmo un gozo, y nada más, hemos sido engañados, no tenemos elección algún día llegará el fin porque las mujeres cerrarán sus piernas y sus vaginas comenzarán a llenarse de flores y a expeler un polen que nos mostrará la realidad,no la soportaremos.

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