Perdóname Padre porque he pecado

César Vélez

Uno es un estorbo, un grano de arena en el desierto. Una nada.

El padre bendice nuestras armas. Al Alexis se le ocurrió llevar hasta la cauchera.

¿Quién osa andar haciendo lo que lee en el Quijote?

Esas armas no apuntarán a otros sino a nosotros mismos, en el peor desespero, en la peor adversidad, y por método de selección natural no dispararán sino a su tiempo.

El Alexis en el Confesionario se porta como en cualquier tienda de barrio pidiendo le cambien una cosa por otra, que si no sus mamá lo matará.

“Hombre yo tuve que inventarme unos pecados: qué he mentido, qué he tenido malos pensamiento, qué he deseado a la mujer del prójimo… etc…”

Y uno lo que se viene ganando es una hostia, y bueno una acción de perdón que no llena, que le provoca seguir pecando para tener la próxima vez algo para contarle al Padre, que debe estar aburrido de su celibato: por ejemplo la vez que le hice cosquillas a la vecina y no en el ombligo, sino más abajo.

todos estamos en las manos del Señor.

 

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