Un valium antes de la escena

Charlie

Yo cuando estudiaba solía ver por la ventana abierta. Algo me advertía que estaba del lado equivocado, el conocimiento estaba afuera, no dentro del aula. Cuando la profesora me pasaba adelante a hablar apenas tartamudeaba y el espíritu se me arrugaba, en cambio en el recreo gritaba y tenía el don de mando. El día que me quede solo en el mundo, sin una madre, ni un tío ni un padre, pensé mucho en las palabras del Tapita: “Todo esto esta pasando con el propósito de prepararnos para el fin” y aunque sonaba ya a sermón de los Testigos de Jéhova, en verdad la vida es un escenario particular. El tic tac de un reloj me dice que el tiempo sigue y que me estoy perdiendo o mejor que el mundo se está perdiendo de mí. Yo no podía hacer mucho arte porque mi pensamiento no pasaba de saber la elemental aritmética y el justo combinar de signos de más y menos… vuelco mi destino al estudio del arte dramático en donde aprendo a dar un beso sin amor, a fingir felicidad y a llorar por cualquier cosa. Y el día cero llega y me tengo que meter entre lengua y paladar un valium para perder el miedo y ante todo para decidir qué hacer luego.

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