Volar sobre el puente toma 3

Charlie

– No deberían decirle la mamá a uno que eso es malo o eso otro es prohibido – dice Alexis

– De todas formas uno es necio – dice César.

A mí por ejemplo mi mamá me dijo que las mujeres eran malas, nunca me dijo que malo era el licor…

Un novato sicario ronda la cuadra, el César lo detecta a metros, lo que queremos es ver quién es su víctima… al chiquillo le tiemblan las rodillas, los pantalones le pesan, peor cuando una patrulla aparece, una moto rauda acelera y el chico por encaramarse a prisa bota algo… la moto arranca envenenada.

César se apresura a recoger lo que el chico perdió es un paquete de cigarrillos vacía que solo contiene una foto de un señor ¡la victima!…

– Uno pudiera hacer una buena acción diciéndole a este señor “mire que le quieren matar” – dice Alexis

– Pero ni uno mismo sabe cuál es la bronca que se tiene ¿Qué tal si este señor es más peligroso que el mismo sicario? – dice César…

Un señor muy amable nos presta los tacos de billar, su hijo nos saluda y nos pasa las botellas de agua, un poco sorprendido porque no le pedimos cerveza ni licor alguno y nosotros sorprendidos porque el tipo es el de la foto. El César muy decente lo aparta y conversa con él, mueve las manos y parece que el tipo se alerta, mira a todos lados e incluso a nosotros y se nota angustiado, sale a trote…

– Amigos! – dice el César –  este señor es un buen tipo, es humilde, es educado, su único error es embarazar a la hermana de un enemigo, y aunque creo una vida nueva no se debe pagar con otra así están las cosas…

El tipo ante nuestra sorpresa regresa con unos cubos de hielo mientra el César le agradece con una sonrisa.

– ¿Cómo no le has advertido el riesgo que corre? – dice Alexis

– De ninguna manera, el destino de cada quien ya esta dictado y ¿quién soy yo para decir algo? – dice el César con el orgullo a flor del cuello.

En ese momento una moto se cuadra en la entrada del establecimiento, hay gritos, la gente corre, suena el disparo y la moto acelera y se va.

Nosotros estamos inmutables, seguimos viendo la partida de billar, vemos aparecer al hombre como un fantasma: blanco, y sin pedir explicaciones nos va contando lo mal que va la sociedad que ya no respetan el amor de dos, ni de tres…

Seguimos jugando impávidos esperando se nos quiten las ganas de jugar y de vivir…

 

 

 

 

 

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