Hay un suicida en mi techo

Betyna

– No te asomes tanto que te vas a caer

– Y si me caigo ¿muero?

– Quizá, hay gente que tiene siete vidas

– Como los gatos!

A veces la realidad me abruma tanto que tambaleo en medio del filo. En el colegio nos dijeron que Alelí había sufrido un accidente, mientras tras bambalinas se sabía que se había suicidado, rompió con su novio y se encerró en su habitación con una ración de pastillas que le detuvieron el corazón. ¿Dónde estará Alelí? en el infierno acaso. No. Ella está a lado de los que la quisieron siempre: sus abuelitos.

El proceso de la muerte debe ser como lo decía Alexis: una gota de agua dulce cayendo al mar, te diluyes en el todo, eres parte del todo. Y ya está.

A veces me gusta pensar en que nada tiene un fin, incluso aquella cornisa en donde me asomo para conocer la altura a la que si me someto quizá esté muerta el día de hoy o mañana.

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