Los malditos malvaviscos

Betyna

Hemos salido de excursión, y para mi desgracia he olvidado la toalla de baño y también las chanclas… en la noche la ronda de siempre y la canción y la fogata y los palitos con malvaviscos en la punta para derretirlos al calor… Pero mi suerte tampoco cambia, el maldito malvavisco mío se achicharra y explota y se me enreda en todo el cabello, queda impregnado allí como una masa fusiforme que me causa asco retirar en público. Nos retiramos a las carpas pero yo huyo al río para lavarme el cabello… el agua esta fría y siento en la corriente miles de ojos mirándome, no me arriesgo a dormirme con el cabello húmedo, así que me acerco a la fogata. El Profesor que encabeza la vigilancia a sucumbido al sueño, la bolsa de malvaviscos esta por allí y me alisto a la revancha, asomo a la llama y de pronto estalla de nuevo como si fuese un gusano relleno… de nuevo sufre mi cabello y para colmo el Profesor despierta y me sentencia de arreglar mi desacato el martes siguiente.

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