El día que no fue

César

Las burbujas ascienden en la botella y yo caigo. Mi contrincante goza su momento, tiene un placer en golpear, creo es un éxtasis sexual, por eso entrena en un gimnasio, por eso toma mucha proteína, yo soy un aficionado, un terco de puños delicados de tanto acariciar papel moneda.

– Si sabes que vas a perder entonces ¿para qué pelear? – me dicen luego…

Pero es bueno saber que en la tribuna y entre los curiosos alguna chica distinta ama al perdedor, en primer lugar porque siente lástima, y en segundo lugar porque quiere reparar lo roto… Claro que el vencedor se lleva el galardón… pero perder te asegura también un puesto o bien puedes claudicar o emerger.

Algo así como cuando no tomas posesión de tu vida y de pronto renaces.

Este día vuelvo a perder y ha aceptar mi derrota, lastimando el ego, y mi autoestima, y entregando razón a la Ley natural que dice que todos venimos a perder al final porque morimos.

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