Un viaje al dolor

Charlie

Usted se debe domesticar caso contrario sufrirá.

Yo también subí a un tren: el de la vida. Subí para ir junto a su tumba. A la tumba de Alexis. Recordé que el tan pronto dejaba de hablar sonreía. Pero no era cualquier sonrisa, era una sonrisa de malicia, de importarle poco lo que se pensará, la razón siempre la tuvo. Un Vigilante del lugar me alerto ese día que la tumba de mi amigo no estaba sola, había una chica y un pequeño allá. Ambos decoraban con pétalos el sitio. Por respeto espere. Era medio día y el sol hacía sentir un calor incómodo. Yo apenas portaba un racimo anudado de seis flores pintadas. Me cruce con la mujer y el niño cuando salían y para mi sorpresa el chico volteo a verme como si me reconociera y sonrió. Quede frío. Estático. Acababa de ver en el rostro de ese niño la sonrisa de Alexis. Solo el bochorno hizo que retomara mi andar sin dejar de espiar al niño y a aquella mujer que debía ser su mamá y precisar que quizá ella fue la encargada de hacer resucitar a Alexis. Han pasado algunos años y escribo esto para sanarme, para llenarme un poco de esperanza y creer que uno pudiera resucitar en sus hijos.

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