Mortadela con fideos

El Tapita

No puede ser que el mundo se tenga que acabar y nosotros con él.

– Hola y tú a qué te dedicas?

– Soy inventor

– Y qué inventas?

– Todo, por ejemplo que soy un inventor…

– Ahhh!

El calor no deja seguir consumando el sueño, la estera se te pega al cuerpo. El suelo estaba duro pero el cansancio por fin se había fugado de mi cuerpo. La chica hippie se había marchado llevándose mi cartera con escasos billetes arrugados, tampoco hallo el libro que había comprado y no había podido terminar de leer. La injusticia del robo me tiene desconcertado y al filo de convertirme en un ladrón más. La dueña de la locación para consolarme trajo unos fideos trasnochados con una mortadela tiesa. El hambre no da tregua. Le agradezco un vaso de agua turbia que se dice es limonada natural pero que a tientas se sabe que es producto del artificio de un polvo “solo hay un polvo bueno” decía mi abuelo para desconcertar a las muchachas que deseaban comerse a todos los hombres. ¿Qué haré? ¿A dónde seguiré?… Pero si esto ya lo he contado… Ya todo está inventado, y mi tarea es ir por allí buscando rendijas no descubiertas cosas diferentes del resto, en virtud de que mi paso por este planeta es temporal. Ahora ya no me llaman “El Tapita” sino “El Principito” por andar enamorado de una flor.

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