La parábola del César

MALEV

No llegamos a ser los doce.

Rodeamos al maestro que llego a dictar su sermón entre una zarza ardiente y una paloma blanca, así hablo entonces:

“Un día un niño clamo a mí una limosna para ayudar a su mamá, yo concedí su ruego dándole parte para su madre y parte para él, sin embargo el niño en lugar de dar al dinero el destino sugerido fue a comprarse dulces y luego volvió donde su madre enfermo de cólico, la señora no sabiendo qué hacer fue al hospital y gasto mucho más en los remedios”

– Alguien quiere dar alguna opinión?

Alguien dijo entonces:

– La enseñanza mayor es que no hay que confiar en los niños –

Otro dijo:

– Dar limosna no es la solución –

Y otro más argumentó:

– Habría que analizar bien qué propósito tienen las compañías que producen dulces –

El Maestro entonces dijo:

“Son justos todos esos argumentos, pero alguien culpa el origen de problema, cual es la desventura de esa criatura haber venido en tal estado pobre, la proeza de su mamá de haberse embarazado y aún de no haber poseído familia ni quién responda por ella. Otra culpa es la que permite la limosna apoyado en el sistema monetario mal distribuido, y a pesar de todo la culpa queda en el limbo siendo de todos o de nadie”

 

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