Olas que no paran

MALEV

El mar te engaña en las noches se silencia, como si quisiera que fueras y te ahogaras.

– Arriba las manos – dice Alexis entre risas, cree sorprendernos en la penumbra

– Pero que aburrimiento, el viento no deja prender un cigarrillo, y el agua no deja su ruido ¿cómo podré dormir?

– Eres un aguafiestas, el clima es especial, este es el paraíso…

Alexis junta unas ramas y enciende fuego, apenas las llamas ganan fuerza vemos el aviso que prohíbe encender fogatas…

Un perro aparece de la nada y Alexis rueda por la playa jugando con el animal. Nada más un niño… y un perro.

Los ladridos del perro y las risas de Alexis se refunden en la inmensidad, nos alteramos, tememos por los dos ¿se habrán ahogado?…

A gritos intentamos una respuesta y nada. Sacrificamos el sueño y la noche pensando en qué hacer y el amanecer nos encuentra con las caras largas y los nervios alborotados, seguimos gritando por la playa pero la marea comienza su ascenso y pensamos lo mejor es regresar al hotel a cambiarnos, solo cuando vamos a descolgar la hamaca nos damos cuenta que tanto el perro como Alexis se mecen al compás del viento en un sueño profundo.

El día que Alexis no despertó ya antes de echarme a llorar sonreí y lo imaginé a él y a su perro corriendo en la playa hasta jactarse de todo: del mar, del viento, del arena, de la hoguera, de las estrellas, de los gritos, del sueño…

 

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