La manzana y la serpiente

Por Emilio Suárez

Yo no me caso, así se lo haya prometido a mamá en su lecho de muerte. Debo decir hoy que estoy en contra de todo contrato así sea de compra y venta, de cesión de herencia, quizá por eso no tengo nada y mi vida se parezca a un sueño en donde cuando despierto todo se volatiliza. sin embargo un día una Eva entra contoneando las caderas y con olor a almizcle, se le nota la tanga y se adivina también el color de sostén que portara, me enamoré de esa Eva al punto de que aprovechando mi ebriedad alcohólica me lleva frente a un Sacerdote para que confiera la bendición suprema, el sobornado religioso no sindico mi condición indefensa para detener el rito, más mi inteligencia escondida preciso que ni siquiera había realizado la primera comunión por una perversión rara muy parecida a no creer en el supremo (con mayúsculas). Por eso estoy contando el cuento, y por eso la Eva se fue con su manzana a ofrecer a otro postor con un gusano mayor que el mio (¿ó no seria gusano sino serpiente?)

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