Las moscas en la sopa

Por Charlie

Una Prostituta suicida no exige condón.

Estiro los billetes uno a uno a que se sequen con un rayito de sol que se filtra por entre la cortina, ella yace a mi lado exhausta, su respirar es tranquilo pero adivino en su pensamiento impera todo un tormento.

– ¿Qué sabes tú de mujeres? – dice de pronto ya incorporada y despierta.

Pienso en confrontarla, pero recuerdo solo es una de tantas mujeres que se enfada por nada. Y no le estoy pagando para eso.

Pienso en que se hace con las mujeres lo único que a uno le hace feliz: someterlas.

En algún recorte de periódico el otro día leí un artículo en el que decía que las mujeres se pasan la vida entre el baño y la cocina. En resumen desperdician sus vidas mirándose en un espejo.

– César ¿Qué tanto sabes de mujeres?

– Todo, no más pregunta

– ¿Por qué no puede acostarse uno con la que quiera?

– Donde hay mujeres hay problemas !

Terminó la chica por levantarse atarse el pelo darse una ducha, tomar sus billetes ya secos e irse, ni siquiera se despidió -¡eso para qué! – se despiden de sus clientes nuevos, de los chicos que inician y los envician, les hacen hasta atados, para que cada semana les sean fieles en cuerpo y en tarifa.

Yo soy un cliente antiguo, que hago del sexo un rito más bien rutinario. Ni siquiera la mujer arma una conversación, cuando inicié por lo menos podía hablar, ahora las chicas caen como moscas a la leche, algunas solo esperan que yo diga que acabé para fugarse.

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