Los rebeldes de la machine gun # 4

El César

Me miro al espejo y me asusto. Una cana!.

– Charlie, no se vos pero lo que soy yo no me quiero morir de viejo –

Charlie me mira desde el rincón, se aprieta un barro de la cara. Luego se incorpora y dice divertido:

– ¿Y qué otro remedio queda? –

Al parecer la existencia es buena teniendo ya elegida la partida.

Lo intenté una y otra vez, me rendí, enfurecí a una mujer y no me mató, me entregué a la Ley, salté de un puente, me quise pegar un tiro, me intoxiqué…

No dormí por cuatro días y cuando volví medio ebrio las balas me decían al oído que no era mi turno.

– Charlie, en serio yo estoy pensando que soy inmortal, y solo hay una posibilidad de comprobarlo… –

Charlie se fuma un pucho de cigarrillo que tiene colorete de mujer, y se bebe el concho de diversas botellas:

– ¿Estás loco? no bebas eso no es alcohol, alguna de las chicas ebrias se orino en una de las botellas –

Charlie me explica que es mejor beber orina que alcohol.

 

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