Los rebeldes de la machine gun # 1

El César

Un soplo mueve la cortina y la noche se aclara ¡otro incendio!

Los bandoleros hacían de las suyas, armados de antorchas que tiraban en los techos, cabalgaban y huían, guardaban sus rostros tras una franela.

Así perdí a mis padres y yo me salvé por la manía de desobedecer. Ese día me había ido a jugar en un charco. Y cuando volví vi la casa en llamas y la gente con las manos en el rostro viéndome como si fuese un resucitado.

No tuve más familia que mi abuelo materno. Un viejo que si apenas sabía leer y escribir.

Y un día ya no eran los forajidos de siempre sino unos campesinos dotados de armas que la emprendían contra las fachadas pintando mensajes y luego de hacer unas ráfagas se iban.

De rodillas mi abuelo y yo le rezábamos al alma de los nuestros para que no permitieran que una de esas balas nos tocasen.

No tuve rencor con los asesinos de mis padres, la vida me fue prospera y cuando tuve el poder y el dinero a lo que le tenía rabia era al mundo y no tanto por sus tretas como si por sus ironías y contrariedades.

Continúa…

 

 

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