La emboscada

El César

La voluntad nada tiene que ver cuando se nace ni cuando se muere.

 

Un explosivo se detono al paso de nuestro auto, uno de los escoltas al que le decíamos de cariño el Ratoncito al parecer dormido no tuvo oportunidad y se golpeo la cabeza. El otro escolta sordo contesto un fuego de fusil. Paso el peligro pero quedo la duda, ¿dónde es que se debe morir uno?.

Pero uno no es dueño de ningún destino, los papás de uno se acostaron y en un levante ya uno estaba hecho.

Emilio llega a ponerme suero porque de tanto llorar a mi escolta me he deshidratado, pero a veces lloro por mí mismo.

Ya débil le digo a Emilio que a la próxima emboscada si caeré.

Porque esa vez nos salvo fue un camión que se atravesó y los de la emboscada perdieron visión, les alcance a gritar cuando se iban: “¿para qué dejan a la serpiente con cabeza?”, los pobres ya no sabrán nunca la respuesta.

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