Antes de que nos mate el cáncer

Por César V.

Para ser feliz no hay que esperar nada de nadie. Eso fue lo que le dije a la chica que tenia junto a mí y molesta se dispuso a marcharse, ni tomo el dinero que le extendí – no soy una cualquiera – dijo. Pensé en decirle que es peor si “lo hace gratis” pero calcule su furia en la fuerza con que azoto la puerta de la habitación. Ella se debió ir creyendo que su entrega fue por amor. Afuera unos tipos le ajustaban cuentas a un pobre cristiano que no tenía para pagar el polvo que le acababa de echar a una doncella. Pensé en rescatar al tipo pagando su deuda, pero a tiempo hallaron en el pantalón un anillo de bodas de oro. ¡Pobre hombre, además de todo casado!. Afuera me llama desde una cafetería mi amigo Alexis, me invita a degustar un café con medias lunas – para que recuperes fuerzas – dice con malicia. Alexis esta aburrido, me habla de un plan para robar unas ropas de unas hembras que siempre se bañan en una azotea, solo por el beneplácito de verlas en “pelota”y gratis. Le convenzo al final de que las mujeres tienen “todas” lo mismo y que eso que ellas dicen de los hombres que todos somos iguales, lo padecen ellas mismas: todas joden igual. -¿Qué haremos entonces? – me dice. Tampoco tengo idea, el ejercicio del sexo anoche me ha quitado las ganas de hacer algo, mientras, vamos al ensayo de una obra de teatro cuyos actores están en el parque, Alexis está enamorado de la protagonista, una flaca con cabello ondulado y piel blanca como la leche. Ella le saluda desde una improvisada tarima, Alexis juega con una pistola de utilería, la toma prestada y  paso rápido avanza sin darme demasiado tiempo a seguirlo. Trepa como un gato por entre unos ladrillos salientes y gana una azotea, llego casi sin aliento y Alexis ya se ha robado unos trapos de una puerta y me invita a ver una escena a mi gusto cómica: dos chicas desnudas se abrazan y besan con una descomunal pasión mientras se dan una ducha. – Esto es otra cosas -le digo susurrando al oído de Alexis, la escena dura un poco más, luego una de las chicas busca una toalla que yace en nuestro poder, la otra chica se alerta y da un grito, estamos a contra sol y solo ven nuestras siluetas. yo me conformaría con dejar tirando los trapos allí y salir, pero Alexis, enarbola el juguete que tiene entre manos, la pistola de utilería y les ordena a las dos chicas salir con las manos en alto. Pero una de ellas ha tomado un palo de escoba y arremete como si fuese una lanza, la otra grita. Le insisto a Alexis que dejemos las cosas así y huyamos. Me da la razón pero no devuelve las ropas sino que las lanza al vacío, hace como si pensará bajar y yo si gano el piso, pero él se devuelve y mira. Luego se muere de la risa volviendo a bajar. -¡Tenías razón!, hasta las lesbianas tienen lo mismo – dice. Volvemos al parque, Alexis devuelve la pistola de juguete y le dice adiós a la protagonista de la obra teatral. – ¿Por qué no te la cuadras? – le digo y él me explica que en realidad lo que valora más es el estar enamorado. Quizá Alexis tiene razón, importa más el viaje que el propio destino. Esta vida es una obra de teatro pero yo no utilizaré utilería.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s