Todos tienen una cárcel

Por Charlie

Llevaba bastante tiempo sin verme a un espejo, sabrá usted entonces que ni la barba ni el cabello tampoco me había preocupado por cuidar. Parecía un forajido en plena selva. Cuando vea usted a alguien así quizá deba pensar o que tiene un vicio arraigado o es que el vicio lo tiene otra persona cercana. En mi caso era lo segundo. Mi mamá comenzó a frecuentar clubes de alta gama, le gustaba vestir lujosamente y departir con gente de clase que se jactaba de sus millones. Pero mamá presumía de una fortuna que nunca llego siquiera a tener. Supo sin embargo ser una actriz al pretender que su vena era de la estirpe más pura posible. Cuando cayó enferma y la tuve que atenderle vi de dónde era que provenía mi inclinación por el teatro. Ella se resistió hasta el final ha aceptar tener un problema con el alcohol, había comenzado a beber vinos calientes en las tardes de ocio en las canchas de tenis para luego curtirse de bebidas costosas apuntadas a las cuentas de sus amigas o algún amante ocasional. Era cumplida su llamada de fin de semana preocupada no tanto por mí, sino por saber si ya podía contar con su herencia para malgastarla en licor, su vicio había llegado al extremo de desear la muerte de su propia madre, mi abuela.

Pero para mi suerte la abuela dejo todo en manos de un Abogado con la orden de que apenas yo cumpliera la mayoría de edad podría disponer de esa herencia. Con lo que no conté es con que el propio Abogado tomo malas decisiones y en últimas la herencia vino a quedar resumida en unos tristes y devaluados pesos. Sin embargo cuando me llego la invitación de parte de mi madre para su boda pensé en que ahora si ella había hallado un horizonte. Me equivoqué, su boda fue un pretexto para dar rienda a su vicio y en últimas acabar de intoxicarse. Nadie me dijo que mamá nunca iba a salir viva del hospital.

Tenía tarde o temprano que vaciar esa rabia, así fue como le dije a mi amigo César que había que detener a quienes distribuyen licor, él ni corto ni perezoso me siguió tan a la letra la orden que asaltó un camión distribuidor de cerveza, y no contento con ello vacío la cerveza y la remplazo por agua y orines.

 

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