No hay gente para confiar

Por Charlie

El Tendero pone en la balanza el artículo y de paso deja su dedo empujando hacia abajo.

La Mesera elije su propina de entre la faja de billetes y luego se prostituye con el mejor de sus clientes.

Un ladrón roba una billetera vacía y rota.

Yo estoy pensando en mentir en la casa.

– ¿Qué en dónde anduvo?

– Por allí…

Razón tenía el César de desconfiar. La gente esta dispuesta a clavarte el puñal por la espalda o a mostrarte una sonrisa y luego odiarte apenas te das vuelta.

Esperando en la calle que el César saliera de prisión apenas alcanzo a estrecharle la mano cuando me acribilla con una pregunta. – ¿ Y el resto? –

Podría decir que el resto de amigos tienen excusas perfectas para no estar en ese encuentro: el Tapita en el manicomio, la Aleja en un tribunal feminista, Alexis muerto, Emilio viajando, etc…

Bonita libertad!

Pero en realidad César me enseño a desconfiar, por eso ese día le mentí, lo lleve a un sitio en donde se corre el velo y allí están sus amigos vivos, esperándole con una ración de suculentas razones para celebrar, diciendo que ojalá podamos durar tanto como la fiesta o mejor que la fiesta nos sobrepase.

No sucedió.

A César lo traicionaron.

 

 

 

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