Entre potreros y estrellas

Los Indomables

El César si no anda buscando amor anda buscando pelea.

El todo es dañar la fiesta. Y volarse con las botellas de licor. Afuera espera la cama de Dios: un potrero con estrellas. El César sale con una doncella de dudosa re-PU-TA-ción y un ojo golpeado -No importa con tal que el sexo funcione – dice.

Pero la gente ha ganado el potrero y entonces el César envía a su comitiva de miedo armada con los de calibre 32 ¡pum, pum, pum! – Paso para su majestad: el orgasmo –

Poetas recitan los versos de Neruda mientras su patrón enhebra a la doncella con su sexo, un empujón va y viene, el amor así resulta raro. Qué fácil tener sexo y olvidarse del amor en serio.

Llega la autoridad apuntando con sus bastones de mando – No sean tontos nosotros somos más – dice el César incorporándose a medio vestir.

Al fin los Agentes del orden sorben de las mismas botellas nuestras, nos indican donde conseguir mujeres y más licor, el César les da propina.

El final todos lo os conocéis, o mejor los ilustro:

El César se cansó de el licor, de las mujeres fáciles, de la religión, del amor. Se lanzó de un autor en marcha y con las manos arriba se fue a entregar a la autoridad con la promesa de que le dieran una celda para él solo.

De allá tuvimos que irle a rescatar pensando que su futuro y el nuestro propio podría ser más prospero. Ahora creemos que nos equivocamos.

Un poema de Neruda comienza de esa manera: “Me gusta cuando callas, porque estás como ausente…” todos al fin de cuentas tendremos que ausentarnos.

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