Encamada y bronceada de orgasmos

Por César

Charlie es de malas, se casa y a la semana conoce a su media mitad (media naranja quise decir)

– Para ese dolor de cabeza, toma y masca chicle…

– Creo que me va a dar un derrame cerebral o un ataque cardíaco, esa potra es indomable…

– Y es que te excedes, cómo vas a abusar así, primero la luna de miel y luego esta luna rosada…

Al otro día:

– Tenías razón, mastiqué chicle y se me paso el dolor de cabeza… ahora lo que me duele es la quijada…

– ¿Y tu esposa… y la otra?…

– Mi esposa en casa y la otra en la cama acostada boca abajo para que se le bajen los espermatozoides que le inyecte en toda la noche…

– Ese método no sirve a lo mejor ya se hizo el milagro de la concepción… debería tomar anticonceptivos…

– Dice que no porque se engorda o le da cáncer…

– Nos hay cáncer más peligroso que engrosar las filas de esta humanidad…

Al filo de la tarde nos alcanza la chica, viste sensual y tiene un hálito a ebriedad de amor que no le cabe en el cuerpo, esta lasciva, inquieta, no se queda quieta, pareciera que esta en trance y que los orgasmos que no tuvo anoche en su faena los está ahora experimentando, me desespera y me excita, sonríe, brinca, grita, siente cosquillas. Ya no la soporto, me separo de ellos antes de que toda esa fantasía tome proporciones de epidemia.

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