La soledad del Ombligo

El Persa

Se te llena de hilachas, de mugre, está solo, más solo que día de fiesta, o mejor que día de lluvia y tormenta.

Nadie lo acaricia como debiera, recordarlo cuando naciste te da un poco de asco.

No te lo ves ni en el espejo. Algún artista alguna vez le quiso rescatar con la moda de perforarlo y colgarse un arete. Algún otro creo unas camisas breves para exhibirlo pero nadie lo noto.

El ombligo siguió siendo un solitario.

Y cuando el coito nadie quiere mirarlo, solo mira más abajo, nadie lo lame como al punto G, ni lo limpia con su lengua, ni le acaricia sus pliegues, ni le canta ni le susurra, ni le trata con cariño.

La soledad del ombligo me preocupa.

 

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