La margen del río

El Persa

Y como no hay a quién disparar nos ponemos a entrenar puntería sobre el río que azota muy haragán pero desde la otra orilla unos agentes del orden nos gritan que nos quedemos en donde estamos, de seguro piensan somos los irregulares de siempre, pero la verdad es que portamos los permisos y documentos que nos acreditan dueños de armas y aprueban nuestra condición psicológica para disparar, los agentes del orden tenían la intención de atravesar el río y en eso viene la creciente y desisten mientras nos gritan que nos quedemos congelados allí, pero seguimos disparando al agua a objetos que van pasando: un plato, una mecedora, un banco, un florero, luego de todo fuimos arrestados no por porte de armas sino por daño en propiedad ajena.

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