La Biblia se hizo pesada

El Persa

Abanicando el bochorno en el púlpito el pecador se confesaba, más yo estaba pendiente de Rosaura, una bella señorita monumental cuerpo expansivo a una guitarra flamenca, Dios quisiera que hiciera frío para tener el gusto siquiera de ver sus pezones lascivos y erectos o el viento arreciara para que elevara ese vestido y siquiera tener idea en qué terminaba las dos largas piernas, tanto pensar de mi imaginación se hizo la realidad y ahora tenía una erección que me impediría caminar, Rosaura, Rosaura, Rosaura, repetía mi mente y quería que se diera vuelta y me mirara para verle el rostro y adivinarla con sed y yo ofrecerle sino agua bendita si mi aliento. Tan elevado estaba que no vi cuando la Biblia iba de mano en mano y quien la tenía leía un verso y al momento de tenerla en mis manos la deje caer y entonces surtió la magia: Rosaura volvió a mirar y nada, nada, tuve que cambiar de religión.

 

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