Don Prímo de las Estrellas

El Persa

Don Primo era un abuelo genial de aquellos que hoy ya no ves, de los que les gusta aprovechar el tiempo en cosas como silbar a las chicas y decirles cosas como “tan lindas y a pie” para amargarles el rato. De esos viejos que van contando los peldaños para el cielo y que no se ufanan de nada de lo que van a hacer o lo que hicieron.

Don Prímo saluda a todo el mundo, fuma su malboro y escupe el humo, usa su sombrerito de mimbre blanco y ya no usa correa sino tirantes que se afana acomodar a cada paso, usa su carriel trenzado y de vez en cuando saca su bota para beber brandy.

Casi siempre va indicando con el dedo índice por la calle “mira, mira ese edificio es nuevo” le gusta lo tradicional, ama detenerse en los puestos e revistas a verificar si han quedado vestigios del ayer, prefiere las cosas viejas porque según él hoy todo esta para usar y desechar, como el amor.

Don Prímo no le teme a la muerte, por eso no sigue la dieta que le dijo el Médico, tampoco hace mucho caso de los malestares de las enfermedades, se sube al ascensor a regañadientes y en la clínica si la enfermera se le descuida le da una palmada en el trasero.

Lástima que don Prímo se fue a las estrellas un día y solo nos quedo de herencia una larga lista de cosas por hacer y contar.

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